logo

No me pidas tanto mamá

Nuestro papel como padres y educadores nos hace experimentar muchas situaciones. Queremos alentar a nuestros buenoshijos a que consigan sus metas pero a la vez transmitirles que no hay que temer al fracaso. Pecamos. a veces sin querer, de animarles a que sean excelentes en su aprendizaje olvidando cómo se sienten ellos. No hay que perder de vista el esfuerzo y las capacidades de cada uno. Este es el camino que nadie dijo que fuera fácil. ¡No os perdáis el precioso post de nuestra colaboradora Sonia López!

CMM_quienessomos_09
* Podéis seguirla en @sonpa70 y en su BLOG.

– A veces tengo la sensación de que nunca estás contenta con lo que hago.

– ¿Por qué dices eso?

– Parece que siempre quieras que haga las cosas aún mejor.

– Porque confío en que puedes mejorar.

– Ya, pero en ocasiones sólo te vale que lo haga perfecto.

– Tienes razón, a veces me olvido que nadie encuentra su camino sin haberse perdido varias veces.

Valorar el esfuerzo

Lamento cada ocasión que mi torpeza me lleva a no saber valorar el sinfín de cosas que mis hijos hacen bien. Aquellos instantes en los que me convierto en una madre insaciable que invierte su energía en valorar únicamente el rendimiento de aquello que hacen, olvidando el esfuerzo que han puesto en ello, la fuerza de voluntad que han demostrado, cada paso que han sido capaces de dar en su camino.

Aquellos momentos en los que me muestro excesivamente crítica, donde exijo que sean sobresalientes a la hora de aprender, ignorando que lo importante es el sentir y no el hacer. Aquellas situaciones en las que descuido que se aprende experimentando, dando la mano al ensayo y el error, cayendo y volviendo a empezar. Esas ocasiones donde provoco una agria sensación de inutilidad, de torpeza, de desolación. Donde me olvido de alentar, de motivar sin condición, de recordar que estoy ahí donde me puedan necesitar.

Esos instantes en los que el resultado se convierte en la única meta, sin tener presente la importancia de respetar sus ritmos de aprendizaje, las capacidades innatas, el deseo de hacer las cosas de manera diferente a las mías. Mi desacierto me lleva a olvidar que yo tampoco soy una madre ni una mujer de sobresaliente y que ellos nunca juzgan mi poca destreza para cocinar o mi incapacidad de mantener la calma cuando las cosas se empiezan a torcer. Esos momentos en los que mi exigencia es tan elevada que consigo que mis pequeños tengan miedo a explorar.

Nuestros hijos no pueden convertirse en un producto bursátil que debemos revalorizar, ni un trofeo que debemos exponer, ni una medalla que podernos colgar. No podemos convertir sus vidas en una exigente escuela donde sólo haya lugar para el éxito y la perfección,  que les exija siempre estar al  mejor nivel.

La escuela de la vida

Yo no quiero hijos sobresalientes sino felices. Valientes, osados, con ganas de probar, que acepten el error como parte esencial del aprendizaje. Con ganas de aprender sin miedo a fallar, sin querer vivir siendo siempre los primeros de la fila. Quiero hijos que vivan el presente sin más, que disfruten de cada regalo que les ofrece un nuevo amanecer. No quiero educar en la necesidad  de ser los mejores, de sentir que los demás son rivales, donde el único objetivo es alcanzar la notoriedad.

Quiero que sepan que les quiero por lo que son y no por lo que consiguen. Deseo ser una mamá que estimula, que valora cada escalón superado, que no recrimina los errores,  que susurra “estoy contigo” cuando todo se empieza a balancear. Quiero hijos que crezcan en libertad, sin tener la necesidad de demostrar nada a nadie, sin tener que ser élites. Que aprendan a valorar el intento aunque sea imperfecto, que tengan las ganas de seguir intentándolo las veces que sean necesario, a no quieran ser lo que los otros deseen.

Ojalá sea capaz de enseñarles que no siempre hay que saber bailar sin pisar, ni saber seguir el ritmo que otros imponen. Sin duda la vida es mucho más emocionante cuando pintas del color que tú crees.

