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1943. La historia de una mujer que no renunció

1943. La historia de una mujer que no renunció

diana-majan

*Podéis seguirla en Facebook, Twitter, Instagram y en su BLOG.

Se acerca el Día Internacional de la Mujer, en el que se conmemora nuestra lucha por la igualdad con el hombre en nuestra sociedad y en nuestro desarrollo como personas, como madres y como profesionales, por eso quería aprovechar la oportunidad para contaros la historia de una mujer trabajadora que para mí ha sido una referencia.

Su nombre sale en el BOE del 7 de mayo de 1943 en el listado de plazas adjudicadas en la Escala Auxiliar Mixta de Telegrafistas. Deogracias Gómez Muñoz, mi abuela. Mujer y madre trabajadora. Sí, sí…. Deogracias es nombre propio de hombre, pero es que sus padres eran tan despistados que cuando fueron a inscribirla en el registro civil dijeron al funcionario… “Póngale usted el nombre del Santo del Día” y no supieron hasta más tarde que había registrado a su hija con un nombre de varón.

Y eso le marcó de por vida. Con Deogracias como nombre oficial pero Gracita para los más cercanos, ella fue mi abuela paterna, una mujer de 1920 que hoy en día sería abanderada del Club de Malasmadres, estoy segura. Hija de un conserje del Gran Hotel Castilla de Toledo cuando empezó el colegio le pusieron por error en la clase de los chicos por su nombre, una vez arreglado y colocada en la clase que le correspondía, cogió el gusto a estudiar. Dicen que era muy tenaz y exigente consigo misma, sacaba muy buenas notas a pesar de que su época de estudios le pilló en plena Guerra Civil.

Siempre nos contaba, sentada en su mesa camilla al calor del brasero, la historia del “asedio al Alcázar de Toledo”, y cómo ella veía pasar las bombas desde la ventana de su clase y tenían que estar pendientes de los avisos de los profesores por si tenían que ir a esconderse. Y es que la guerra marcó su vida, le enseño a vivir como una valiente. ¡Hasta en su casa acogieron milicianos italianos de la guerra para ayudarles a seguir adelante!

A mi abuela le gustaba estudiar y sus padres le animaron a que lo hiciera, cosa que en aquellos tiempos y no viniendo de familia formada era muy raro. A ella y a su hermana les dieron la oportunidad de seguir estudiando y solo mi abuela eligió el camino de la mujer trabajadora.

En su tiempo libre le gustaba ponerse guapa – siempre fue muy coqueta- lucir rizos rubios y salir a bailar con sus amigas. En sus últimos años, ya con el Alzheimer muy avanzado, cuando yo iba a visitarla con algún amigo coqueteaba con él y les proponía ir juntos al Casino a bailar…. ¡Disfrutar de la vida siempre fue una de sus premisas! Incluso cuando ya casi no recordaba casi ni su nombre, mi padre, al que confundía con el suyo, la invitaba a bailar y juntos, a ritmo de “valls”, iban por el pasillo hasta llevarla a la cama.

mujer trabajadora

Oposiciones para el cuerpo de Telégrafos

Con 20 años decidió que quería hacer algo importante con su vida y se preparó para ingresar en el cuerpo de Telégrafos como funcionaria del Estado, donde más adelante conocería a mi abuelo Juan. Hace unos días encontré ese BOE en el que salen los dos ¡no sabéis la ilusión que me hizo poder tener constancia de ese cachito de historia familiar!

Una vez conseguida la plaza, le adjudicaron como destino Ciudad Real y allí que se fue a compartir habitación con otra compañera de trabajo. Siempre contaba que fue muy duro, era la época de la postguerra, donde que había tanta falta de alimentos, y en la pensión donde se hospedaban, para cenar les ponían un huevo frito para las dos; una se comía la clara y a la otra le tocaba la yema. Pero era feliz, porque era una mujer independiente y trabajadora.

Allí conoció a mi abuelo, con plaza también la oficina de telégrafos de Ciudad Real, de familia telegrafista ya que su padre era el jefe de Telégrafos de la zona. Y allí, transmitiendo y recibiendo mensajes, se enamoraron y decidieron casarse. Mis bisabuelos paternos no estaban muy conformes con la unión, ya que mi abuela era varios años mayor y de origen humilde, una “plebeya” . Ella hija de un conserje y él de un pez gordo de Telégrafos ¡qué escándalo! Pero ellos lucharon por lo que querían… siempre fueron un equipo.

