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Los trastornos de la alimentación

Los trastornos de la alimentación

La comida es una necesidad primaria ligada al placer. Pero también algo que puede convertirse en un medio para conseguir objetivos distintos a la nutrición y al disfrute. Nadie duda, por ejemplo, de la capacidad que la comida tiene para calmar la ansiedad, ni de que los niños y niñas la utilizan, en ocasiones, como forma de oposición cuando quieren expresar malestar a sus padres. La relación que se mantiene con la comida dice mucho de nosotros y, como toda relación prolongada en el tiempo, sufre cambios, evoluciona y a veces es origen de problemas.

Los llamados trastornos de alimentación aparecen cuando la relación con lo que se come no es buena y, como consecuencia, perturba seriamente la vida de una persona. O de una familia entera.

¿Quién no ha temido por un momento, al escuchar a un adolescente decir que no le gusta su cuerpo, a la anorexia o la bulimia?

No hace falta esperar a la adolescencia para encontrar problemas de alimentación en los niños/as capaces de poner patas arriba a todo su entorno.

*Podéis seguir a Maribel Gámez en su web otrapsicologa.com.

El estrés emocional y la comida

Un niño/a que no quiere comer o que tardar dos horas en terminar un plato crea una situación que desespera e inquieta a cualquiera. La negativa a ingerir alimentos es bastante frecuente. Cuanto más pequeños son más asusta esta situación a los padres.

El estrés emocional que un niño/a pequeño/a percibe de sus cuidadores cuando come, dificulta en gran medida su ingesta, lo que provoca que ese problema se mantenga en el tiempo. Es una situación que se retroalimenta de mala manera.

Hay que estar tranquilo para que el niño/a coma pero, si no come, el estrés del adulto aumenta, el niño/a lo percibe y se niega a comer. Enfrentarse a esta tarea compartiéndola con más personas y que, por lo menos, una de ellas sea capaz de mantenerse en calma, suele ser la solución.

Si encontrar la tranquilidad necesaria a la hora de alimentar al niño/a no es posible y la situación se prolonga en el tiempo, lo mejor es pedir ayuda a un profesional que conozca la conducta infantil y ayude a los padres a gestionar sus propias emociones ante esa situación.

¿Qué decir del niño que invierte horas enteras ante el plato sin probar apenas nada? Es un mal de nuestro tiempo. 20 o 25 minutos debería ser más que suficiente para que un niño coma lo que necesite. Las madres, padres, desesperados al ver que se prolonga más allá de la hora, terminan creando situaciones de distracción para que el niño coma dignas del Circo del Sol. Cuando se ha intentado todo lo posible y la situación continúa igual afectando a la rutina diaria es el momento de pedir ayuda.

Más extraño, pero también frecuente, es la ingesta de sustancias que no son alimenticias más allá del período normal en el que se llevan todo lo que encuentran a la boca, que son los 10 meses. La pica, así es como se llama está afección, suele afectar a niños entre los 1 y los 6 años que pueden llegar a comer tiza, yeso u otros elementos no comestibles. La mayor parte de las ocasiones está relacionado con algunos déficits alimenticios como el calcio. Un análisis de sangre para detectar estos posibles desarreglos acabaría con uno de los principales motivos. Sin embargo hay otros que, descartados los físicos, deben ser tratados por un profesional de la psicología.

Ante cualquiera de estas situaciones es importante saber que hay que descartar, antes de pensar que el origen puede ser psicológico, relacionado con falta de hábitos buenos o de contingencias familiares, cualquier problema médico.

El pediatra indicará qué parámetros de crecimiento y peso son los esperables a cada edad y, esta información será clave para averiguar si la situación está teniendo consecuencias preocupantes o no.  No es aconsejable dejarse guiar por la percepción subjetiva de lo que vemos, ya que esa percepción puede estar teñida de miedos y dificultar la valoración de la situación en su justa medida. Por ejemplo, a unos padres les puede parecer que su hijo o hija come poco pero, sin embargo, si su peso y desarrollo son buenos, hay que respetar que su ingesta sea menor de la que se espera, sin obligarle a comer grandes cantidades que el niño o niña claramente rechaza.

