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Ellas opinan: una historia de amor sin rencor

Ellas opinan: una historia de amor sin rencor

Raquel sabe lo que es llevar la maternidad en solitario. Ella fue una de las ganadoras del concurso que lanzamos por el ‘Día del libro’ y hoy os traemos su relato. Tras tres años de tratamientos, insufribles y largos como describe ella misma, tuvo a sus buenoshijos mellizos. Al mes de nacer, el buenpadre decide que necesita coger aire y se marcha a 8.000 kilómetros a su país de origen, su hermana viene al rescate y tras dos años decide finalmente separarse. Se define como “madre soltera, autónoma, con la familia donde da la vuelta el viento, y con esas ayudas inmensas proporcionadas por el Estado a mujeres de mi perfil”. 

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*Podéis seguirla en Twitter.

Esta es una historia de amor, de amor dado y amor recibido, donde no hay rencor, y aunque en ocasiones aún quede un poco de dolor, hay mucho perdón y compasión. Mis mellizos hoy tienen 12 años (empiezo por el final porque ya respiro … algo), pero mi historia comienza en una clínica de fertilidad (creo que hasta para eso éramos incompatibles el padre y servidora, no leí las señales, me suele pasar en cuestiones amorosas, jjjjj). Juro recurrir a un banco de esperma la siguiente vez, aunque ahora que lo pienso, no habrá próxima vez.

Por donde iba… cuando empiezas con un tratamiento para ser madre todo son pruebas, pinchazos, hormonas a flor de piel, acné, lloros por las pérdidas, y constante esperanza porque confías en que algún día podrás lograr ser madre.

3 años de tratamientos para ser madre

Y sí, después de un largo proceso, tres largos e insufribles años, muchos tratamientos, bastantes sinsabores, y 15 kilos de más en mi barriga gemelar, nacieron Sergio y Julia (venían tres, ay madre). Iba a adjuntar foto quedando de madre babosa, pero algún día mis hijos me lo podrían echar en cara…

A los 20 días de nacer, el papá de las criaturas decidió pasar un mes fuera, en su país, necesitaba aire, entre otros motivos que no vienen al caso (ups). Mis padres vivían en Granada, y mis hermanas también fuera. No digo más na…

Pero como la familia es grande, mi hermana mayor, la cuidadora desde que nació, llegó a mi rescate con su capa de superwoman. Nos metió a mis churumbeles y a mí en su Ford Fiesta, y entre hipidos y lágrimas cogimos rumbo a Málaga. Organizó mi vida y mis emociones, y consiguió que no consumiese litio en las noches de insomnio, vómitos, pañales y dudas.

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La separación llegó a los dos años

Cuando mis hijos tenían dos años, y después de no pocos desvelos, sentí que ya había llorado suficiente, y decidí separarme. El buenpadre se largó raudo y veloz a 8000 km (en plan, voy a buscar tabaco y ya vuelvo, he de puntualizar que no fumaba) y aquí me quedé en Madrid, yo con mis “mellis”, “alone” y “NACIDA PA LUCHAR”. Y de aquellos polvos … estos lodos.

Cómo soy de abrir melones, y pensando en que mis hijos necesitaban un referente claro y constante en su vida, aproveché la gran estabilidad que tenía, para dejar mi empresa (dónde la conciliación no es que estuviese muy bien vista) para ejercer mi profesión cómo autónoma (o freelance, que suena a lo mismo, pero con más glamour).

Madre soltera, autónoma, con la familia donde da la vuelta el viento, y con esas ayudas inmensas proporcionadas por el Estado a mujeres de mi perfil (voy a darle una vuelta a esta frase, que no la veo clara).

Recuerdo que una gran amiga, mi amiga del alma, me dijo en un momento de debilidad y con una copa en la mano: “Ra, dicen que los principales motivos que causan depresión son un divorcio, una mudanza, y un cambio de trabajo. Tu lo has hecho todo a la vez, no sé como te mantienes en pie”. Y seguimos en pie, y siempre subidas en unos taconazos de vértigo, que sencillas sencillas no es que seamos.

En mitad de la crianza, mi padre enferma de cáncer y muere al año y medio (luchando hasta el último momento y despidiéndose de la vida con los deberes hechos, como uno se debe ir). Mi madre decide olvidar la muerte de mi padre, porque la memoria es dolorosa, y se parapeta en el Alzheimer (ella muere de amor, a los dos años de que el hombre con el que compartió cincuenta años se fuese).

Hoy han pasado 10 años desde que inicié mi vida en soledad con mis hijos, y tres desde que murió mi madre. Somos “casi siempre” felices, con nuestras nubes y claros. Incluso soy la envidia de mis amigas por decidir sola, entrar y salir sola (no siempre, que también hago mis pinitos por ahí) y equivocarme sola. Y lo más importante, no comparto el armario con nadie, “toito pa mí”.

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*Raquel con sus mellizos Julia y Sergio.

Hoy por hoy, pienso que mi vida no solo es mía, y no solo la he hecho yo. Son mis hermanas las que me rescatan, mis amigas las que me escuchan, las incondicionales, las que me tiran chocolate por la puerta de mi casa cuando no quiero salir ni ver a nadie. Son ellas, las mujeres de mi vida, las que, con botella de vino en mano, llaman a mi puerta o me hacen embutirme mis vaqueros (en los que ya me cuesta entrar) para que salga a “bailar mis penas” o a llorar mis añoranzas.

Y luego están ellos, los protagonistas de esta historia y de mi vida, Sergio y Julia, los que no me ven llorar pero perciben lo que me duele, por los que he tomado las decisiones más importante de mi vida, y no siempre las más fáciles, los incondicionales, los amores de mi vida.

La maternidad en soledad a veces pesa, y otras alivia, pero con paciencia, constancia y templanza creo que he logrado una vida para mi y para mis hijos bastante “apañá”. Voy a decirlo bajito que empiezo a convivir con dos adolescentes. ¡Ayyyyyyyy!

Para terminar solo comentar que he hecho mía la frase de Chaplin “La vida es maravillosa si no le tienes miedo”.

Este es el estracto de mis últimas luchas y años de vida, en mi siguiente reencarnación me pido algo más tranquilo. O no…..

¡Gracias por leerme!

Raquel

Una Malamadre de vida intensa, que no siempre usa la razón, y decide con el corazón.

PD1. He decido obviar mis capítulos amorosos, no sé si son publicables, aunque si interesantes.

PD2. Si queréis que alargue la historia necesitaré una copa de vino, o dos … (que viva el vino y las mujeres).

PD3. He de añadir que la relación con el escapista que huyó del país es buena (por aquello de educar en el amor a mis nenes), ve a sus hijos un par de veces al año, y cuando viene a verlos se queda en mi casa, con mis hijos, mi coche y la chica que trabaja en casa. Si le doy la tarjeta de crédito iré directa al cielo 😉

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Han comentado...

  1. Sin duda una historia de valentía y superación, sin perder ni una pizca de humor, no te bajes nunca de esos tacones.
    Ah!! Y suerte con la adolescencia….

  2. Emocionada me hallo, a la vez que me encanta ese buen humor.
    Creo que solo se te puede dar la enhorabuena 🙂

  3. Jajajaj. Gracias Laura. Los tacones irán conmigo hasta que el cuerpo aguante!!!! Y de la adolescencia ….iré informando ????

  4. Chapeau, Raquel. Gran luchadora, gran historia, que hacen grande la condición de mujer.

  5. Madre mía! Salvo en algunos detalles, me reconozco en ti Si hasta el buen padre también se ha quedado en casa cuando no podía costearse alojamiento.
    Nadie sabe por lo que ha pasado hasta que echa la vista atrás. Y nadie sabe su capacidad de aguante hasta que la ponen a prueba.
    Nena tú vales mucho!

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