Y vosotras malasmadres, ¿sois muy exigentes con vuestros buenoshijos?, ¿dónde créeis que está el equilibrio?

08_exigencia_sonialopez-01



40 respuestas a “No me pidas tanto mamá”

  1. Marietta dice:

    Qué razón tienes! Se me han olvidado los desencuentros con mi madre por no estar a la altura de sus expectativas y de lo mucho que siempre espera de mi.
    Exigimos todo de nuestros hijos por miedo a sean unos don nadie y no queremos entender que la felicidad no proviene de los sobresalientes, ni de las palmadas en la espalda y ni siquiera está en las miradas de orgullo que les dirigimos!
    Ayudemos a nuestros hijos a sentirse cómodos en su propia piel, a desarrollarse plenamente con la certidumbre de que cada uno de ellos es de un valor incalculable. Ese será como padres nuestro mayor regalo.

  2. SaRa dice:

    Hola,

    No, exigente con ella no. De todas formas aun tiene tres añitos y la aplaudimos cuando nos enseña la nueva canción que ha aprendido en el cole o como hace la letra A. Intento ser la mejor madre que ella necesita aunque a veces pierdo los nervios. Creo q me exigo mas a mi que a ella

    • Sonia López dice:

      Yo también creo que a veces nos pasamos con nustra autoexigencia y eso nos ahoga. Quizás también haya que aprender a confiar en nosotras como madres.
      Un abrazo

  3. Ann dice:

    Q bonito post! Espero recordarlo lo mas a menudo posible. Creci con padres exigentes y me he convertido en una persona autoexigente… solo quiero ser la madre d mi hija q este alli para añentarla sin presionarla.
    Gracias por el recordatorio

  4. Sonia dice:

    Que gran verdad. 40 años y yo a veces todavía siento que no estoy a la altura de lo que se espera de mi, y no porque no lo esté, sino por que de niña nunca era suficiente y la exigencia se convierte en autoexigencia, en tu forma de vivir cada momento. Con mi hija me he propuesto aplaudir cada esfuerzo, alentarla a que ella lo intente primero y luego ayudarle y enseñarle si no lo consigue, y sobretodo disfrutar con ella de cada nuevo reto y de ver como lo afronta. Ahora es fácil, tiene un año y medio, pero voy aprendiendo….

  5. Ana dice:

    En mi casa siempre se dice una frase que decía Aurora en Barrio Sésamo. No pasa nada si no sale bien porque “La práctica lleva a la perfección” y si no llegamos a la perfección por lo menos nos lo habremos pasado bien practicando.

    Tengo que decirla muchas veces porque la BH1 es muy autoexigente, mucho más de lo que yo lo pueda ser con ella.

    Lo que quiero, como describes perfectamente en el post, son dos buenashijas felices, no perfectas.

  6. Paloma dice:

    Puesssss sí y no. En la vida hay que ser exigente con uno mismo, desde luego. Las cosas se consiguen con esfuerzo, hasta donde yo sé. Y hay que fallar y mejorar y que alguien te diga que lo has hecho mal (y si puede ser que te oriente en cómo hacerlo mejor).
    A ver, seamos sinceros, la vida es dura y nadie regala nada, los trabajos son duros y exigentes. Y que yo sepa, para ser feliz de adulto tiene que tener ingresos, por lo general derivados de un trabajo duro.
    Niños felices sí, pero no unos “happis”.

    • Sonia López dice:

      Estoy totalmente de acuerdo contigo. Yo pienso que debemos ser exigentes con nuestros hijos pero en ocasiones les ahogamos con tanta exigencia y nos olvidamos de felicitar todo aquello que hacen bien. El ritmo que llevamos a diario hace que tengamos poco tiempo para escucharles y saber en ocasiones qué es lo que necesitan de nosotras.
      Un abrazo

    • Ana Paula dice:

      Para ser feliz necesitas unos ingresos derivados de un trabajo duro…. No puedo estar mas en desacuerdo.. TU forma de ver la vida y valorarla es TuYa y solo tuya, no caigas en el error de pensar que los demas lo ven igual, abrete a otras experiencias y veras como la felicidad se puede encontrar tbm en otros lugares, sencillos y faciles a veces e igualmente valorables aunque no hayan sido duros y exigentes

