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Todas somos Maica

Todas somos Maica

Si una deportista reconocida, campeona olímpica, con 30 años de carrera sufre LA RENUNCIA por ser madre, ¿qué pueden esperar el resto de mujeres cuando llega la maternidad? ¿Hay otra opción que no sea renunciar, de una manera u otra? ¿Nos hemos acostumbrado a organizar nosotras mismas nuestra renuncia, porque sabemos que es lo que toca y que poco podemos hacer? ¿Nos han hecho creer que ser madre es el problema? ¿Nos obligan a renunciar porque no hay otras opciones?

Escucho a Maica emocionada contar cómo fue, cómo se encontró sin esperarlo con la notificación de recursos humanos de que no continuaba su contrato en el club Sabadell, que había sido su familia desde que era una niña. Después de meses desde que esto ocurriera sigue sin poder reprimir las lágrimas por la tristeza, dice ella, y la impotencia de vivir lo que no esperaba, de que le den la espalda en su casa, en su club, después de más de 30 años. 

No se lo esperaba, se quedó en shock. 

La escucho emocionada, pero me da rabia que ya no me sorprende. ¿Cuántas historias así escucho a diario en Malasmadres? Pero por muchas historias, no me acostumbro. Se me saltan las lágrimas, conectando con mi renuncia. A día de hoy cuando hablo de mi historia de renuncia, me sigo emocionando, un pellizco se me coge en el pecho y soy capaz de revivir cada momento 12 años después. No hace falta que me lo digáis, no lo he superado, pero es que es difícil de superar lo que es injusto y encima hemos vivido calladas y en silencio tantísimas mujeres madres. En mi caso no me echaron, pero me empujaron a que me fuera. A veces pienso que esto es incluso más doloroso porque te hacen sentir culpable e insuficiente al punto de tener que reconocer “no puedo más, teníais razón, es incompatible ser madre y tener este puesto de trabajo” y te vas encima cabreada contigo misma, sin poder dar un portazo.

La renuncia no es esa notificación que le llega a Maica de recursos humanos. La renuncia no es dar el paso y decir “me voy”, como hice yo. La renuncia llega mucho antes cuando empiezas a ver que algo ha cambiado, que ya no tratan ni valoran igual, cuando empiezas a sentir que sobras, que ya no eres parte de un proyecto en el que te has dejado la piel, que ya no cuentan contigo, que ponen de excusa que eres madre, dejando claro que fuiste tú quien elegiste. “Sí, elegí ser madre, pero no renuncié a mi trabajo. Intenté conciliar, pero no me dejáis hacerlo posible”. 

columna laura

La renuncia comienza en ese primer gesto, ese primer comentario, esa primera mirada de reprobación por ser madre. Te hacen sentir que ya no es lo mismo, que ya no puede ser lo mismo. Y claro que no puede ser lo mismo. Pero ¿por qué la única solución tiene que ser la renuncia? ¿Cuándo vamos a entender que hay que apoyar y acompañar a las madres? Que no es tan difícil. Que si se quiere, se puede. 

El 47% de las madres trabajadoras se ven obligadas a cambiar de empleo cuando son madres. Porque vivimos en un sistema laboral que quiere expulsarnos, hacernos sentir insuficientes y dejar claro que la igualdad está lejos de ser una realidad. Que tener hijos/as nos coloca en sitios muy diferentes a los hombres y a las mujeres. No interesan las madres, nunca es buen momento, por eso es mucho mejor “regalar una congelación de óvulos” y callar tu deseo de ser madre. Como dice Maica “que cada mujer sea madre cuando realmente quiera”. 

Maica somos todas. Porque el deporte tiene la capacidad de ser reflejo, para lo bueno y para lo malo, de la sociedad que somos. Y si un club deportivo es capaz de saltarse la ley para prescindir de una jugadora madre, ¿qué no será capaz de hacer una empresa a la que nadie conoce y que no tiene que rendir cuentas ante medios de comunicación? Ni ante los juzgados porque la mayoría de las madres no se van a enfrentar a demostrar que sufrieron mobbing maternal, por miedo. También por falta de tiempo, de recursos y de salud. El mismo miedo que le da a tantas mujeres decir en su trabajo que están embarazadas.

Pues así estamos. Sufriendo las consecuencias de que ser madre nos penalice laboralmente y tengamos que renunciar o dando gracias por mantener nuestros empleos, aunque cambien las condiciones o cogiendo excedencias, aunque nos haga más pobres y arrastrando una falta de salud mental que a nadie le importa. 

Las lágrimas de Maica son las lágrimas de millones de mujeres que han visto como la renuncia llegaba a sus vidas por traer un hijo o una hija a la vida.

Eso sí Maica, GRACIAS, porque tu voz, valiente y firme, tu lucha, sincera y real, es un paso muy importante. Un paso para que no solo se te escuche a ti, sino a TODAS. No estás sola. Nuestras historias de renuncia van contigo.

firma laura

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