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Ellas hablan: Malasmadres ♥ Eva Millet

Ellas hablan: Malasmadres ♥ Eva Millet

Eva Millet, periodista y autora del libro ‘Hiperpaternidad, del modelo mueble al modelo altar’ es nuestra protagonista hoy en el blog. Tenemos el placer de contar con ella y de poder hablar de educación, sobreprotección e hiperpadres en esta interesante entrevista. En 2002 Eva, a raíz del nacimiento del primero de sus dos buenoshijos, decidió publicar sobre temas de educación y parenting. En 2014 puso en marcha su blog, un espacio que busca ser una ventana a inquietudes, aportaciones y noticias que ayuden a las familias a educar a sus hijos. ‘Hiperpaternidad’ es un término importado de los EEUU y Eva ha escrito el  primer libro que aborda el tema en español. ¡Esperamos que os guste tanto como a nosotras!

*Podéis seguir a Eva Millet en twitter y en su BLOG.

¿Qué delata a un hiperpadre o a una hipermadre?

La hiperpaternidad es un estilo de crianza con muchas derivadas pero, en esencia, implica una hiperatención, una hiperprotección y una hiperestimulación a la prole. Es un constante ir detrás del hijo, adelantándose a sus contratiempos, resolviéndoles por sistema sus problemas —por nimios que sean— y justificándolos a ultranza. En este periplo, que se hace con la mejor de las intenciones, los hiperpadres se llevan por delante el proceso de adquisición de autonomía del hijo, que es una de las bases para ir por la vida.

Hoy todos somos más hiperpadres que nuestros progenitores. Sin embargo, hay niveles de hiperpaternidad. En mi libro existe un test con 30 preguntas para detectarlos. Estas son las cinco que puntúan más alto:

¿Antes de que nacieran, ya tenía un plan trazado para las vidas de sus hijos?

¿Suele hablar en plural cuando se refiere e ellos?

¿Les ayuda (o hace los deberes) con ellos por sistema?

¿Ha excusado alguna vez a su hijo/s con la frase: “Es que tiene una baja tolerancia a la frustración”?

¿Discrepa a menudo con los maestros y/o entrenadores de sus hijos?

(si has respondido que sí a las cinco… ¡Has de comprar mi libro!)

¿Por qué decidiste escribir un libro sobre la ‘Hiperpaternidad’? ¿Qué observaste que te llevará a plasmarlo por escrito?

Empecé a detectar a los hiperniños un poco antes de tener a mis dos hijos (hoy de 15 y 11 años). Una persona muy cercana a mí trabaja en Barcelona con estudiantes universitarios estadounidenses y me sorprendían mucho las historias que escuchaba sobre su falta de recursos ante cualquier contratiempo, su adicción a mamá y/o papá (a los que llamaban ante cualquier cosa) y su falta de autonomía en general. La hiperpaternidad es made in USA y, como tantas otras cosas, se ha importado desde allí.

Cuando tuve a mis hijos empecé a detectar conductas de hiperpadres también aquí —en familia, en la escuela, en amigos— y empecé a documentarme sobre el tema. En inglés se han escrito muchos artículos y varios libros sobre el hyperparenting. Publiqué dos reportajes en La Vanguardia que tuvieron tanta repercusión que pensé que había un libro. Lo propuse a la editorial Plataforma y ¡aquí estoy! Es el primer libro escrito directamente en español que aborda el tema y la verdad es que no he parado desde que se publicó.

¿Sobreprotegemos más los padres de esta generación? ¿Qué nos ha llevado a ello? ¿Nos empuja la sociedad?

Si, sobreprotegemos más, mucho más. El problema es que si no lo haces, si no estás constantemente preocupada por el niño o la niña, dispuesta a saltar a la yugular de quien ose cuestionar sus virtudes, eres, directamente, Malamadre.

