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Cuidar no está de moda

Cuidar no está de moda

Cuidarnos, cuidar a la pareja parece cosa de ciencia ficción cuando nos damos cuenta del ritmo frenético que llevamos. Hoy en nuestro blog nuestra colaboradora y sexóloga Arancha Gómez reflexiona sobre ello y nos habla de la crisis de cuidados. Como consejo final nos insta a reivindicar ese cuidado en pareja para el buen funcionamiento de la misma. ¡No os perdáis este interesante post!

*Podéis seguirla en @atajou y en la web de Sexorum.

Llegas a casa después de recoger al niño de la guardería. A un lado, en el hombro, llevas el portátil y el bolso, en la mano la mochila del peque. Al otro lado, el peque, en la mano las llaves. En alguna parte hay una carta de la guarde que esperas que no se te haya caído en el trayecto del coche a casa.

Cuando abres la puerta de casa te dan ganas de cerrarla y darte media vuelta: este fin de semana habéis ido a tierrasanta y la casa está como si hubiera pasado por ella el demonio de Tasmania. Maletas a medio deshacer, cerro de ropa para lavar, cerro de ropa para planchar…

Después de las 7 horas en el curro a toda máquina estás reventada. Te has reducido la jornada, pero el trabajo tiene que salir igual, por lo menos el horario es de 8 a 15. El buenpadre (o la malamadre2) trabaja de 9 a 19, con dos horas para comer, llega justo para leer el cuento al peque y meterlo en la cama.

En este momento te acuerdas de tu adolescencia y de la buenaabuela diciéndote: “¡recoge tu cuarto!”. Benditos años en los que sólo tenías una estancia de la casa que poner en orden.

Cuidar ya no se lleva

Tal vez nuestra generación sea la primera que ha crecido creyendo en la igualdad. En los 70 pocas madres trabajaban fuera de casa, en los 80 la mujer entró en el mundo laboral con fuerza y consiguió conquistar plazas que habían sido históricamente de los hombres: bomberos, policías, etc. Esas mujeres tuvieron que demostrar que eran capaces de hacer lo mismo que sus colegas varones… sin descuidar por ello las tareas de cuidado. Así nació, a la fuerza, la generación de la superwoman. A partir de ese momento, los cuidados, entendidos no sólo como algo necesario para niños o ancianos, sino como todos los elementos emocionales, relacionales y materiales sin los cuales la vida no sería posible, se convirtieron en una carga, una tarea que hay que hacer pero que penaliza en la realización profesional.

Durante la década de los 90, se dieron por supuestas las tareas de cuidado, pero las mujeres, que tradicionalmente se encargaban de ellas, habían entrado en el mercado laboral al mismo ritmo que los hombres. Entonces, ¿quién las realizaba? Aparece la crisis de los cuidados y con ella, a finales de los 90, ve la luz la Ley de conciliación de la vida familiar y laboral de las personas trabajadoras, una especie de apaño para parchear la situación.

Las mentiras que nos hemos creído

Nos hemos creído que el mercado puede asumir todo tipo de trabajos, pero los cuidados tienen un componente emocional que el mercado difícilmente puede cubrir.

Nos hemos creído que podemos ser independientes, pero todos somos interdependientes en mayor o menor medida, esto es muy obvio en la niñez y la vejez o en épocas de enfermedad, pero está presente desde nuestro nacimiento hasta nuestra muerte. Sin embargo, en la actualidad nadie quiere ser una carga para nadie, ni queremos que nadie sea una carga para nosotros.

Nos hemos creído que las diferencias entre hombres y mujeres son algo que se puede eliminar a base de educación no sexista, pero las diferencias sexuales son visibles e ineludibles. Tal vez sea el momento de la crianza donde estas diferencias son más obvias, más reales y causan mayores conflictos, por una parte porque hay realidades evidentes, como que el embarazo o la lactancia son femeninas, y por otra, porque el paso de la pareja a la familia entraña cambios muy significativos y es necesario encontrar un nuevo equilibrio.

Nos hemos creído que podíamos llegar a todo, que la superwoman sí existe y esto ha generado un doble sentimiento de culpa en muchas mujeres, por un lado por no llegar a ser las madres ideales que soñábamos y por otro porque ser madre le restaba tiempo y energías a ese mundo laboral para el que tanto nos habíamos preparado. De esto, en el club somos expertas.

La vuelta a los deseos, sin juicios

El cuidado entendido como una tarea más a realizar, como algo obligatorio que hay que hacer y no como algo que se pueda disfrutar, genera malestar. Por otro lado también puede generar malestar el eludir las tareas de cuidado, porque se entiende que impiden la realización profesional, cuando en realidad sí que se querría dedicar tiempo y energía a ello.

