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Ellas opinan: aterrizaje inesperado

Ellas opinan: aterrizaje inesperado

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*Podéis seguir a esta Malamadre luchadora aquí.

Hace doce meses tenía previsto viajar a Costa Rica, de la que conocía su cultura, su idioma, su clima… Ya que me había estado preparando para este viaje durante nueve meses. Nueve meses increíbles de ilusión, preparativos, lecturas de múltiples guías… Estaba todo preparado, mochila, pasaporte y rumbo hacia el aeropuerto, una tarde del 19 de Marzo. El vuelo se hizo bastante largo la verdad, pensaba que duraría apenas pocas horas, según había leído en las guías, y según me habían comentado varias amigas que ya habían estado. Preocupada iba preguntando a los auxiliares de vuelo si estaba en el vuelo correcto, si me estaba equivocando de destino, pero me indicaron que no me preocupara de nada, que todo estaba en orden, que era lo habitual y pronto llegaríamos a destino.

Sin darme cuenta me quede profundamente dormida, pero me despertó el brusco aterrizaje del avión. Ya era al día siguiente, 20 de marzo. Escucho como la comandante de cabina indica: ¡Bienvenidos a Canadá!. Perdona, ¿a dónde a dicho?,- le dije a mi marido- me quede descolocada, ¿Canadá? No podía ser, si yo viajaba a Costa Rica. Pero si no sé nada de Canadá, no hablo su idioma, desconozco su cultura y además… no he traído ropa de invierno, si en mi maleta sólo hay dos pares de bikinis y algunos shorts… Hubo por lo visto un error humano. Un error humano que me hizo cambiar de destino, un destino de por vida, de la noche a la mañana, en el último minuto, para el cual yo no estaba preparada, y que nadie se espera, porque nunca piensas que te pueda tocar a ti. Así es como empieza mi aventura como Malamadre.

Chica de 32 años, primer embarazo (y a la primera), con un importante cargo en la empresa, con una vida social y deportiva muy activa, la cual de la noche a la mañana le cambia por completo la vida, un aterrizaje sin anestesia y sin ningún Whatsapp que te avisará con anterioridad. Voy a dejarme de florituras, y expresar las cosas como son. Después de un embarazo diez, para mí eso significa, cero vómitos, cero nauseas, cero antojos, muy activa, sin agotamiento, sin prohibiciones alimentarias, sin diabetes gestacional…. (firmaría por tener otro igual), me puse de parto en casa en la semana 41. Como toda embarazada hace en esos momentos, coge su maleta previamente preparada y me dirijo al hospital y obviamente después de diferentes pruebas ya quedé ingresada, porque había ligeramente roto la bolsa de agua. Me administraron oxitocina desde el minuto de mi ingreso para favorecer a la dilatación ya que decían que me encontraba de muy poca. La problemática es que me tuvieron con ella a todo gas durante 23 horas (lo habitual suele ser las tres o dos últimas horas para dar un input). Pasadas las 23 horas probé de llevar a cabo un parto vaginal, lo intenté durante hora y media, pero no lo conseguía y todo el mundo me decía que lo hacía genial, y que continuará, pero yo notaba que algo bien no iba dado, no notaba descender al bebe.

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Los nervios se fueron apoderando de mí

Pasado ese tiempo, los nervios se iba apoderando de mí, cada vez entraba más personal sanitario en la sala de partos, yo imaginaros abierta de par en par y todo personal comprobando como hacía los pujos (no hace falta que lo describa) y según ellos todo genial, pero como había pasado bastante rato por un lado y yo estaba agotada después de todo un día… por protocolo médico decidieron realizarme una cesárea, pero no de esas de salir corriendo al quirófano porque él bebe se encuentra en peligro o la madre, no para nada, insisto, trámite protocolario.

La situación era tan normal para la intervención que hasta la pediatra que estaba a punto de entrar en quirófano no llevaba la bata reglamentaria a la cual varios le dijeron, – eh! ¿Y la bata que? ¡A la cual respondió, bah tranquilos solo serán 15 minutos! – Y así lo pensaban todos los presentes, los que estaban dentro del quirófano como los que estaban fuera mirando por la ventana de la puerta (mi marido, la matrona y la auxiliar). Pero algo falló, en lugar de ser 15 minutos de intervención se convirtieron en 20 minutos de extracción del bebe de mi cuerpo, más 29 minutos que tardaron en reanimarlo, hasta que en la quinta inyección de adrenalina su corazón decidió de nuevo latir.