Asimimso, que el hijo “no se traume” es un mantra de la paternidad del siglo XXI. Hay una verdadera obsesión por ocultarle miedos, frustraciones e inconvenientes. Parece que esa es la manera de ser buenos padres: que no sufra, por NADA. Y haciendo esto, maquillando miedos, actuando como guardaespaldas, lo que estamos haciendo es crear una generación de niños con más miedos que nunca, que se derrumban a la primera. Como dice José Antonio Marina, hay que educar en la valentía, que es una habilidad en la vida fundamental.

Por otro lado, aunque vivimos en tiempos donde la sociedad está más preparada para prevenir y proteger a los niños, a nivel físico y mental (que es nuestro deber, por cierto); los padres están muertos de miedo de que les pase algo a los hijos.

¿Qué tenemos que tener claro a la hora de educar a nuestros hijos para no caer en ello?

El hijo no es un producto, que puedes modelar a tu gusto para exhibir en las redes sociales. Por otro lado, hay que entender que la educación no es solo un aluvión de conocimientos académicos y de capital cultural (viajes, actividades de todo tipo… esas “experiencias mágicas” que tan de moda están). La educación es la suma de la instrucción + las habilidades para implementarla, como son la tolerancia a la frustración, la valentía, la capacidad de esfuerzo, la empatía, la paciencia…

En la hiperpaternidad, estas habilidades son secundarias: lo que importa es que el niño esquíe, no que diga “gracias” o agarre un berrinche ante la mínima adversidad. Que aprenda chino con cinco años, no que se sepa abrocharse los zapatos o ponga la mesa, para ayudar a la intendencia familiar.

Para no caer en la hiperpaternidad creo que hay que plantearse esta pregunta: ¿quieres educar a una persona o hacer un niño perfecto? Yo escogería lo primero: es menos extenuante (ser hipermadre es insostenible) y más gratificante.

De padres ‘hiperpadres’, ¿hijos…?

La hiperpaternidad produce una mezcla explosiva: por un lado, niños con una inflada noción de si mismos, porque desde el momento en el que han nacido se les ha dicho que son LO MÁS pero no se les ha exigido nada a cambio (en EEUU se les llama Generación L’Oreal, en referencia al eslogan, «Porqué yo lo valgo»). Por otro lado, son niños que, al haber sido constantemente asistidos por sus progenitores, tienen el “yo no puedo, mis papás lo harán por mí” incorporado: una falta de autonomía brutal. Sin olvidar los miedos, que si no se gestionan, se convierten en fobias.

En España se está empezando a hablar de la “generación blandita”, jóvenes que se derrumban a la mínima adversidad. En las universidades ya se detectan jóvenes inseguros, con poca autonomía, que pasan más tiempo buscando ayuda de un adulto para resolver sus problemas que resolviéndolos ellos. Y con papá y mamá sobrevolando sus vidas universitarias, que antes eran un rito de paso al mundo adulto. Javier Marías, el otro día en su columna de El País hablaba, directamente, de “Generaciones de mastuerzos”. Recomendable lectura que podéis ver aquí.

¿Qué anécdota relacionada con la hiperpaternidad recuerdas con más asombro?

Hay muchas pero destaco dos; la de una joven universitaria estadounidense que se quedó encerrada en el ascensor del centro en Barcelona y, en vez de apretar el botón de alarma, llamó a su madre a Florida, pidiendo auxilio: la madre, solícita, llamó a la sede de la universidad en Chicago, Chicago alertó a Barcelona y Barcelona le abrió la puerta.

La segunda, que ya me han contado varias maestras de parvulario, se refiere a que cada vez hay más niños de P3 que se caen en el patio y no se levantan: se quedan quietos, cual estatuas de sal. Pero no porqué se hayan lastimado sino porque no saben que son capaces de levantarse por ellos mismos. Hasta ahora, un adulto ha ido a socorrerles de inmediato, con lo que los críos se han quedado con la idea de que ellos no pueden hacer alto tan fundamental para la raza humana como es ponerse de pie.