La importancia de inculcar rutinas sanas de alimentación

Inculcar a los niños rutinas sanas de alimentación y disfrute con la comida es esencial. Eso les protegerá, en parte, cuando llegue la temida adolescencia, a la hora de enfrentarse a situaciones en las que aparecerán en su cabeza muchas ideas sobre su cuerpo y la valoración que hacen los demás pueden hacer de él: ¿soy atractivo para los demás? ¿Qué ocurre si mi cuerpo es diferente a los que veo en los anuncios de la tele?

La anorexia y la bulimia

Bajo los trastornos de la anorexia y la bulimia hay un/a adolescente, en la mayor parte de los casos mujer, que no acepta el cuerpo que tiene y dedica mucho tiempo y esfuerzo en cambiar su apariencia a través del control sobre la comida.

Subyacen creencias sobre que ser así, tal y como se ve en el espejo, provocará rechazo en los demás. Ideas plagadas de miedos sobre lo que pueden pensar otros ante la visión de su cuerpo se acumulan en su cabeza: “nadie me va a querer así”, “a los demás les doy asco”, “no voy a tener amigos”.

Los trastornos de la alimentación

La familia juega un papel importante

La importancia que se le dé en la familia al cuerpo, a la esbeltez, y las críticas relacionadas sobre el tema pueden influir mucho, a parte de la presión cultural y social que existe por lucir una forma determinada de cuerpo, en el desarrollo de estos trastornos.

Pero no todos los intentos por adelgazar de un adolescente tienen que acabar siendo problemáticos. Hay que distinguir un deseo de mejora física en contraposición al grado de obsesión y control a los que llegan los adolescentes que desarrollan ese problema. Algunas señales de alarma que podemos percibir y que indicarían la necesidad de ayuda profesional serían las siguientes.

Señales de alarma

  • Una pérdida de peso brusco y sin motivo aparente.
  • Un control excesivo de la comida: de lo que come, de las cantidades.
  • Que su conversación gire en torno a ese tema mayoritariamente.
  • Si se saltan comidas.
  • Si se les pilla mintiendo. Por ejemplo, dicen que han cenado con los amigos pero no es cierto. Mienten para poder saltarse una comida.
  • Si vemos que esconden alimentos y luego los tiran.
  • Un bajo estado de ánimo.
  • Comparaciones negativas sobre sí mismos en relación a personas de su grupo cercano.
  • Una insatisfacción constante con su propio cuerpo.
  • El uso de purgantes o laxantes.
  • Una excesiva dedicación al deporte.

Los trastornos de la alimentación

Mantener la calma es ante estas situaciones suele, como mínimo, no empeorarlas. Y pedir ayuda a tiempo, sin dejar que los problemas se prolonguen innecesariamente, facilita que la solución llegue más pronto que tarde.

Y vosotras Malasmadres, ¿queréis consulta algo a nuestra experta sobre este tema?

Han comentado...

  1. Este tema me toca muy dentro. Yo sufrí bulimia y anorexia en la adolescencia y fue una etapa muy dura que por suerte pasó. Pero a día de hoy mi hijo de 8 años no quiere comer, me pregunta que es lo que hay para cenar y si no es yogur o cualquier cosa líquida se agobia. Llegó a decir en el colegio que se había tragado una chincheta por no comer. Lo estamos pasando realmente mal, ya hemos hablado con el cole y la pediatra y ahora estamos a la espera de la consulta psicológica. Aunque parte de mi se culpa por lo que antes comenté (mis desórdenes alimenticios) se que todo se andará. Gracias por la labor qué hacéis malasmadres

  2. Hola,

    la verdad es que es un tema complejo, la mayor de 6 años ahora come requetebien, pero le costó al igual que dormir. El peque de dos años ha pasado una etapa que no quería comer también parece que estuvo resfriado y la verdad es que es una etapa de dura y que te hacer perder muchas veces los nervios, menos mal que el buen papá ayudó mucho y ahora come bien. En la adolescencia con el materialismo que hay ahora debe ser una pena, por eso una buena educación puede ayudar mucho.
    Gran artículo!

    Besos!

    Anabel

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