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Pero mamá, sé tú misma…

Pero mamá, sé tú misma…

Sábado pasado a las 8 de la mañana.

Mientras ella dibuja, yo me arreglo en el salón. Sí, mis hijas son así, madrugadoras como ellas solas. Por mucho que tú te levantes de puntillas, cual ninja a punto de desactivar una bomba con cuenta atrás, por mucho que no tires de la cisterna para no levantar sospechas y casi no respires, ellas tienen un sensor que detecta cada uno de mis movimientos, los del buenpadre no, esto es más que curioso. Igual que son capaces de sentir ese momento en el que me siento en el sofá por primera vez en el día para gritar: “mamá, pipi”, también son capaces de captar el sonido imperceptible de cuando pongo un pie en el suelo al levantarme de la cama. Eso o que nacieron con un reloj interno que les hace que como tarde a las 7 y media abran los ojos. Una suerte, sí, lo sé. Eso sí, comer comen como limas. Así que ellas a las 8 de un sábado ya se han despertado, se han aburrido y están a pleno rendimiento. La Niña Intensa sacando todos los juguetes del cuarto y la buenahija1 pintando.

Yo normalmente un sábado me despierto al son de sus gritos, pero con calma, con ritmo “sabrosón”, remoloneando, pidiéndoles que se vayan a jugar solas (como si eso fuera a ocurrir) y viendo la vida pasar un poco más lenta, que ya bastante corro entre semana. Pero el sábado pasado no pude disfrutar de esa zona de confort a mi ritmo porque participaba de ponente en un evento. Así que allí estábamos ella y yo en el salón, yo terminando de vestirme y ella afanada en sus obras de arte, cuando miro el reloj y me digo: “llego tardeeeeee”. Voy a coger los zapatos y…

DILEMA, duda existencial. ¿Tacón o no tacón? Claro, empecé a repasar el programa y pensé: “vaya nivel Maribel”. Así que me planté frente al espejo vestida con un tacón en un pie y una zapatilla en el otro pie… Los sábados, tened en cuenta que las neuronas y los reflejos no me responden, así que ahí estaba yo, sabiendo que llegaría tarde si no me iba, pero sin saber qué hacer, murmurando, “no sé, no sé”.

Hasta que Julia levantó la cabeza del papel y me soltó:

  • Pero… ¡Mamá!, ¡sé tú misma!!

En ese momento sentí ese orgullo de Malamadre que te recorre la piel desde la cabeza a la punta de los pies. Sentí que no lo estoy haciendo tan mal como creo tantas veces si ella tiene esos pensamientos y esa determinación. O quizás nada tiene que ver conmigo porque ELLA es así de especial y me estoy atribuyendo algo que no me pertenece.

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Y de nuevo me dio una lección de vida. No se trata de si tacón o zapatilla porque a veces voy con taconazo y otras veces me tiro semanas con zapatillas. Se trata más bien de qué quiero yo, de por qué estoy dudando. Si esas dudas me vienen por los demás, ¡error! Porque yo tenía mis razones para ir en zapatillas, me quedaba un día larguísimo y prefería ir cómoda, además se puede ir arreglada en zapatillas, ¡qué liberación la nuestra! Ella me enseñó a mí con esa frase mucho más. “Ser yo misma”, no olvidarme de mí, de quién soy y cuál es mi historia, NUNCA. Estoy segura de que esa frase que me dijo casi cabreada, sin entender por qué yo llevaba 5 minutos sin saber qué hacer, me ayudó el sábado a sentirme más segura en la charla, a arrancar esos aplausos cuando contaba mis anécdotas de Malamadre y a llevar mi autenticidad conmigo. Eso sí, los tacones los eché en la mochila, por si acaso…

No perdamos nunca nuestra esencia y quiénes somos porque eso nos hace auténticas y nos acompaña siempre. Ojalá eso lo hubiera tenido tan claro como ella con tan solo 7 años o al menos con 20. Me llegó a mí esa determinación demasiado tarde. Pero no nos vengamos arriba porque ella no siempre se siente tan segura, porque ella también duda y le quedan años muy duros. Pero ahí estaré yo para decirle:

  • Pero… ¡Hija! ¡Sé tú misma!

Mis recomendaciones de viernes…

Y hoy, antes de irme, os quiero recomendar dos cosas:

  1. La mesa redonda en la que participé el sábado, en zapatillas… que podéis ver AQUÍ. Yo no la he visto, casi nunca veo los vídeos. Me gusta quedarme con las sensaciones vividas, que seguro que son más buenas que la realidad.
  2. Este libro maravilloso que ya su título lo dice todo: “yo voy conmigo” y que cuenta la historia de una niña que quería gustar a los demás y por gustar a los demás dejó de ser ella y se perdió en el mundo. Cuando ya gustaba a los demás, se dio cuenta de que ahora era ella la que no se encontraba y decidió recuperar su esencia. ¡Es precioso! Me emocionó muchísimo la primera vez que lo leí en un taller de las chicas maravillosas de Va de cuentos.

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Feliz viernes y no dejar de ser vosotras mismas, Malasmadres. Contadme esa lección que os ha dado esta semana la buenahija o el buenhijo.

Han comentado...

  1. El buen hijo me da lecciones cada día y la buena hija… más incluso. El otro día les insistía en la importancia de ir arreglados a según qué eventos. Y ambos coincidieron al decirme…”cada uno es como es y tiene que ir como quiera”. Encima a apoyándose uno en la otra. Y me sentí muuuuuy orgullosa de su respuesta, porque como tú, pensé que el mensaje va calando. Y es la mejor manera de ver que no lo estamos haciendo tan mal. Menos autocrítica!
    Ahora queda explicar las excepciones 😂🤣😅 porque hay momentos para ir como quieras y los que hay para ir acordes a la situación. Bicos mil.

  2. CUANDO VEO A MI HIJA DE 29 AÑOS, COMO SE DESENVUELVE , COMO DECIDE, COMO CRIA A SU NIÑA, { SI SEÑORAS, SOY ABUELA YA} ME SIENTO ORGULLOSA DE COMO SIENDO YO MISMA Y HE CRIADO UNA MUJER SEGURA Y CON PRINCIPIOS , A PESAR DE Q A ELLA AUN LE PARECE Q TODO LO HA CONSEGUIDO SOLA, SIN NUESTRA INTERVENCIÓN. EN FIN, LLORO MUCHO PERO SIGO CON LA ESPERANZA DE Q ALGUN DIA SE DARA CUENTA DE Q NOSOTROS TB FUIMOS NOSOTROS MISMOS. DE Q LUCHAMOS POR HACERLA INDEPENDIENTE Y SEGURA DE SI MISMA Y A LA ESPERA DE SU ” GRACIAS POR TODO LO Q ME QUEREIS”

  3. Cuando somos niños somos más listos, más sinceros. Más todo. Con la edad vamos perdiendo la esencia. Yo soy super ordenada. A veces me paso. Y quiero que mi hija que tiene nueve años, sea así. Un día me dijo: “Mamá, a lo mejor yo no quiero ser tan perfectita como tu. A lo mejor yo quiero ser desornedada.” Creo que v voy por buen camino.

  4. Cómo son lxs niñxs, que nos hacen de espejo, eh?
    A mí me pasa continuamente con mis niñxs del piso de protección de menores, te dan lecciones continuamente de cómo mirarnos y querernos.
    Me alegra ver que disfrutáis de los cuentos igual que nosotras 🙂
    Un abrazo grande!

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