Conciliar vida familiar y trabajo

Juntos les enviaron a Quintanar de la Orden, donde se encargaban de la Oficina de Telégrafos que estaba instalada en la misma casa en la que vivían. Y así pudo conciliar la vida familiar y el trabajo. Allí nació mi padre, que aprendió a andar entre cintas de teletipo y con el “claqueteo del morse”. Esta condición de trabajo y casa en el mismo edificio facilitaba la conciliación familiar pues era fácil intercambiarse para hacer el trabajo. Y es que en Telégrafos de aquella época eran más abiertos que en muchas empresas actuales. Si ambos miembros de la pareja trabajaban en la empresa, el uno podía hacer los turnos del otro y así facilitaban la logística familiar.

Allí nació también su hermano Fernando, que falleció a los pocos días de vida, y mi tía Paloma. Y a los pocos meses de nacer mi tía los trasladaron a Alicante, una vez más siguiendo los pasos de mi bisabuelo Pedro que donde iba se llevaba a toda la familia Maján.

Cambiaron un pueblo pequeño y vivir en el mismo edificio en el que trabajaban, por una ciudad donde la casa estaba alejada de la oficina de Telégrafos. Quiso el destino que por esa época la madre de mi abuela quedara viuda y que decidieran llevársela a Alicante a vivir con ellos. Ella fue el apoyo que necesitaban para poder llevar a la familia adelante y seguir trabajando. La bisabuela Crescencia fue la que se encargó de la casa y de mi tía, todavía bebé mientras mi padre iba al colegio y mis abuelos trabajaban.

Y es que el trabajo en Telégrafos era duro, ya que tenían que estar funcionando las 24h del día y los 7 días de la semana, aunque fuera festivo. Cuenta mi padre que por la flexibilidad que les ofrecía el Ministerio, era mi abuelo Juan quien trabajaba en lugar de mi abuela. Así lo acordaron entre ellos dos. Eso hizo que pasaran muchos festivos sin él y que la carrera de mi abuela se viera estancada mientras él seguía ascendiendo hasta llegar a ser el primer secretario de MUFACE en Alicante.

Sí, ella podía estar más tiempo con sus hijos, pero a costa de no crecer profesionalmente tan rápido. Eso no quita que disfrutara de su trabajo, que viviera la evolución del sistema de telégrafos viendo como pasaba del teletipo y las “cintas engomadas” moderno sistema del Telex (antecesor del ordenador).

Y así juntos, con dos sueldos, cosa rara en su época, lograron que mi padre pudiera estudiar una carrera universitaria fuera de Alicante, como él había soñado. Sacrificaron muchas horas de estar con sus hijos para avanzar en su carrera y para conseguir que luego ellos pudieran seguir el camino que querían.

Gracita-Diana

Sacrificaron no tener ninguna propiedad hasta que, ya siendo abuelos y después de mucho trabajar, consiguieron tener su soñado apartamento en la playa, donde pasé con ellos los años más felices de mi infancia, donde aprendí a correr y a nadar y tuve la suerte de ser la mimada, la primera nieta, la niña de sus ojos. Donde pude disfrutar de mi abuela con su pelo rubio y sus rizos hechos con las tenacillas que tenía siempre en el baño. Donde pude disfrutar más que ningún nieto de mi abuelo y esos ojos de pasión con los que siempre me miraba.

Y es que, justo cuando acababan de jubilarse y podían disfrutar de estar juntos, teniendo yo la edad de mi hijo mayor, quiso el destino que mi abuelo, el amor de su vida, su compañero de camino, nos dejara de repente. Justo cuando podían empezar a disfrutar juntos de la vida… Quiso el destino que mi abuela se apagara, que una parte de ella se desactivara y que la tristeza pudiera con ella y con su mente.

Quiso el destino que unos años después, cuando el Alzheimer ya empezaba a hacerle mella pero todavía pensábamos que eran “despistes”, se fuera de nuestra casa sin darnos cuenta a buscar a mi abuelo que – según ella- “ le estaba esperando en casa y llegaba tarde”. Y al rato de salir por la puerta, sonó el teléfono para avisarnos que había tenido un accidente…. y a partir de ahí todo cambió.

Una parte de ella se quedó en ese accidente, la parte de “abuela” y nos quedó la Gracita de su juventud, esa parte que contaba historias de bailes en el Casino de Toledo, de su trabajo enviando mensajes cifrados y de amor, de mucho amor. La historia de una mujer valiente, que se atrevió a salirse del camino normal en su época, que era casarse, tener hijos y dedicarse solo a “sus labores”.

Porque ella , además de ser madre quería ser ella misma, una mujer con su carrera, una mujer que quería aportar su granito de arena para cambiar el mundo sin renunciar a ver crecer a sus hijos. Y es que mi abuela Gracita fue una gran madre, una gran abuela, una gran mujer trabajadora y por supuesto una referencia para mí como mujer que lucha por poder sentirse completa personal y profesionalmente.

