Hace mucho que aprendí de mi querida Laura Rojas Marcos que “los deberías” no nos hacen nada bien. Que no podemos vivir siempre con esa carga mental de todo lo que deberíamos hacer, pero no hacemos porque eso solo nos lleva a sentirnos siempre insuficientes y no disfrutar del momento presente.
¿He sido capaz de liberarme de esos debería? No. ¿Seré algún día capaz? Pues la verdad es que lo dudo. A veces siento que suelto algunos “deberías”, pero cojo otros. Casi sin pensarlo, de manera automática, como si vivir en paz me incomodara más que vivir en constante dependencia emocional de lo que no soy, de lo que me falta, de lo que está por llegar.
Claro que pensándolo bien convivimos a diario con demasiados “deberías” externos. A veces siento que mires donde mires nos están juzgando y nunca es suficiente. Para empezar las redes sociales. Entras buscando entretenimiento o ese ratito de desconexión, encerrada en tu baño confesionario y ¡zas! Ahí está el anuncio que te salta en stories recordándote que quizás hoy es el día que “deberías” prestar atención a tu papada. Entras en WhatsApp y el grupo de amigas, te recuerda que “deberías” hacer fuerza porque con “nuestra edad” es imprescindible. Enciendes la tele, en el único rato que, por fin, encuentras para dejar la mente en modo ameba y conectas con un programa de viajes en familia que te recuerda que “deberías” viajar más en familia. Llega el domingo y estás en la comida familiar y te recuerdan que “deberías” teñirte el pelo porque las canas te envejecen.

Y señoras, hay que estar muy cuerda, muy empoderada, para que todos estos “deberías” e inputs que nos asaltan a diario no nos coman la moral y cuando salgas de la ducha con los pelos tiesos, las carnes flojas y las tetas caídas, te mires al espejo y no solo te aceptes, sino que además te gustes. Así que claro que sí, caes en la trampa del autocuidado impuesto, de ese autocuidado que no entiende de paz y equilibrio interior, de lecturas que te hacen reflexionar o cafés con personas que te suman. Ese autocuidado que sabe encontrar con su lupa infinita esos “deberías” que necesitan tanto tiempo y tanto dinero, que con el tiempo que te quede y el dinero que te sobre no tendrás ni para pipas.
Y sin comerlo ni beberlo, te pilla en un día tonto y te ves fantaseando con pestañas postizas, cejas microblading, uñas de gel y todo el combo de la imagen que “deberías” tener para entrar en el canon de belleza que te han hecho creer te hará feliz.
Para, conecta con lo que de verdad te hace sentir bien y si son las uñas, a por ello. Pero si no, dedica tu tiempo, que es poco, a aquellas pequeñas acciones que cuando las haces te hacen sentir mejor por dentro. Ese es el verdadero autocuidado.
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