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11F, Inteligencia Artificial y sesgos de género: proteger y empoderar a la infancia y adolescencia

11F, Inteligencia Artificial y sesgos de género: proteger y empoderar a la infancia y adolescencia

Por Susana Romero, ingeniera química, especialista en seguridad y salud laboral, experta en bienestar digital, mentora STEM y Malamadre,

Cada 11 de febrero conmemoramos el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, proclamado por la ONU en 2015. No es una fecha simbólica más, sino un recordatorio necesario de que el talento femenino sigue encontrando barreras para acceder, permanecer y liderar en los ámbitos científicos y tecnológicos.

En 2026, la ONU y la UNESCO ponen el foco del 11F en un enfoque de cuatro pilares para construir un futuro inclusivo para mujeres y niñas: inteligencia artificial, ciencias sociales, disciplinas STEM y sistema financiero. Desde España, la iniciativa ciudadana 11F se suma a esta celebración coordinando y difundiendo los cientos de actividades que se realizan en colegios, institutos, universidades y espacios culturales, poniendo el acento este año en una cuestión especialmente relevante para las familias: los sesgos de género en la inteligencia artificial.

La mínima presencia de mujeres como referentes en la educación escolar y una La escasa representación femenina entre los referentes visibles en la educación escolar y una socialización , también digital. cargada de estereotipos se combinan con una tecnología diseñada desde miradas poco diversas. Estos sesgos, presentes desde el diseño de productos y servicios digitales, hacen que en un mundo cada vez más tecnológico la desigualdad digital se traduzca también en desigualdad social y económica.

Sesgos de género en la IA: cuando la tecnología no es neutral

La inteligencia artificial ya forma parte de nuestra vida cotidiana y, cada vez más, de la de nuestros hijos e hijas. Desde buscadores hasta sistemas educativos, sanitarios o financieros, la IA analiza datos y toma decisiones con una rapidez inédita. Pero no es neutral: aprende de datos que reflejan una sociedad desigual.

Los sesgos de género pueden aparecer en los datos de entrenamiento, en las etiquetas humanas, en el diseño de los modelos o en la falta de diversidad de los equipos que desarrollan la tecnología. El resultado es una IA que reproduce estereotipos, invisibiliza a las mujeres y condiciona oportunidades desde edades tempranas.

Por eso, aumentar la participación femenina en STEM no es solo una cuestión de justicia social, sino una condición imprescindible para construir una tecnología más ética, inclusiva y representativa desde su origen.

En la infancia y la adolescencia, estos sesgos tienen un impacto especialmente delicado. Entre los principales retos a los que nos enfrentamos las familias son:

  • Bienestar mental: dependencia emocional de la IA, aumento de ansiedad o dificultad para diferenciar lo virtual de lo real.
  • Desarrollo social y conductual: sustitución de relaciones humanas y normalización de conductas tóxicas.
  • Sesgos y discriminación: refuerzo de estereotipos de género y generación de contenido excluyente.
  • Privacidad y seguridad: exposición de datos personales o uso de imágenes sin consentimiento.

Yo No Renuncio a una tecnología que cuide a la infancia

Desde el movimiento Yo No Renuncio llevamos años señalando que la conciliación, la corresponsabilidad y el bienestar no pueden seguir recayendo solo en las mujeres. En el entorno digital ocurre algo muy similar: no podemos delegar toda la responsabilidad en las familias sin ofrecer información, recursos y marcos de protección adecuados.

La inteligencia artificial no tiene por qué ser un enemigo. Desde el diseño, puede y debe convertirse en un aliado. Para ello es imprescindible actuar de forma coordinada:

  • Protección desde el diseño, incorporando salvaguardas específicas para la infancia.
  • Mejorar la moderación, con sistemas capaces de detectar patrones de riesgo y no solo contenido explícito.
  • Educación digital con perspectiva de género, que fomente el pensamiento crítico y la detección de sesgos.
  • Acompañamiento familiar, ofreciendo información y herramientas para establecer límites y dialogar sobre el uso de la IA sin culpa ni miedo.
  • Formación profesional, especialmente para docentes y profesionales sanitarios.
  • Políticas públicas, que prioricen el bienestar infantil y la equidad de género en el desarrollo tecnológico.

Mirada personal: ciencia, tecnología y maternidad

Desde mi experiencia profesional sé que la prevención funciona cuando se actúa a tiempo y desde el diseño. Desde mi experiencia como madre, sé que necesitamos menos culpa y más acompañamiento. Tengo claro que no podemos renunciar a una tecnología que proteja, incluya y empodere a la infancia.

En este 11 de febrero, reivindicar a la mujer y la niña en la ciencia también significa exigir una inteligencia artificial que no reproduzca desigualdades, sino que ayude a construir un futuro más justo. Porque el futuro digital será feminista, corresponsable y saludable… o no será.

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