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El poder de una etiqueta: disfunción eréctil

El poder de una etiqueta: disfunción eréctil

Si hay un tema que suele ser tabú ese es la disfunción eréctil. Nuestra colaboradora Arancha Gómez afirma que “en el imaginario colectivo hay mucho puesto en la erección masculina y, por lo tanto, la incapacidad de lograr una, a ser posible que dure tanto como el propietario quiera, se asocia a todo lo contrario: fracaso”. Hoy derribamos mitos y tabúes con nuestra experta y os ofrecemos este interesante post.

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* Podéis seguirla en @atajou y en la web de Sexorum.

La primera vez que le pasó, no le diste mayor importancia. Todos tenemos días malos y ése había sido un día infernal para los dos: lluvia, atasco, niños dando guerra de buena mañana, el coche averiado, el trabajo de locos…. y suma y sigue. Los buenoshijos cayeron pronto dormidos, una cosa llevó a la otra… hasta que de pronto se vino abajo y os quedasteis los dos descolocados con una sensación extraña en la boca. Le pasó después alguna vez más, esporádicamente, pero poco a poco se hizo más frecuente y ahora estáis en un punto en el que prácticamente ni buscáis los encuentros.

Tampoco es que tú seas una loca del mambo, pero meses sin ningún contacto te empieza a parecer preocupante. Muy preocupante. ¿Y si no me quiere? ¿Y si ya no le gusto con estas estas ojeras permanentes?

La erección, modus operandi

Las dificultades en la erección son algo más frecuente de lo que pensamos y de hecho es bastante probable que al menos una vez en la vida un hombre tenga lo que se conoce popularmente como “gatillazo”. A medida que se haga mayor, más probabilidades habrá de que suceda.

A diferencia de otros mamíferos, el pene del hombre no tiene báculo o hueso peneano, tampoco tiene musculatura estriada, ni es fibroso. El pene humano se erecta porque los cuerpos cavernosos se llenan de sangre por un complejo sistema que implica al sistema simpático, al parasimpático, a los nervios, a algunos neurotransmisores, a la testosterona y, en la mayor parte de los casos, al cerebro, entre otros factores.

Por resumir y simplificar (mucho), cuando se produce un estímulo erótico, el cerebro manda una señal que viaja a través de los nervios hasta el pene. En él se produce la liberación de neurotransmisores, fundamentalmente, un gas llamado óxido nítrico, que actúa sobre la musculatura lisa del mismo, relajándola, de manera que permite la entrada de la sangre en las celdillas de los cuerpos cavernosos de una manera parecida a como se llena un globo de agua. Sólo que en el caso del pene, son pequeños globitos que se encuentran dentro de una estructura muscular, lo que le confiere la dureza que no tiene el globo.

Visto así, lo sorprendente es que funcione tan a menudo y en general tan bien.

¿Qué suele pasar cuando hay un episodio de pérdida de erección?

Como la erección es compleja, las causas de la pérdida de la misma también se ven influenciadas por multitud de factores: alcohol, drogas, alimentación, preocupaciones, cansancio, estrés, algunos medicamentos, diabetes, problemas vasculares, etc.

No para todas las causas se puede decir lo mismo, pero, con mucha frecuencia, cuando ocurre una vez, a menudo pasa como en el dicho popular: “por una vez que maté a un perro, me llaman mataperros”. La siguiente vez que se produzca un ambiente propicio para una relación erótica, hay bastantes posibilidades de que en la cabeza de ese buenpadre aparezca la duda y eso le haga estar observando qué hace o no hace su pene: si está duro o no, si parece que se va a poner o no poner, si hay síntomas de que pueda fallar como la vez anterior o no…

De este modo, la erección, que suele ser un síntoma natural de la excitación, pasa a estar en el centro de la atención del cerebro del hombre… quitándole ese lugar a lo que debería en ese momento tener el foco: las sensaciones que le procura la relación erótica que está comenzando o en la que está inmerso de hecho. Con esto se pierde la excitación y, por lo tanto, las posibilidades de erección disminuyen. Esto hace que la preocupación por la misma aumente y se entra en un círculo vicioso que suele acabar con un pene flácido y un hombre cariacontecido.

