¿Qué quieres encontrar?

Madre y autónoma. ¿Liberación o condena?

Madre y autónoma. ¿Liberación o condena?

Siempre quise ser autónoma, emprender, tener un proyecto propio. Pero realmente no sé si hubiera tenido el coraje suficiente para hacerlo sin ser madre. Cuando trabajaba por cuenta ajena en publicidad, hacía proyectos “freelance”, sí, pero tenía la seguridad del sueldo fijo, la nómina y no es fácil dar el paso a renunciar a esa seguridad.

Pero llegó la maternidad y con ella la imposibilidad de conciliar, el sentirme siempre en deuda con la empresa, las presiones, el mobbing maternal, la ansiedad y, con todo ello, la fórmula mágica para RENUNCIAR, creyendo que estaba siendo una decisión personal dejar mi empleo, sin indemnización y sin un plan B.

Solo tardé unos meses en hacerme autónoma. Al principio, lo vives con emoción. El espejismo de la liberación. La realidad era que ya no estaba atada a un horario rígido, no tenía que dedicar horas en desplazamiento al trabajo, además tenía mil ideas y la motivación de crear un proyecto propio me mantenía a tope. ¡Ah! Y lo más importante: LA FLEXIBILIDAD. 

Ser autónoma me permitía adaptar mi trabajo al horario de mi hija, y la que venía en camino, organizar mi vida y mi tiempo, parar para recogerla de cole, hacer de comer, ir al super… y cuando ya, por fin, todo estaba controlado, trabajar en lo que estaba creando.

Vamos, la trampa estaba servida. Trabajaba en los huecos, agotada, con mil interrupciones, en una mesita enana en la esquina de mi dormitorio, contestando llamadas y emails entre baños y gritos. Cuando llegó la segunda, la locura se multiplicó por mil y la mezcla vida-trabajo empezó a hacerse insoportable. Me quedaba encerrada los fines de semana para poder trabajar todo lo que entre semana era imposible siendo madre. 

Así que fui sintiendo que ser autónoma era más bien una condena. Era imposible trabajar lo suficiente, con calidad, para que fuera sostenible. Y a la vez la culpa me invadía por no llegar a nada. Trabajaba todo el día, pero realmente no era efectiva. La jornada se alargaba y solo sentía un poco de liberación cuando el buenpadre llegaba y le dejaba a las niñas a cargo. Ese rato, más que ser productiva, lloraba y respiraba profundo intentando sacar alguna cosa adelante. 

Con el tiempo, llegó la decisión que me permitió sacar adelante el proyecto y ver si realmente merecía la pena: la excedencia de mi pareja por cuidado de hija menor de 3 años. Sin esto, hubiera tirado la toalla. Pero claro, esto no era conciliar, porque tuvimos que hacer malabares para poder resistir económicamente aquel tiempo. La renuncia de nuevo para poder cuidar y sacar adelante el proyecto sin colapsar.

La solución para conciliar no puede ser hacerse autónoma. No solo porque conciliar siendo autónoma es muy complicado, sino porque además las madres autónomas tenemos aún menos derechos y esto es muy injusto. 

El agotamiento lo suplimos con nuestra motivación extra. La falta de ayudas la soportamos con las personas que creen en nosotras y nos apoyan cuando necesitamos red. Pero la culpa por no dedicar suficiente tiempo a tus hijas y tampoco a tu proyecto, a veces te bloquea tanto que sueñas con volver a tener una nómina segura a final de mes.

A todas las madres autónomas que, pese a todo, siguen en la lucha, haciéndolo posible y creando, intentando estar presentes en la vida de sus hijos/as, aunque la cabeza siempre esté en funcionamiento y la culpa al acecho.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *