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Los castigos no educan

Los castigos no educan

Vivimos a toda velocidad, con poco tiempo para EDUCAR desde la CALMA, para acompañar a nuestros hijos con serenidad. Educamos desde la impaciencia, en función de nuestros estados de ánimos, nuestras preocupaciones o niveles de estrés.

La vorágine del día a día, los malabarismos para poder conciliar, las prisas y los cientos de cosas por hacer nos hacen maximizar situaciones con poca importancia, repetir  los mismos errores una y otra vez.

Por qué no funcionan los castigos

En ocasiones nos cuesta interpretar el comportamiento de nuestros pequeños y dar respuesta a todo aquello que necesitan. En casa a veces vivimos situaciones donde levantamos la voz o utilizamos los castigos para que nos hagan caso, para que cumplan las normas o se responsabilicen de las tareas.

Los castigos NO son una herramienta efectiva ni productiva de crianza ya que carecen de significado, aprendizaje y valores. A menudo los utilizamos cuando no realizamos una buena canalización de nuestras propias emociones o perdemos el control.

Los castigos vulneran los derechos del niño y su uso es contraproducente. Habitualmente surgen desde el enfado generando una situación de desconfianza, desamparo y recelo. Generan conductas evitativas o de sumisión.

Son sanciones que únicamente infunden miedo, ira, frustración. Que humillan, crean deseos de revancha y potencian el mal comportamiento. Un método que daña la autoestima de nuestros hijos, fomenta la rebeldía y coarta la motivación e iniciativa.

Los castigos actúan sobre el comportamiento inmediato pero no modifican la conducta a largo plazo. No invitan a reflexionar ni a razonar, a aprender de forma efectiva. Ante ellos nuestros hijos no se sienten respetados, escuchados ni acompañados.

Aunque no sea fácil conseguirlo, todo sería mucho más fácil si fuésemos capaces de EDUCAR desde la tranquilidad. Utilizando un modelo educativo en positivo  que acompañe el desarrollo y crecimiento de nuestros hijos desde el respeto mutuo, el amor incondicional, la empatía y la comprensión. Donde prime el vínculo, el sentido común, la mirada cómplice y el entendimiento mutuo. Donde no haya espacio para las sanciones sin sentido, para los sermones o el mal humor.

Siendo adultos significativos que cuidan y protegen, amables y firmes al mismo tiempo. Que sepan valorar el esfuerzo, que empoderen con palabras que alienten, que quieran sin peros.

Capaces de poner consecuencias naturales y lógicas a los comportamientos no acertados. Ofreciendo el tiempo necesario para aprender y aceptando el error como parte esencial en el aprendizaje.

Los castigos no educan

¿Cómo podemos educar sin utilizar los castigos?

  1. Sabiendo que los castigos afectan negativamente al desarrollo armonioso de la personalidad y dañan seriamente la autoestima. Llenan a nuestros hijos de dolor, culpabilidad, tristeza e inseguridad.
  2. Siendo muy conscientes de nuestras propias emociones y estados de ánimos, si nosotros no estamos bien nuestros hijos tampoco lo estarán. Dedicar tiempo al autocuidado es esencial.
  3. Estableciendo normas y límites claros y pactados que den confianza y seguridad, que creen relaciones positivas y ayuden al niño a saber cómo debe actuar. Siendo coherentes entre nuestras palabras y nuestros actos y encontrando un equilibrio entre la firmeza y la amabilidad.
  4. Creando un buen VÍNCULO, una base afectiva segura. Siendo una fuente de confort y protección para ellos. Dándoles amor y afecto a diario, sin relacionar el cariño con los éxitos.
  5. Ajustando nuestras expectativas a los hijos que tenemos y no a los que nos gustaría tener. Aceptándolos de forma incondicional sin etiquetas o reproches, deseando hijos felices y no perfectos.
  6. Conociendo las características propias de cada etapa educativa para poder dar respuesta a sus necesidades. Entendiendo como se sienten, piensan o reaccionan según la fase de desarrollo en la que se encuentren.
  7. Acompañando y validando con serenidad y empatía todas las emociones que sientan. Ayudándoles a identificarlas y gestionarlas con destreza y explicándoles que no existen emociones malas o buenas.
  8. Optando por la resolución de los conflictos de forma positiva sin utilizar los castigos, los chantajes y las amenazas. Afrontando los conflictos de manera empática y estableciendo consecuencias naturales.
  9. Confiando en las capacidades de nuestros hijos, dejándoles que resuelvan sus problemas de forma autónoma y tomen sus propias decisiones sin sobreprotegerlos. Animándoles a marcarse metas valorando el esfuerzo y respetando sus ritmos evolutivos.
  10. Asumiendo que a educar se aprende a diario sin recetas mágicas y con grandes dosis de paciencia y comprensión. Aprendiendo a dejar a un lado la exigencia y siendo capaces de saborear cada instante de nuestro acompañamiento.