Un momento que no recuerdo

Yo apenas recuerdo nada, ya que me sedaron a los pocos minutos. Lo último recuerdo es ver la cara del profesional que me hizo la incisión que le cambio drásticamente, viendo el miedo en sus ojos y su grito de auxilio llamando que viniera corriendo la otra compañera de profesión a ayudarle que se encontraba en el quirófano contiguo. Me desperté sola en la sala de despertar con un dolor abdominal y torácico como si me hubiera pasado un ejército por encima, y a los pocos segundos apareció el profesional que me hizo la cesárea. Así como venía caminando, su rostro pálido y desencajado, lo decía todo, y me dice en tono tembloroso y lloroso: “Lo siento, no se que ha podido pasar, hemos reanimado a tu bebe durante mediante hora, lo siento, no se que ha pasado, en 17 años nunca me había pasado esto”, mientras ponía su mano sobre mi brazo intentando suavizar la situación.

Mi cara os podéis imaginar, sabía lo que suponía una falta de oxígeno en el cerebro durante tanto tiempo, si ya con 10 minutos quedan secuelas muy graves e irreversibles, cómo estaría mi bebe con una ausencia de él durante más de 29 minutos y saber el tiempo que llevaba en sin oxigeno dentro de mí. En ese momento entre en lo que se denomina situación shock postraumático.

No lloraba, no tenía irá, no respondía, simplemente respondí ante su comunicación de lo sucedido un simple: “vale”. A los pocos minutos me llevaron a la UCI, ahí es donde realmente me di cuenta de la gravedad de la situación aunque todo era tan extraño, demasiada información para mis ojos y el resto de mis sentidos en ese momento. Entro en la camilla a la UCI y lo primero que veo es a mi marido agarrado a la incubadora de transporte móvil donde estaba mi bebe, lleno de cables y donde le iban ventilando con oxigeno mecánicamente, me mira y se derrumba a llorar como en la vida lo había visto, de hecho era la primera vez en cinco años que lo conocía que lo veía llorar, vino a mi y me abrazo y entre lloros no paraba de repetir: “nuestro bebé, nuestro bebé, es clavado a ti”, yo la verdad que no veía a mi bebé, no lo reconocía.

¿Cómo podía ser mi bebe?

Era un bebe con los ojos abiertos, dilatados, lleno de cables dentro de una incubadora, debatiéndose entre la vida y la muerte y rodeado de profesionales sanitarios, esperando a que se estabilizaran sus constantes para transportarlo a un hospital universitario, el único hospital de la comunidad donde se le aplica una terapia clínica que en otros hospitales no hacen. Al ingresar en el nuevo hospital, en la UCIN, el pronóstico era muy grave, no sabía si sobreviviría, en sus primeras 24 horas de vida no había actividad neuronal, es decir, estaba muerto neurológicamente, lo que comúnmente y mal dicho se suele decir “un vegetal”. Entre otras cosas nos dijeron que en cualquier momento le podría dar un paro cardiaco, que sus lesiones eran muy graves, y que esperarían al tercer día a decidir que hacer o no con el (si continuar dándole la vida) en base a una resonancia.

Yo como madre, ¿cómo podía enamorarme de una cosa tan pequeña? Si igual perdía la vida. No sentía apenas conexión con él, si todo el mundo me decía que era mi bebé, pero yo no me lo sentía mío, pero no por eso lo rechacé todo lo contrario intenté en la mayor medida posible no separarme de él, tocarle hablarle, cantarle, acariciarle, respirar a su lado…y así durante el mes y medio que estuvo ingresado. Han pasado 12 meses, y es ahora cuando me viene el sentimiento de Malamadre. ¿Por qué? Por no haber conseguido hasta hace poco sentirme vinculada con mi hijo, por haber deseado en ese momento después del parto que no lo hubiera reanimado y sobre todo el sentirme por mal por pensar… ¿y si?, ¿y si?

Agradecida por traer una vida al mundo

Pero te das cuenta, que del Y SI, no se puede vivir, sería un continuo bucle infinito agotador, no os voy a engañar, duele a día de hoy y creo que situaciones como estás nunca se olvidarán y dolor siempre hallará en mayor o menor medida dentro de si, sobretodo cuando le miro a los ojos y empiezo a pensar. Pero del duelo del hijo idealizado no puedes vivir toda la vida, o mejor dicho toda su vida, hay que pasarlo, es una necesidad pero no es un modo de vivir que quiere tener para siempre, prefiero disfrutarlo de el antes de que seguir derramando día a día una lagrima por lo que sucedió, porque al fin y al cabo, SUCEDIÓ, y el pasado no cambia, simplemente se queda ahí y forma parte día a día de nuestra existencia, siendo está una cicatriz más que llevo encima y que dice quien soy. Una Malamadre enormemente agradecida por haber traído al mundo una vida.