Y vosotras Malamadres, ¿tenéis algún referente como la buenabuela de Diana en vuestra familia? Nos encantaría conocer sus historias hoy en el blog.

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34 Comentarios
  • Vero

    5 Marzo, 2018 a 7:21 am Responder

    Qué bonita historia… què bonito homenaje a tu abuela contándolo con tanto cariño y admiración…

    • Diana

      5 Marzo, 2018 a 3:40 pm Responder

      Muchas gracias Vero! Es una historia escrita con el corazón 😉

  • Elisabeth

    5 Marzo, 2018 a 7:54 am Responder

    Los pelos de punta! Una historia muy muy bonita, pero a la vez, aunque se habla de hace muchos años, parece (en términos generales) que es una historia de hoy en día.
    Eso sí, tu abuela se merece una OLA pero de las grandes!!

    • Diana

      5 Marzo, 2018 a 3:40 pm Responder

      Muchas gracias Elisabeth! Me ha encantado compartirla por eso, porque no era lo normal en su época y la pena es que hoy sigue pasando en muchos casos….

  • Paula sanchez-dopico

    5 Marzo, 2018 a 7:59 am Responder

    Diana, qué orgullo de abuela. Un besote

  • La flor de la mañana

    5 Marzo, 2018 a 8:27 am Responder

    Mi abuela es del 1919 y aún sigue agarrándose a la vida. Aunque ya con poco aliento, pues estos días nos tenemos que despedir de ella. No pudo estudiar aún teniendo aptitudes para ello. Tuvo que trabajar desde los 14 años en una fábrica haciendo armamento para la guerra en Vigo. Levanto a su familia. A su madre soltera y sus dos hermanas pequeñas , una de ellas con discapacidad psíquica a la que cuido hasta el último día. Y se enamoró de un gran hombre y formaron su propia familia. Emprendieron juntos su negocio de ultramarinos que compraron por 3 pesetas en el 1956!!!!!! Qué valiente !!!!
    Y trabajo duro en ese supermercado y trajo al mundo a su hija María , mi madre y a su hijo que aún están a su lado.
    Y cuidó a sus 5 nietos también y disfrutó de sus bisnietos, sobretodo de Berta. Siempre trabajando duro por su familia y sacando las pesetas de debajo de las piedras para que nunca nos faltará de nada.
    Ejemplo de tenacidad y de mujer luchadora que no renunció. Emprendedora, mujer enamorada y madre entregada!
    Te quiero Maruja!!!!! Sigue luchando !

    • Diana

      5 Marzo, 2018 a 3:44 pm Responder

      Aunque sea duro despedirse piensa en todo el tiempo que habéis disfrutado de ella y de la suerte que habéis tenido por tener a una campeona a vuestro lado! Un besao y mucho ánimo!

  • Begoña Alba

    5 Marzo, 2018 a 8:45 am Responder

    A mi abuela siempre le gustó estudiar y leer. Leía a todas horas. Se casó y no llegó a trabajar fuera de casa. Pero quedó viuda en 1977 con cincuenta años y necesitaba trabajar. Todavía uno de mis tíos vivía Ena casa y necesitaban dinero. Se sacó un oposición en Telégrafos en Madrid y empezó a trabajar. Estuvo allí hasta los 65 años aproximadamente. Una valiente para su época.

    • Diana

      5 Marzo, 2018 a 3:46 pm Responder

      Totalmente de acuerdo ¡tu abuela es una valiente! Lo fue en su época y lo sería ahora, no todo el mundo tiene la fuerza de ponerse a estudiar a su edad ¡bravo!

  • Ana

    5 Marzo, 2018 a 9:31 am Responder

    OLE por esa mujer que empezó a abrir puertas hace muchos años!!

    • Diana

      12 Marzo, 2018 a 10:25 am Responder

      Oleee! y las que quedan por abrir 😉

  • Maite

    5 Marzo, 2018 a 9:55 am Responder

    Diana, qué bonito recuerdo de tu abuela! Una mujer referente 🙂
    Gracias por contarnos esta historia

  • Anya

    5 Marzo, 2018 a 10:26 am Responder

    Me ha encantado el post, mi abuela y sus hermanas eran profesoras y llevaban pantalones y conducían algo inusual en su época,mi madre y mis tías estudiaron en la universidad algo inusual en esa época

    • Diana

      5 Marzo, 2018 a 3:48 pm Responder

      Muchas gracias Anya. Lo de tu familia tiene muchísimo mérito, y es que lo de la universidad en su época sí que eran palabras mayores!