En esto, como en otras muchas cosas, en la medida de lo posible, debemos volver a los deseos y evitar juzgarnos y juzgar al resto. Tan válida es la opción de quedarse en casa a cuidar de los hijos o los mayores como de seguir en el mundo laboral e intentar alcanzar en él las metas soñadas. Y esto aplica a las malasmadres, pero también a los buenospadres. La clave está en hacer lo que genuinamente deseamos.

Nuestra malamadre jefa decía el otro día en una entrevista: “las mujeres hemos salido a trabajar fuera de casa, ¿cuándo van a entrar los hombres a trabajar dentro?”. Esta es una pregunta que cada pareja tiene que resolver. A su manera. Porque no se trata de imponer la igualdad en un campo en el que claramente no somos iguales, porque también la forma de cuidar está sexuada, sino de buscar un equilibrio y entendimiento en el reparto de los cuidados.

En el imaginario colectivo, aún pulula la idea de que la forma de cuidar correcta es la femenina. No hay una forma mejor y otra peor, las dos son igualmente válidas, cada uno hará las cosas a su modo y el quid de la cuestión es encontrar cómo hacerlo para que todo el mundo esté lo más cómodo que pueda. Hombres y mujeres no somos iguales, ni queremos serlo, salvo en derechos y oportunidades. Precisamente nuestras diferencias son las que podemos compartir con el otr@, las que enriquecen las relaciones entre los sexos, también en el ámbito de los cuidados.

Y por último, tal vez sea hora de reivindicar el cuidado como algo placentero, para las malasmadres y también para los buenospadres, cada uno a su manera, y por esta razón, sea más necesario que nunca pelear por medidas de conciliación que nos incluyan a tod@s, porque tod@s podemos disfrutar de cuidar y ser cuidad@s.

Han comentado...

  1. Un panteamiento muy interesante. Hemos llegado al punto de cuidar sin disfrutar y esto es lo peor para los buenoshijos. Es una obligacion esta claro, pero tambien hemos elegido ser malasmadres y buenospadres asi que tal vez llega el momento de darle la vuelta al asunto y disfrutar de ir corriendo a buscarlos, de preparar mil potitos o planchar quince camisetas talla mínima…esto pasa muy rápido y en definitiva lo que queremos es disfrutar de nuestra vida. Hagámoslo. Da igual si trabajamos fuera de casa más o menos. Disfrutemos de este momento de crianza, de nuestros buenoshijos y de nuestras parejas. Es una cuestion de actitud. Gracias por la reflexion, por lo menos hoy me voy a tomar las cosas de otra manera…?

    1. Hola Carmen:

      celebro mucho que el artículo te haya hecho plantearte disfrutar más.
      ¡Eso siempre es bueno!

      Muchas gracias por tu comentario.
      Un abrazo,
      Arancha

  2. Muy acertado, y que difícil es de explicar esa sensación rara de querer salir a comerse el mundo y a la vez quedarte en casa con tu bebé y cuidar de tu hogar y tu familia con amor. ….

    1. Hola:

      Como dice la canción: con el “corazón partío”.
      No queda más remedio que elegir. Y ahí está el quid de la cuestión: que dentro de lo posible elijamos según nuestros deseos.

      Muchas gracias por tu comentario.
      Un abrazo,
      Arancha

  3. Muy muy buena entrada la de hoy que describe en pocas palabras la falacia postfeminista de la igualdad…Esa que nos ha llevado a perseguir ideales que no son los nuestros, que ha creado estructuras de poder difíciles de identificar como tales donde las mujeres nos autocontrolamos y nos autocensuramos continuamente, ya sea a base de dietas en busca perpetua del ideal femenino de belleza ya sea jugando a poder con todo, trabajo, familia… y mientras hacemos eso y nos enredamos en proyectos imposibles pues no hacemos otra cosa… Hay que verlo y hay que llamar a la acción colectiva. Como Laura. Es todo mucho más político de lo que pensamos.

    1. Hola Pilar:

      Coincido contigo en que debemos volver a pensar qué deseamos y, en la medida de lo posible, guiarnos por esos deseos y olvidarnos de los ideales y las metas que las sociedad nos impone si no coinciden con lo que queremos.

      Muchas gracias por tu comentario.
      Un abrazo,
      Arancha

  4. Muchas gracias por hablar de los cuidados. Como dice Pilar, un aspecto olvidado y despreciado por la sociedad capitalista de consumo. A mí me encanta cuidar de mi hija. Mucho más que trabajar fuera de casa y nunca podré hacerlo. Hay que exigir nuestro derecho a cuidar y a ser cuidados. Y que eso forme parte de los cálculos macroeconómicos y de las políticas públicas. Y que no sea solo un tema femenino. Feliz día malasmadres!

