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“El verano que necesitan nuestros hijos/as NO está en Instagram”

“El verano que necesitan nuestros hijos/as NO está en Instagram”

En el último podcast de la temporada hablo de mi infancia, hablo de mis raíces, de cómo ha cambiado la vida de mis padres en comparación a la que nosotras estamos viviendo (mi hermana y yo). Mi madre escuchó el podcast ayer y me dijo: “muy bien Laura, he escuchado el podcast, pero te has pasado con lo de que hemos pasado necesidades”.

Mi padre siempre cuenta como cuando era un chaval fue al campeonato de España a competir con sandalias porque no tenían calzado deportivo en su club. Mi madre siempre habla de la ilusión cuando llegaban Los Reyes y tenía un juguete o del pan con azúcar cuando tenía hambre. Una realidad que vista desde los ojos de hoy parecen lejanas y recrean una infancia que ha pasado necesidades. Pero lo que mi madre me dijo, me hizo reflexionar mucho. Porque ella nunca sintió que pasaba necesidades. Tenían lo que realmente necesitaban. El problema está en que hoy hemos creado demasiadas necesidades y si lo pensamos realmente son más privilegios, lujos, cosas prescindibles, que no necesitamos. Es más, recuerdo mi infancia y la comparo con la de ahora y el cambio es brutal. ¿Éramos más felices con menos? ¿Qué necesidades teníamos?

Podríamos hacer una lista y no parar. ¿Necesitan nuestros hijos tanta ropa? ¿Necesitan vivir tantas experiencias? ¿O el sistema capitalista nos genera necesidades que nos hacen vivir siempre en una sensación constante de que nos faltan cosas? Recuerdo mis veranos en el pueblo. Las tardes con un paquete de pipas en el paseo marítimo o jugando a las cartas. Recuerdo aburrirme como una ostra después de comer horas hasta que mi madre decía que ya podíamos salir. Recuerdo los mejores veranos de mi vida sin grandes lujos, pero con todo lo importante.

Una mochila nueva, otro estuche, más colores, un bañador más, el juguete que espera y acabará abandonado en una esquina, la pelota que tanto desea y que se parece a todas, otra pinza del pelo, por no hablar de la de estímulos visuales de las pantallas, la televisión, la tecnología… Piénsalo y te explota la cabeza. 

Este verano no puedo evitar pensar en “el verano que no necesitan nuestros hijos e hijas”, pero que hemos aceptado como “normal”. Un verano lleno de experiencias, planes y consumo, que llena la agenda y no deja lugar al aburrimiento y la imaginación. Y que si no alcanzas, por falta de tiempo y/o recursos, te lleva a la culpa por no estar siendo suficientemente buena madre. De locos.

Por eso, por un momento, escucho a mi madre recordar lo que era la vida con menos necesidades y me resulta mucho más amable, más disfrutada. Porque sentir que siempre falta algo, que siempre hay que ir más allá es realmente agotador. Así que disfrutemos de lo pequeño porque, a veces, todo lo que está bien es un abrazo en el sofá, dejando pasar los minutos y nada más.

firma laura

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