  7. Gentzane dice:

    Ayssss… a día de hoy yo siento en muchos aspectos de mi vida que mis padres, con la mejor de sus intenciones, me exigían mucho centrándose en el resultado. Y ahora es cuando me doy cuenta de toda la presión que tuve y lo frustrada que me sentía (y me siento) cuando me esforzaba pero no se valoraba… No quiero lo mismo para mis hijos, e intento valorar los esfuerzos que hacen en todo lo que hacen aunque no siempre consigan hacerlo bien… Y me duele cuando a veces me sorprendo a mi misma valorando solo el resultado… Y me fastidia cuando mi familia a veces me acusa de “blanda” y de no exigirles más…

  8. malamadre de ranita dice:

    enhorabuena por tu post! me ha encantado! buena lección para una malamadre!!

  9. Montserrat Fernández Valero dice:

    Llorando que estoy…. cuando me agobio por que no entiende las cosas es él que me anima… algo estoy haciendo muy mal… fatal… pero la vida exige, ya sé que no es excusa, le ánimo mucho y le vitoreo siempre, pero quiero enseñarle a ser fuerte y no lo estoy haciendo bien… vaya semanita llevo…

  10. Elena dice:

    Pero qué difícil que es encontrar el equilibrio. No hay día en el que no me cuestione si lo estaremo haciendo bien o mal, en qué nos habremos equivocado. Todos los días son una lucha constante con nuestro adolescente de 16 años, no sabes si decirle lo que tiene que hacer o pasar. Es tan complicado!!! Claro que hay que enseñarles a ser buenas personas, a disfrutar de la vida, pero para conseguir lo que uno se propone, hay que esforzarse, nadie te regala nada,en fin, seguiremos con nuestro aprendizaje como madres y apoyandonos en gente como vosotras.
    Gracias!!!

  11. Patricia dice:

    Cuanta razón y que difícil a la vez…
    Me ha encantado! Ojalá aprendamos algún día a no exigir tanto a nuestros hijos y tampoco a nosotras mismas!!

  12. Tere dice:

    Según está establecido el sistema, hay muchas cosas en las que es necesario que sean buenos y que tengan éxito. El colegio por ejemplo. Por mí le dejaría sin repetir una y otra vez la a, que no pasa nada porque no la cierre del todo o le haga el rabito demasiado elevado, que hay tiempo para hacerlo perfecto… pero si no lo hace bien, no pasa el examen, y ahí… eso sí es un problema. Yo no se lo exijo, se lo exige el sistema escolar, que sepa sumar y restar rápido y bien en primero, y si las mates le resultan difíciles, se siente, tengo que hacerle seguir y seguir porque se juega la nota. Nos obligan a ser exigentes. Yo le dejaría ser él mismo, ir a su ritmo, pero otros se lo imponen. Y tengo que exigirle que sepa agachar la cabeza cuando la situación lo requiere, por muy rebelde que sea de carácter, porque vivimos en el mundo y hay ritmos que tenemos que seguir al paso de los demás.
    Por suerte otros ritmos sí podemos seguir el nuestro, una de cal y una de arena.

  13. Elizabeth Vargas dice:

    Ufff emocionante gracias por hacerme bajar de esa gran nube de egoismo (hacia mi y hacia mi hija) y digo esgoismo por que por querer ser la mejor madre no disfruto de la vida y por querer tener la mejor hija se me olvida disfrutar de ella al 100%. Pero nunca es tarde para recapacitar es verdad la amo por lo que es y no por su logros pero arrastró un lastre. Mil y mil gracias