  5. ¿Que nos han engañado?, yo si lo siento y ese sentimiento lo tuve por primera vez en el 2004 cuando nació mi hija. Pase de ser una trabajadora excelente, palabras textuales, a no tan buena por no dedicarme en cuerpo y alma a mi trabajo.
    Yo pensaba, llevo trabajando aquí desde los 20 años dandolo todo….. no me podéis dar un respiro a mis 35 para poder compaginar mi otra “actividad”… pues no, automáticamente pasas a ser “mami” y parece que te vuelves idiota y lo que hace un mes era posible ha pasado a no serlo. El famoso presentismo….
    Como muchas de las @malasmadres me sentí muy, muy frustrada y terriblemente engañada….. pero aquí sigo, la crisis redujo mi horario y por supuesto yo fui la primera en notarlo, a cambio menos horas de trabajo y más tiempo para el cuidado de mi hija que en aquel entonces cumplía 4 años.
    Tengo que decir que en todo ese tiempo siempre tuve al buenpadre, que a pesar de sus horarios infernales (autónomo), me apoyó y aguanto mi frustración #somosequipo.

    1. Hola Tere:

      No sé si decirlo así, pero está claro que la sociedad cambia lentamente, tal vez desde la perspectiva de las malasmadres DEMASIADO lentamente.

      Tu caso, desgraciadamente, es uno entre muchos. Ojalá fuera una excepción.

      Me alegro de que el buenpadre haya estado ahí.

      Un abrazo y muchas gracias por tu comentario,
      Arancha

  6. Hola Mireia:

    La solución a la crisis de los cuidados es muy compleja, pero está claro que es algo necesario para la vida y que no puede ser cubierta por el mercado del mismo modo que otras tareas (archivar expedientes, enviar mercancias de un lugar a otro, …).

    Cada una y cada uno deben pensar qué quieren hacer con respecto a esto y en la medida de lo posible gestionar su vida acorde con esos deseos. Esto es válido para las mujeres, pero también para los hombres que en el tema de las políticas relativas a este tema, son los grandes olvidados.

    Muchas gracias por tu comentario.
    Un abrazo,
    Arancha

  7. De forma parecida lo decía yo en el artículo que escribí en mi blog por el día de la mujer. Hombre y mujeres somos diferentes, pero iguales como personas, por ello, tenemos que conseguir la igualdad en derechos y oportunidades, para que si queremos quedarnos en casa cuidando a nuestros hijos cuando más lo necesitan o a nuestros mayores cuando llega el momento, no se nos penalice (ni a mujeres ni a hombres), pues es una tarea necesaria que se debe realizar.
    http://portalacta.blogspot.com.es/2017/03/mujer-feminismo-conciliacion-e-igualdad.html

    1. Hola María:

      Efectivamente, hombres y mujeres diferentes pero iguales en derechos y oportunidades… o así debería ser.

      Gracias por compartir tu artículo.
      Un abrazo,
      Arancha

  8. Hola,

    Esta claro que en ciertas cosas somos distintos, pero no en lo fundamental que son nuestros derechos. Hemos logrado hacer un cuadrante de tareas para que cada uno haga su parte colaborando en casa como equipo. La peque se ocupa de sus juguetes que no es poco. Y así estamos mas tranquilos, disfrutamos mas de nuestro tiempo y cuidamos que sea de calidad de lo poco que disponemos por el trabajo. Nos gusta cuidar de ella claro que sí, cada uno a su manera. Fran se transforma en un experto bailarin o en un parque de atracciones y yo soy mas la parte practica de duchas, mimos, colorear, cocinitas, con los pinypon y leer el cuento de dormir.

    1. Hola Sara:

      Cada uno tiene su forma de cuidar y todas son buenas. Me encanta que la peque también tenga su lugar en estas tareas porque se aprende haciendo.

      Muchas gracias por compartir vuestra manera de hacerlo.
      Un abrazo,
      Arancha

  9. Holas, les escribo desde La Paz, Bolivia, he seguimo la página desde hace unas semanas y quería comentarles que hay una corriente acá que hablan de la complementariedad de género, que no es aceptada por las feministas en Bolivia. Las diferencias entre hombres y mujeres es muy evidente, pero deberíamos complementarnos en las actividades tanto al interior de nuestros hogares como fuera de estos para lograr un equilibrio e igualdad, pero acá en Bolivia es un largo camino para una sociedad muy machista. Por suerte estamos en el mismo camino con el buenpadre. Saludos

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