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Más allá de la erección

Muchas veces la erección no sólo es un pene duro, es todo un símbolo: de hombría, de poderío, de capacidad, de fiabilidad. En el imaginario colectivo hay mucho puesto en la erección masculina y, por lo tanto, la incapacidad de lograr una, a ser posible que dure tanto como el propietario quiera, se asocia a todo lo contrario: fracaso, impotencia, incapacidad, torpeza. Estas asociaciones tienen mucho que ver con la idea de que la mejor manera, cuando no lo única, para un hombre de dar placer a una mujer es con la penetración del pene en la vagina, para lo que es obligatorio cierta dureza.

La buena noticia es que hay vida más allá de un pene duro. Se pueden hacer muchas cosas y muy placenteras en las que el protagonista principal no sea la erección. Y es que, recordemos, los principales protagonistas de la relación erótica son los participantes: el buenpadre y la malamadre, en el caso de nuestra historia, y su órgano erótico por excelencia es su cerebro. Hay mil lugares en el cuerpo humano donde podemos encontrar placer (el cuello, las orejas, la cara interna de los muslos, los costados, las manos, las muñecas, los labios, las rodillas, la espalda, los glúteos, los genitales, los pechos…. ) y mil acciones que pueden producirlo (soplar, morder, gemir, suspirar, acariciar, arañar, rodear, abrazar, calentar, pellizcar, palmear, tocar, tamborilear…). Limitarse únicamente a la penetración del pene en la vagina es mucho, pero que mucho limitar.

¿Qué podemos hacer?

Como en el caso de los niños, las etiquetas hacen un daño enorme. Si una vez mataste a un perro, eso no te convierte en mataperros. Si una vez alguien rozó el coche con la columna de un garaje, eso no le convierte en “rozador-de-coches”. Si una vez el buenpadre tuvo un episodio de pérdida de erección, eso no significa que haya que colocar la etiqueta “disfunción eréctil”. Porque cuando (nos) ponemos una etiqueta tan fuerte como esa, despegarla luego puede convertirse en una ardua tarea.

Los protagonistas de una relación erótica somos nosotros. Si se produce una pérdida de erección, jugar a otras cosas donde no sea necesaria, puede romper el círculo vicioso del que hablábamos antes y volvernos a colocar otra vez dentro del juego erótico. Esto hará más sencillo recuperar la excitación y que vuelva a aparecer la erección… aunque a lo mejor estamos tan entretenidos con otras cosas que ya ni nos hace falta.

Si las dificultades con la erección continúan y entorpecen nuestras relaciones eróticas, consultar a un profesional de la sexología puede darnos recursos suficientes antes de que se conviertan en algo complicado de manejar.

Y vosotras Malasmadres, ¿habéis pasado con vuestra pareja algún episodio así? Si tenéis alguna duda no dejéis de escribirla abajo en los comentarios.

Antes de irnos…

Consulta los post de Arancha

Si quieres saber todo lo relacionado con la sexualidad, no dejéis de consultar los posts que ha escrito nuestra colaboradora Arancha Gómez para el Club de Malasmadre. Pinchad aquí.

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Han comentado...

  1. Buenas,

    tema complejo, alguna vez le ha pasado, sobretodo como bien dices por un mal día. es recomendable estar a gusto con energía y que tenga ganas…jeje, tanto uno como otro porque hacerlo con apatía también se nota…

    Besos!

    Anabel

    1. Hola Anabel:

      Sí, si nos salimos del juego, se pierde la excitación y pueden pasar estas cosas.

      Un saludo y muchas gracias por tu comentario,
      Arancha

  2. Más de año y medio así, intentadole no dar importancia. Cada día que pasaba, mi autoestima fue bajando con pensamientos tipo: ya no le gusto, ya no le pongo… La frustración se convirtió en un compañero de cama para ambos. Mil veces le dije que había que buscar ayuda.
    Y la ayuda que ha buscado es liarse con otra.
    Así que, aquí estamos, en medio del proceso de separación, con mi ego de mujer tocado.

    1. Lo siento mucho.
      Este tipo de dificultades, cuando la pareja acude a tiempo a un especialista, suele tener final feliz en relativamente poco tiempo.

      Un abrazo y mucho ánimo,
      Arancha

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