  • M.JOSE

    5 Marzo, 2018 a 11:12 am Responder

    Pues en mi caso fue mi bisabuela, quedó viuda durante la guerra, a mi bisabuelo se lo llevaron un dia y no se supo más de él.
    Ella solita saco a 4 hijos, era la partera del pueblo.
    Pasaron los años y se casaron los hijos, pero por desgracia mi abuela se quedo viuda muy joven, con mi madre de 5 años y mi tia con 3. Se fueron a vivir juntas.
    Entre las dos sacaron a la familia trabajando, el dedtino quiso que se le muriera una nieta y al poco una hija. Esto hizo que no saliera más de su casa. Siemore la vi vestida de negra con su pelo cano y recogido en un moño.
    Pero esto no le impidio seguir ayudando a la familia con sus pequeña paga de viuda, ayudo a mis padres cuando se casaron, a mis tios y al resto de su familia.
    Cuando ibamos al pueblo siempre nos tenia preparado roscos duros y de huevo, y un brazo gitano que nunca más volvi a probar una vez falto ella.
    Murio en su cama a los 95 años, recordando sus años de juventud.

    • Diana

      5 Marzo, 2018 a 3:50 pm Responder

      Me has recordado a mi bisabuela, con su moño y su vestido negro….son como las grandes matriarcas que tiran de sus familias verdad? un abrazo

  • Julia Rodríguez González

    5 Marzo, 2018 a 11:24 am Responder

    Qué bonito!!!Yo gracias a mi trabajo.Conozco muchas abuelitas que en su día fueron mujeres luchadoras en las que algunas tuvieron que renunciar a sus carreras y otras a conciliar…Todas historias reales que me hacen ver que está lucha lleva mucho tiempo entre nosotros.

    • Diana

      12 Marzo, 2018 a 10:26 am Responder

      Qué suerte tienes Julia, está claro que esta lucha lleva mucho tiempo y lo que nos queda…

  • Mar Díaz Hernández

    5 Marzo, 2018 a 11:36 am Responder

    Con un nudo en la garganta me tenéis. Mi abuela materna quedo huérfana con 10 años y tres hermanos más pequeños. El Pilar de us casa, crío a sus hermanos ,a sus 6 hijos e incluso amamanto a alguna de sus sobrinas. Su gran amor, mi abuelo Manuel, tuvo la gran suerte de ser encargado en un vivero del estado. Allí junto a mi abuela criaron a 6 hijos, a los tres varones les doy estudios, como se decía antaño, y a muy pesar suyo a sus tres hijas no se los dio, algo que nunca se perdono. No era bien visto, no era de la época . Allí crio también a muchos de sus nietos, 23 tuvo en total. Mi madre siempre la recuerda como una luchadora, valiente y como una mujer paciente que le tocó vivir fuera de su época. Una mujer moderna le decía yo. Gracias abuela Isabel por tanta sabiduría heredada, gracias mamá.

    • Diana

      5 Marzo, 2018 a 3:51 pm Responder

      Es genial leer tantas historias de mujeres valientes y luchadoras!!

  • María

    5 Marzo, 2018 a 11:47 am Responder

    Mi abuela, de 1917. Estudió con maestros de la institución libre de enseñanza, se hizo maestra y de ello trabajó en la educación pública hasta su jubilación.
    Murió con 99 años, ya casi sin conocimiento, pero aún recuerdo cuando en mis años de instituto (cuando ya tenía sus setenta y tantos), quedaba con ella para ir al cine y nos tomábamos una coca cola y una porción de pizza.
    Siempre iba con un libro de la mano y también recuerdo los libros que nos intercambiábamos y que comentábamos.
    Madre de 5 hijos, cada uno de una ideología diferente, para mi ha sido un ejemplo de cómo respetar todas las opciones de pensamiento con cariño y sin enfrentamientos.
    Otra cosa que nunca olvidaré es el lavavajillas que había en su casa hace 35 años. Seguro que mi abuela habría formado parte del club si lo hubiera conocido 😉

    • Diana

      5 Marzo, 2018 a 3:52 pm Responder

      Seguro! Cuantas cosas tenemos que aprender de ellas verdad? Un abrazo

  • Marta

    5 Marzo, 2018 a 11:52 am Responder

    Me ha encantado la historia.

    Yo también estoy muy orgullosa de mis abuelas. Mi abuela paterna, Irene, trabajaba en una empresa grande, donde conoció a mi abuelo, hasta que se casó.En su empresa no les dejaban trabajar cuando se casaban. Tuvo 4 hijos y fue feliz en casa. Pero en cuanto el pequeño cumplió 14 años, con casi 50 años y con un cambio de ley, le devolvieron su puesto de trabajo, hasta que se jubiló.