El mal comportamiento es el lenguaje que tienen los niños para expresar que tienen necesidades o emociones no resueltas. En vez de sancionarles por ello, aprendamos a tenderles la mano, a validar todo aquello que sienten, a mostrarnos comprensivos y disponibles creando un sentido de pertenencia.  

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Han comentado...

  1. Comprendo que la mayoría de las veces que le gritamos a nuestros hijos lo hacemos por frustración pero ¿cómo hacer que una niña de 3 años coma su porción de alimentos? Es una lucha diaria a toda hora y lo peor es que dos horas después: mami hambre.
    Le agradezco si alguna ha pasado por algo similar pues me pueda dar ideas.
    PD: ya he probado con la variación de alimentos, es un tema de que se le olvida masticar porque se distrae con facilidad.

  2. Me ha gustado mucho el artículo. Soy madre de 3 niños y la experiencia me ha enseñado que el cariño y la paciencia son más eficaces que los castigos. Además la mayoría de las veces todo se debe a una cuestión de respetar los tiempos y de que vayan madurando. Eso no significa que no se pongan límites, pero desde el diálogo y la calma (aunque a veces la perdamos jajaj).

  3. Interesante, y por otro lado a mi modo ver dificil de poner en practica en determinados aspectos… porque que otra manera hay de hacer ver a un niño de 9 años que no le interesa estudiar, y por lo tanto, se deja a veces los deberes por hacer y cada año es una lucha de notas en la agenda con cada profesora porque en clase dice que se aburre y no presta atencion ( los examenes los aprueba)… pero las notas sobre el comportamiento son constantes… como le haces reaccionar sino es “quitandole” lo que le gusta, como puede ser los juguetes la tablet etc… aun asi, se lo hacemos y no hay canvio! Pero no puede ser que no vea reaccion es su comportamiento no?
    Todo esto lleva a un sentimiento de mala por mi parte para que en definitiva todo siga igual…. es desesperante…

  4. Mi hija de 1 año empezó a morder a los compañeros nuevos en la guarde, a alguna amiga de mi hija mayor e incluso a nosotros. Le hicimos hincapié en la conducta positiva que debía tener, ya que vimos que entendía todo: “a los amigos y la familia, besitos y abrazos” (acompañándolo con un gesto de caricia) y dejamos de decir “no se muerde”. En poco tiempo dejó de morder. Tal vez te sirva nuestra experiencia.

  5. Me parece poco claro y no me ayuda mucho, la verdad. Estaría bien conocer la diferencia entre castigo y consecuencia, por ejemplo, y saber qué se considera una consecuencia natural en cada caso.
    Por poner un ejemplo, ¿cómo le enseño a un niño pequeño que no se pintan las paredes sin castigarle sin pinturas cuando lo hace?

    1. Hola Sara,
      Por si te sirve mi experiencia, tenemos una niña de 6 años y un niño de 2 años. El peque también pintaba el suelo o los muebles, a parte de decirle que no se podía hacer en esos sitios, le insistimos mucho en dónde sí lo puede hacer. Cariño, para pintar usa los papeles o la libreta, aquí sí puedes pintar.
      Se lo tuvimos que repetir varias veces (unas 5-6, no sé), pero conseguido.
      Ya nos dimos cuenta con la mayor que el NO si no va acompañado de opciones de SÍ, sirve de poco.
      Espero que te pueda servir 😉

  6. Super interesante, pero cómo gestionar la situación de un bebé de un año que pega cada vez que no se hace lo que el quiere? Le decimos no se pega, pero no vemos que cambie su actitud. Gracias

    1. Hola. Pues para combatir eficazmente la violencia incontrolada, creo que basta con paciencia, dulzura y amor incondicional. No sirven gritos o manotazos.

    2. Soy mamá de mellizos y ese problema se repite a menudo. Cuando se hacen daño o reaccionan pegándonos a nosotros los padres, yo les digo que no me gusta que lo hagan, que me hace sentir mal, me hace daño en el corazón, siempre mirándoles a los ojos y tratando de que sientan y comprendan lo que les digo. Decir No se hace tal cosa me he dado cuenta de que no funciona.

    3. Aquí un problema similar, berrinches y caprichos en niño de 2 años y medio. Los “no” los toma como lo peor que se le puede decir y gralmente responde a ellos con golpes a nosotros los papás o revoleando cosas.

    4. Espero impaciente la respuesta. Nuestro hijo tiene casi 3 años. Cuando vamos al parque es frecuente que pegue a algún niño, nada más verle, o se lance a abrazar de forma muy efusiva q las niñas un poco mayores. Sabemos que son llamadas de atención, sabemos que no hay maldad, si no que no sabe ahora mismo relacionarse de otra manera. Llevamos tiempo intentando enseñarle a acercarse a los niños, pero le sigue costando hacerlo de una manera más tranquila.

      Gracias por adelantado!

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