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Lo que pongo de mi parte

Lo que pongo de mi parte

Cuando tenemos un conflicto con alguien, incluso con la pareja o los buenoshijos, automáticamente pensamos que la culpa es del otro. Nos cuesta analizar si quizá nuestro comportamiento en algún momento ha desencadenado también la discusión, el enfado o la pelea. Hoy nuestra colaboradora y coach Leonor Cabrera nos invita a ponernos en el lugar del otro y a hacer esta reflexión en tres pasos. ¡No te pierdas este interesante post!

¿Cuántas veces has sentido que la persona que tenías enfrente ni te entendía ni quería hacerlo? Es más, seguro que en ocasiones incluso has pensado que deseaba con toda su fuerza amargarte la existencia y que su único cometido en la vida era hacerte la tuya más difícil.

Incluso has podido pensar esto de personas cercanas, a las que quieres y amas, como la pareja, los buenos hijos o alguna amistad. ¿Cuántas veces te has sentido ninguneada, atacada o incomprendida? Seguro que muchas y que eso ha generado en ti un gran sufrimiento y dolor.

Cuando nos sucede esto, nuestro primer reflejo es echar la culpa al otro. Sentir enfado, rabia, asco, tristeza o cualquier otra emoción de esas que nos desbordan y la única salida que vemos es echar la culpa a la persona que tenemos delante, que al fin y al cabo es quien nos ha hecho pasar por todas esas emociones negativas.

El problema es que cuando echamos la culpa al otro delegamos nuestra responsabilidad y ponemos en manos de la otra persona la solución al conflicto. Aquí hay una pregunta que puede resultar mágica y que nos puede abrir una puerta hasta ahora invisible y esa pregunta es: “¿qué he puesto yo de mi parte?”.

Ya sé que la respuesta que te asaltará en un primer momento es ‘nada’, pero lo que te planteo es que vayas más allá de lo superficial y que profundices un poco, porque esa profundización te ayudará a conocerte más y a ver la vida desde un ángulo menos doloroso.

Acción y reacción

Imagínate que la personas estamos unidas por un hilo. En el momento en el que tú te mueves, ese hilo que te conecta con alguien cercano también se mueve, de modo que en el momento en el que tú haces cierto movimiento, que puede ser un gesto o un comentario, esa persona reacciona de alguna manera.

Hace unos días tuve un conflicto de ese tipo con mi pareja. De repente se enfadó conmigo por algo que había dejado en medio de la cocina y mi primera reacción fue enfadarme yo también, ponerme seria y pensar “vaya cabreo que tiene hoy”. Sin embargo, me paré un poco y comencé a preguntarme qué estaba poniendo yo de mi parte para que ese enfado se diera. Fue entonces cuando me di cuenta de que en el trabajo había sido un día duro para mí, que había llegado a casa acelerada y sin ganas de hablar y que apenas había saludado con un gruñido. Pues sí parecía que estaba poniendo algo de mi parte para que ese clima enrarecido se diera en la casa.

Hay un ejercicio proveniente de la Programación Neuro Lingüística (PNL) que te permitirá tener una nueva mirada sobre estas situaciones y ver qué has puesto tú de tu parte para que el conflicto se dé.

El ejercicio consiste en marcar en el suelo tres posiciones, como la base de un triángulo, e ir pasando por esas tres posiciones mientras revivimos el conflicto como si estuviéramos reviviendo la escena de una película. Las dos primeras están enfrentadas, como si estuvieran conversando, mientras que la tercera es la del observador externo que puede ver la conversación de los otros dos desde un lugar neutro.

Primera posición

Es la que se hace desde la propia perspectiva. Uno ve, oye y siente por completo la experiencia dentro de la propia piel. Cuando se trata de recuerdo se pueden ‘revivir’ en detalle casi con las mismas emociones, imágenes, sonidos y sensaciones. En otras palabras, uno se encuentra asociado por completo a la experiencia. Es en la que se toma en consideración nuestro propio punto de vista. Por eso la denominamos como Posición Uno Mismo. Sólo podemos evaluar lo que nosotros pensamos, sentimos y hacemos. Estamos metidos en nuestros propios zapatos: nos quedamos fijados a nuestra propia perspectiva.

Segunda posición

Se trata de percibir desde la perspectiva del otro: ver, oír y sentir como él. Dichos populares como ‘ponerse en el lugar del otro’, ‘meterse en la piel del otro’, ‘ponerse en los zapatos del otro’ describen muy bien esta posición. Es la posición de la empatía, pues asimila por completo la experiencia ajena como si se estuviera viviendo en carne propia. Se trata de actuar como si fuéramos el otro y de sintonizarnos con sus pensamientos y sentimientos para así comprender por el momento que está pasando y sobre su vivencia respecto a nuestra actitud.

Tercera posición

En esta posición la perspectiva es como la de un observador disociado de la experiencia original. Es como si estuvieras viendo una película con dos actores sobre el suceso que ha resultado conflictivo. Esos dos actores son tú y la persona con quien has tenido el conflicto. Sería algo así como ver lo que ha sucedido como si fuera una obra de teatro. Al disociarse, la persona se separa de la experiencia emocional y puede observar más objetivamente. En esta posición te darás cuenta de los recursos que necesitas, de qué has puesto de tu parte para que se dé el conflicto y de qué puedes hacer para que esa relación mejore.

¿Te has dado cuenta de algo haciéndote la pregunta de qué has puesto tú de tu parte y haciendo este ejercicio? ¿Has podido entender, aunque sea un poco, la reacción de esa persona? Me encantaría leerte ahí abajo, en los comentarios.

Antes de irnos…

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Han comentado...

  1. Hola … pues es verdad ! ! No me había parado a pensar nunca la situación desde esa perspectiva. Creo que me has ayudado mucho y que a partir de ahora voy hacerme esa pregunta con más frecuencia.

  2. Leonor,

    Me ha encantado este post. Muy bien.

    Gracias por tus reflexiones, son de gran utilidad. Yo hace un tiempo que estoy poniendo en práctica alguna de estas “posiciones” y funciona.

  3. Qué interesante me ha parecido, y qué bien explicado! Según lo has contando sirve de ayuda para aplicarlo en cualquier ámbito de la vida y así afrontar las disputas con sentido común.
    Muchas gracias!

  4. Gracias, Leonor. Actualmente vivo con mi pareja en el extranjero. Tenemos dos hijas de corta edad y muchas veces me he dado cuenta de que discutimos, aunque en el fondo del asunto no mantenemos opiniones tan dispares. El cansancio, el estrés y nuestra situación particular hace que muchas veces nos enzarcemos en intercambios verbales que cada vez son más hostiles, y una vez entras en ese bucle, es difícil dar un paso atrás e intentar asumir que no siempre todo es culpa del otro. Posts como este nos pueden ayudar mucho a planteranos las cosas de forma diferente.

  5. Yo acabo de tener un conflicto con mi madre por querer invitar a la familia a mi cumpleaños y que no tengo dinero etc,y la verdad se que lo hace por mí bien pero no me pongo en sumpiel,me quita la ilusión de querer hacer cosas

  6. En casa tuve un conflicto, porque con los 2 buenoshijos y el buenpadre presentes en otras habitaciones; me atraganté. Lo pase muy muy mal, y ninguno vino a preguntar por mí. Me enfade muchísimo con el buenpadre y a los dos dias le dije: me siento abandonada. Él contestó: yo me siento reñido por tí, porque me puse a gritarle cuando me recuperé. Una forma de triangular la situación.

  7. Me encanto el ejercicio y me parece excelente aplicarlo en situaciones futuras y De lo q más me convenzo es que la mayoría de las veces sería mejor ver la situacion primero como el tercero q observa. No es bueno tomarse las cosas personales.
    Me encanta este blog y aplico mucho de lo q aquí leo pues el proceso de criar a un buenhijo necesita de mucha ayuda y consejo. Gracias

  8. Y ¿qué hacer cuando tú pones de tu parte y la otra persona no lo hace? Intento reflexionar sobre mis actos, estamos un par de semanas bien y, cuando el ambiente se relaja, volvemos a engancharnos. No digo que yo sea perfecta, pero él tampoco lo es y muchas veces siento que no se da cuenta de que la mayor parte de las veces la que carga con la responsabilidad de la crianza soy yo.

    Intento ponerme en su lugar, pero cuando ves indiferencia sobre ciertos aspectos (la niña está llorando y me busca a mí, intento hacer la cena y se me pega a la pierna, etc.) la sangre me hierve…

    Gracias por el post y por el blog. ¡Me encanta!

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