    Mi abuela materna, Teresa, no trabajó nunca fuera de casa, pero dentro, como una loca.Y siempre con una sonrisa y agradecida a su familia. Con 14 años se quedó huérfana de madre y con 7 hermanos pequeños, de los que se tuvo que encargar ella (su padre trabajaba fuera y, en esa época, los hombres no hacían cosas en casa). Dejó el colegio y su infancia y tuvo que aprender a marchas forzadas a cocinar, coser la ropa de sus hermanos y llevar una casa. Cuando se casó, siguió siendo madre de sus hermanos, además de sus 8 hijos. Sus hermanas se iban a su casa los primeros meses cuando nacían sus bebés. Y nos ha criado en gran medida a sus 17 nietos, ya que no hemos ido a guardería casi ninguno y nuestras madres trabajan. Le encantan los niños y los follones de familia. En su casa siempre hay algo de comer para el que aparece sin avisar. Y siempre hay una sonrisa, una palabra amable… No es raro que un día cualquiera en su casa coman 10 personas.

    Para mí son 2 luchadoras y 2 grandes ejemplos.

  • Rodríguez Fuentes Arantxa

    5 Marzo, 2018 a 7:05 pm Responder

    Que bonita historia Diana!! Me ha encantado leerla. Mi abuela también nació en 1920 y tu la conociste. Benalua, Salesianas, alomejor no te acuerdas de mí pero al ver tu nombre sabía que habíamos coincidido.
    Un abrazo

    • Diana Majan

      8 Marzo, 2018 a 7:49 am Responder

      Arantxa, claro que me acuerdo, tu abuela era una gran mujer, cuántos ratos pasamos en la parada del autobús! Me alegra saber de tí 😘

  • Cristina Carballo hurtado

    5 Marzo, 2018 a 10:22 pm Responder

    La abuela de mi marido, también fue otra “Gracita”. Tras convertirse en maestra y llevar años trabajando, cuando Franco sacó las primeras oposiciones, ella quiso presentarse porque quería su plaza “oficialmente” y no quería perderla porque después en la guerra civil, no se fiaba (era maestra en un pueblo de Ávila) El abuelo (que era médico rural y un poquito bastante machista) le dijo que si estaba loca, estudiar ahora a sus años, pero ella no se amilanó, así que se presento y aprobó, teniendo su plaza hasta que se jubiló.
    Todo un ejemplo a seguir en aquellos tiempos!

    • Diana

      12 Marzo, 2018 a 10:27 am Responder

      Claro que sí, un ejemplo y una valiente. Si mujeres como ellas, que son nuestra referencia el camino sería más difícil….

  • Susana Romero Miguel

    6 Marzo, 2018 a 5:24 am Responder

    Bonita historia, sacó mis lágrimas. Yo vengo de una generación de malasmadres. Mi abuela materna se quedo viuda con 40 años y tuvo que sacar el negocio familiar (una ferretería), único ingreso en casa que llevaba mi abuelo con su socio y cuya gestión ella no sabía. Un negocio familiar y tres hijos, uno de ellos enfermo. Mi madre tomó las riendas del negocio y se reinventaron fundando una droguería en el mismo local… todo ello conmigo ya en este mundo, con dos años y en el hospital luchando por poder respirar y tener calidad de vida tras muchas operaciones al haber nacido con una malformación genética. Madre e hija trabajaban sin descanso, negocio propio que les permitía cuidar de sus hijos (yo p.ej tenía que ir cada dos semanas al hospital hasta los 16 años) trabajando de forma flexible trabajando muchísimas horas al tener las riendas del negocio y cuidando de su casa
    Cuando me agobio con mis cosas de malamadre, muchas veces me acuerdo de ellas y es que soy lo que soy gracias a ellas

    • Diana

      12 Marzo, 2018 a 10:28 am Responder

      Fueron unas valientes! Y sí, al final reinventarse es uno de los caminos ¡qué suerte de tenerlas en tu vida!

  • Madresestresadas

    6 Marzo, 2018 a 8:23 am Responder

    Tuve que dejar la lectura ayer porque no quería llorar en el bus. Me hubiese encantado conocer a tu abuela!
    Un beso muy grande!!!

    • Diana

      12 Marzo, 2018 a 10:29 am Responder

      Y a mí me hubiera encantado que la conociera y la conocieran mis hijos….

  • LaCestitadelBebe

    13 Marzo, 2018 a 11:22 am Responder

    Bonita historia y un orgullo de familia!

    Anabel

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