Una nueva vida repleta de inocencia y amor, y unas ganas de vivir la vida y quedarse en este mundo durante mucho tiempo, me lo ha demostrado desde el primer segundo de vida, ÉL HA NACIDO PARA LUCHAR, y yo desde ese momento DECIDÍ LUCHAR POR TODA AQUELLA PERSONA QUE LO HICIERA, y no puedo sentirme más satisfecha por haber conseguido llegar a éste nivel y poder vivir todo lo que me esta ofreciendo esta nueva etapa de madre y sobre todo crecer como persona, porque está sacando de mi todo aquello que ni yo me creía capaz y sobre todo me ha quitado un gran venda en los ojos que al ser adultos aparece pero que durante la infancia es inexistente, el volver a ese mundo repleto de humanidad, solidario, sinceridad y sobretodo repleto AMOR, cuando hablo de AMOR, hablo del verdadero, del que sale dentro, del que un día se manifiesta y no de un te quiero, me quieres, regalito va, cenita aquí… no, no, amor universal y eso le tengo que dar la gracias a mi bebé a conseguirlo. El AMOR es la clave de todo, cuando haces las cosas con amor, el mundo cambia alrededor de ti y las personas que están a tu lado no están. Cuando hay esa ausencia de él, las cosas de tu alrededor se marchitan. Porque las cosas no son buenas, ni malas, simplemente SON.

Y vosotras Malasmadres, ¿habéis pasado por esta situación? Podéis dejarle hoy vuestros mensajes a esta Malamadre y su pequeño guerrero.

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Han comentado...

  1. Hermosa Familia !!! Que Dios los bendiga siempre !! Gracias por compartir tu historia, es hermoso ver cómo este pequeño guerrero nos da un ejemplo de superación, mis más bellos deseos.

  2. Buf! Que decirte! Que me siento una puñetera privilegiada, viendo a mi peque entre las lágrimas, después de leer tu historia.
    Sois un ejemplo a seguir, unos héroes! Y de Orión, que decir… es un campeón!!! Un muñeco, me lo zampo!!!
    Desde aquí un beso y un abrazo enormes! Todo mi cariño y toda la fuerza del mundo para los tres! Os merecéis todo lo mejor que la vida, os pueda regalar! ?

  3. Cuando nació mi primer hijo no respiró, tuvo parada, fue salir y llevárselo, todo silencio… No pregunté y no me decían nada, solo que tenían que “espabilarlo”; yo sabía que no iba bien, no era normal, pero gracias a Dios soy una persona que sabe conservar la calma y no quise presipitsrme a ser pesimista… Al poco rato llegó la pediatra y me lo enseñó, fue un respiro!! Estaba moviendo sus manitas y echando babitas… Ya después, en mi habitación (y él en el nido) me explicaron que estuvo sin respirar muy poco tiempo, no llegó ni a un minuto, la pediatra estaba cerca y se actuó rápido… Me dijeron que había tragado mucosidad, y eso no le dejó respirar, que estaba bien pero que tenía que seguir un control neurológico durante el primer mes. Las pruebas del hospital salieron todas bien, cuatro días y nos fuimos a casa. Después, el neuropediatra le hizo un seguimiento el mes siguiente, y perfecto, no tenía ninguna consecuencia neurológica. A mí mi marido desde el principio me dijo que sus ritmo cardíaco había estado en mínimos, a los tres años me confesó que lo que realmente pasó fue que tuvo parada cardiaca, pero que no me lo quiso decir para no hacerme daño. Gracias a Dios hoy mi hijo está muy bien, hay cosas que no recuerdo de ese día, creo que el cerebro bloquea lo que hace daño; no me gusta recordar ese día, algo que debiera ser un motivo de tanta felicidad, en un segundo se convierte en triste, aún así soy afortunada.

  4. Vaya historia, confieso que me he emocionado. Nosotros tenemos un bebé prematuro, nació con 31 semanas y 970 grs. Mi cesárea si que fue de urgencia, dejó de haber bienestar fetal… Ahora tiene 21 meses y sin secuelas, es un pequeño terremoto, lleno de vitalidad.

  5. Impresionante el coraje, fuerza y aprendizaje que nos enseña la malamadre de Orión.
    A veces los viajes menos preparados ni idealizados se convierten en los más enriquecedores!!!!
    Gracias por compartir tu experiencia. Un beso enorme

  6. Eres todo terreno aunque te pongan piedras en el camino sabes como salir y avanzar….
    Menos mal que habéis sacado fuerzas de todos lados y que habéis salido hacia delante con gran sacrificio y mérito.
    Además como bien dices Orión ha nacido luchando y vosotros seguiremos luchando porque no hay derecho que se supone que estás personas llamadas médicos hagan negligencias de este tipo!
    Un beso enorme porque realmente eres una SUPERMAMA

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