Yo no digo que cuando un hijo se cae haya que pasar de todo, pero sí que hay que esperar unos segundos, observar sin intervenir a la primera de cambio, y ver si es capaz de hacerlo por si mismo. Esta es la clave de la hipopaternidad, la fórmula contra la hiperpaternidad. Así se educan la autonomía y la autoestima: “yo puedo”, “soy capaz”, “me levanto y sigo” (que es lo que tocará hacer miles de veces en la vida, por cierto).

¿A qué se debe la excesiva competitividad existente que incluso lleva a los padres a competir entre sí por sus hijos? ¿Dónde esta el equilibrio entonces?

Los hiperpadres ven a los hijos como una proyección de ellos mismos, de sus expectativas y sus esfuerzos en modelarlos. Como me dijo Carl Honoré, uno de los primeros en hablar de hiperpaternidad, los hijos hoy son un signo de estatus y en consonancia a unos tiempos que requieren que todo sea perfecto (el cuerpo, el coche, la casa…) los hijos también han de serlo. Entonces se exhiben y se comparan con los otros.

Hoy, cuando preguntas cortésmente por el hijo del otro, hay padres y madres que, en vez de decir, como antes, que están «bien» o «muy bien», te recitan el currículum-vitae del retoño; ¡hasta las notas! (siempre buenas, el hiperhijo nunca suspende). Yo creo que deberíamos de volver al escueto: «el niño, bien, gracias», me parece un horror que se comparen hijos

¿Qué situación divertida recuerdas que te hizo sentir Malamadre y que haría ser protagonista de uno de nuestros tips del día?

Algunos hiperpadres suelen meterse en las AMPAS de las escuelas. Su objetivo no suele ser el bien común, sino el bien del hijo: adapto la escuela a mi niño@ y punto. Al AMPA de mi colegio llegó una madre que quería cargarse a un determinado docente porque a ella no le gustaba. Cuando le dije que me parecía muy mal su iniciativa me respondió, sin inmutarse, que como yo era una Malamadre (“y no te interesa la educación de tus hijos” , añadió), no iba a tener en cuenta mi opinión. Podría haberme ofendido pero como es una hipermadre —¡de libro!— me lo tomé como un cumplido. En consecuencia, mi tip sería: no dejes que los comentarios de otras madres —en especial, si son hipermadres—, te afecten.

¿Qué supuso la maternidad para ti? ¿Tuviste que renunciar?

Yo sentí el instinto y, con mi marido, nos lanzamos. La maternidad es una aventura y me encanta ser madre aunque a veces es horroroso, claro. Pero soy una persona bastante escéptica, así que nunca me creí esas maternidades perfectas del ¡Hola! Todavía vivo el ser madre con bastante naturalidad y, de momento, sin angustias excesivas, que no son saludables.

Por lo que respecta a renunciar: como tuve los hijos a los 33 y a los 36 y ya había dado bastantes vueltas, sentí que no renunciaba a algo que fuera a echar muchísimo de menos. Lo que más preocupaba era renunciar a dormir, que para mí es fundamental para funcionar. La maternidad hubiera sido un martirio sin dormir durante años (que ocurre). Pero como tuve la suerte de parir cuando el método Estivill no estaba aún demonizado, mi marido y yo nos leímos el libro y enseñamos a nuestros hijos a dormir, lo que es básico para la salud física y mental de la familia. Por cierto: nadie está traumado.

Y por último, ¿qué tres enseñanzas sí son fundamentales transmitirles a los hijos?

Saluda, da las gracias y pide las cosas «por favor».

¡Tu puedes! … Pero no estás solo en el mundo

Ahora un cuestionario rápido:

1. ¿Para qué comprarías el tiempo? Para estar sin hacer nada sin sentirme culpable.

2. Ese momento de la semana, para ti sola… (¿qué haces?) Voy a nadar, leo o voy al cine.

3. Ese sueño/ meta que siempre está ahí y que algún día conseguirás… Acabar mi novela de ficción (de hecho, para eso compraría tiempo: ¡para acabar la novela!)

4. Un lugar donde te perderías una y otra vez… Soy de hábitos: Menorca, Londres y norte de Inglaterra y, de vez en cuando, la parte antigua de Barcelona.

5. ¿Cómo te ves dentro de 20 años cuando los buenoshijos se independicen (esperemos)…? No me veo, de verdad. Sé que llegará pero me es imposible visualizarlo.

6. Un consejo para esas madres que se culpan por no llegar a todo… Nadie es perfecto.

Antes de irnos…

El próximo 10 de junio tendrá lugar la sexta edición de ‘Gestionando hijos’ (9.00-14.00 horas) que tendrá lugar en los ‘Cines Aribau’ de Barcelona. Entre las ponentes que formarán parte de esta jornada estará Eva Millet con su charla titulada ‘Hiperpaternidad, una cruzada contra la sobreprotección’.

Además, participarán Jaume Roset, Tomás Font, Jordi Amenós, Mar Romera, Mercedes Segura, Gregorio Luri, Pedro García Aguado y Francisco Castaño.

*Si quieres apuntarte y conocer toda la información pincha aquí.

Han comentado...

  1. La percepción del libro es darse cuenta como influyen los padres a través de la educación en los hijos, es inevitable que aun haciendo lo correcto para cada padre, siempre habrá un reproche de los hijos, el problema radica en los padres desde su educación y enseñanza,mostrando a través de sus actos cambios relativos que puedan confundir a los hijos, los padres tendrán que sanar sus culpas e inseguridades para que sea una formación autentica de crear y enseñar de la mejor manera, nadie tiene una vara o regla de medición para decir que también o no se esta educando, sus comportamientos y resoluciones de problemas es como nos daremos cuenta.

  2. Está claro que todos pecamos de mayor hiperpaternidad ahora que nuestros padres. También creo que es inevitable. Somos cada día más conscientes de los riesgos y de las dificultades de la vida y cuesta dejar que nuestros hijos descubran por si solos ciertas verdades. De ahí a ser hiperpadres al 100% y definir su vida y su futuro desde incluso antes de que nazcan…pues tampoco. Hay que encontrar el equilibrio y soy la primera a la que le cuesta no sobreporteger o incluso anticiparme a sus rabietas. Imagino que es cosa de las hormonas, pero creo que el gen hiperpaternal no me lo voy a poder quitar tan fácilmente…

  3. Ufff según mis hijos soy “superultramalamadre” porque no se lo doy todo mascadito. Pero no quiero que de mayores no sepan moverse por un mundo en el que impera la ley del más fuerte y aunque no los educo en pasar por encima de todos; si en que han de saber moverse solos. Creando niños perfectos no conseguimos más que cuando crezcan su autonomía sea nula.
    Totalmente de acuerdo en las tres enseñanzas…. las cuales inculco y sorprenden a veces a los adultos cuando mis hijos las realizan…..

  4. Excelente nota, en cuanto a la autonomía cuando se caen x ejemplo yo tengo q parar a la gente en la calle q va a levantar a mí hija justo en el momento q yo estoy viendo si se ha hecho daño, si puede levantarse o no. Me llama mucho la atención, no voy a entrar en la polémica de Stivill pero no estoy nada de acuerdo con enseñar a dormir, ya q en ese momento de recogimiento tan íntimo hacemos falta. Gracias !!!!!!!

  5. No me dice mucho el artículo si no va acompañado de un análisis de la sociedad en la que vivimos. Una mucho más difícil en muchas cosas que la de hace treinta o cuarenta años, en la que parece que el mundo puede explotar y autodestruirse ante nuestros pies en cosa de segundos y de manera imprevista. No escuchamos más que noticias terribles. Estamos continuamente sometidos a imágenes que rompen el corazón y vivimos en constante guerra contra el terror… La sobreprotección de los hijos es un síntoma más de una enfermedad mucho más gorda y más profunda.

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