  14. Carmen Romero dice:

    El sistema educativo que más prepondera en el mundo es ciertamente el que más exige a un niño y adolescente a ser competitivo. Como dice Tere más arriba, es el sistema el que exige tanto a padres e hijos ir a un nivel a veces poco respetuoso con el ritmo natural del niño. Y es por eso que muchos padres estamos volviendo la mirada a los sistemas alternativos de educación como las que se brindan en los colegios Waldorf, o los Montessori por ejemplo, donde los niños y jóvenes EXPLORAN, APRENDEN Y DISFRUTAN de lo aprendido. Hay niños que por naturaleza son competitivos y otros no le ven atractivo a ser así. Todo eso debe ser conocimiento de nosotros los padres, para que con el mejor esfuerzo que podamos, acerquemos a nuestros hijos a un colegio donde sean respetuosos de los ritmos particulares de nuestros hijos . La exigencia no es mala si se usa con mesura y se la sabe disfrutar también. Investiguemos más sobre esas opciones pedagógicas. Seamos padres curiosos. En nuestras respectivas ciudades debe de haber una que se adapte mejor a la naturaleza de nuestros hijos. Miren no más en Finlandia, el país con el mejor nivel educativo, según la prueba PISA a nivel mundial, los colegios finlandeses imparten pocas horas de clases al día porque el niño debe aprender también en casa, debe jugar y pasar el tiempo en familia y amigos es vital para au desarrollo, por eso se dejan pocas tareas para casa o muchas veces no dejan tareas. En Finlandia sólo hay escuelas públicas, no está permitido la educación privada. Y eso hace que los niños de familia con mayor y menor nivel económico compartan las mismas clases, de manera que todos tienen la misma oportunidad de salir adelante en la vida y lograr sus metas propias.

  15. Noelia dice:

    Ole ole y ole! Lo leo y me emociono porque fui educada siempre pensando en que el fin era lo importante y el camino nunca era valorado y ahora soy una persona que se exige tanto a si misma que el nivel de frustración es terrible. Tengo una hija y ante todo y sobre todas las cosas quiero que sea feliz. de los mejores y mas utiles post que he leido.

  16. Flor Martino dice:

    Fantástico tu articulo y qué razon tienes…como hija mayor, he sido exigida y exigente, las consecuencias las veo en cuanto a que me pongo el liston alto a mi misma..a mis hijos, reconozco que tambien, por más que a veces reflexione y este totalmente de acuerdo contigo.. es un ejercicio que debemos hacer como padres y tratar de relativizar…q tan dificil se hae a veces..y transmitirlo!!
    un besote

  17. Raquel Hontanar dice:

    A mi mis padres me exigían poco, quizás yo peque con mi hijo de más de la cuenta, pero intento recordar a diario mi experiencia vivida, si el niño es de 10, habrá que exigirle 10 y si es de 5, pues también. Yo a veces me acuerdo de lo vaga que era para estudiar, y no quiero que mi hijo siga mi estela, en ese tema

  18. Marta dice:

    Por fin paro y te leo!!!
    GRACIAS!!! Necesitaba “escuchar” algo así. Creo que muchas veces lo hago tan mal!!!! Estaba en un bucle de estrés, autiexigencia y exceso de trabajo que he llegado a transmitir a mis peques (sobre todo a la mayor… ya sabes, con 10 años es “fácil” pedir cuentas en lo académico, dejando a veces de lado todo lo que tú dices en el post).
    Propósito desde hoy mismo, parar, valorar su esfuerzo y acompañar en el camino.

  19. Muy buenas reflexiones! Tenemos que intentar desintoxicarnos de las exigencias que la sociedad nos ha inculcado para que la historia no se repita en nuestros hijos.
    Saludos!

  20. Elvira dice:

    hola, soy nueva en el club, y leer todo lo que escribís me ayuda mucho. Tengo dos hijos, una de 7 años y uno de 2 años, y a veces tengo la sensación de que los trato como si tuvieran 3 años más cada uno. Quiero que hagan las cosas bien, que sean ordenados, educados, que no se peleen…y puede que no valore como debería el esfuerzo que ya hacen.
    Es verdad que es complicado controlar nuestros nervios y reacciones con ellos cuando tenemos un mal día, pero debemos hacerlo, por dos razones, ellos no tienen culpa ninguna y además debemos darles ejemplo de saber serenarnos y ser felices con lo que tenemos y venga lo que venga.
    Un saludo a todas

  21. Carmela dice:

    Gracias por el post! Yo creo que hay que exigir a los hijos teniendo siempre en cuenta las capacidades y las necesidades de cada uno, y, al mismo tiempo, procurando que se sientan profundamente queridos y comprendidos. Porque todos sabemos que en la vida, la cosas que realmente valen la pena, requieren esfuerzo y valor (como, sin ir más lejos, la educación de nuestros buenos hijos!).

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *