Cuando hablamos de la falta de corresponsabilidad de los hombres padres, que no asumen el cuidado y las tareas doméstico-familiares como deberían, las que se ofenden son las mujeres, las madres, nosotras. Las parejas que sufrimos la falta de implicación de ellos y que asumimos toda la carga mental.
Es un fenómeno curioso. ¿Nos da miedo darnos cuenta de que ese padre que nos acompaña en la vida de nuestros hijos e hijas no es corresponsable? ¿Nos cuesta asumir que sí, que “ayuda”, que si le decimos “haz esto o lo otro”, lo hace, pero que eso no es tomar parte de los cuidados y la crianza? ¿Somos cómplices de que las estructuras de la desigualdad no se muevan? ¿Quizás lo hacemos de manera inconscientes para no sentir que el problema es nuestro? ¿Sabemos realmente qué es la corresponsabilidad?
Cuando la falta de corresponsabilidad está presente en la mayoría de los hogares españoles el problema es social, no individual. Esto creo que alivia, que te coloca en otro lugar, que te hace sentir más acompañada y menos sola.

Hacer equipo es compartir todo, las tareas visibles, aquellas que tienen mayor reconocimiento social, que se pueden cuantificar, que tienen un inicio y un fin y también las tareas invisibles, las que pesan infinito, las que nos colapsan y mantienen en alerta 24/7 porque están siempre presentes en nuestra cabeza mientras hacemos el resto de tareas diarias. Estas últimas son las tareas de previsión, organización, planificación cuando las visibles son tareas de ejecución. La carga mental pesa demasiado, pero es invisible y este es el principal problema. Porque si no la ponemos sobre la mesa, si no la identificamos, si no hablamos de ella para compartirla seguimos asumiéndola hasta que un día “no podemos más”, hasta que nos afecta tanto a nuestra salud que ese día que no podemos más, nos rompemos, gritamos, parecemos “unas locas desquiciadas”, que ahora hemos cambiado y exigimos más de lo esperado.
Y entonces llegan esas frases de “¿qué más quieres?”, “¿es que nunca tienes suficiente?” o “has cambiado y ya no te conformas con lo mismo”, por parte de la pareja. Y por parte de la sociedad: “pues no haber tenido hijos/as”. Para que además de la carga mental, nos empuje la culpa por no ser suficientes.
El camino ideal es la comunicación, lo sabemos, sentarnos, hablar, poner en papel las tareas que cada uno/a hacemos y a partir de ahí hacer un plan de trabajo porque sí, criar es un trabajo, durísimo y no reconocido, que necesita de orden, planificación, reparto y acuerdo. Los datos lo dejan claro, según el INE seguimos haciendo las mujeres el doble de horas de trabajo doméstico y según nuestro último estudio “el 86% de las mujeres madres asume la carga mental de las tareas de cuidado en soledad”. Datos que duelen porque nada cambiará si no somos nosotras las que primeros nos damos cuenta. Sí, lo sé, más peso para nuestra mochila. Pero recordad que a día de hoy si no fuera por la lucha feminista los hombres seguirían con 15 días de permiso de paternidad.
Pero lo que no podemos hacer es juzgar a las mujeres que enfrentamos estas conversaciones, lo que no podemos hacer es defender que nuestras parejas son corresponsables, si no lo son. Es necesario entender qué es la corresponsabilidad y asumir como sociedad que la realidad es que los hombres son más padres “ayudadores”, “bien mandados”, que se agarran a su privilegio de esperar a que todo cambie para ellos cambiar.
Haberlos haylos, siempre lo digo, los hombres que sí se comprometen, que están cambiando la dinámica, pero no son suficientes. Muchos son los hombres incómodos que cuando hablamos de estos temas sienten que algo se mueve por dentro, pero no saben muy bien qué hacer con ello. Tengo un propósito para el nuevo curso: ver cómo convertir a esos hombres incómodos en corresponsables y hacer equipo con ellos. Vuestras ideas son bienvenidas.
Pero si esto no cambia, luego que no nos sorprendan titulares como este: “Más de 22.000 personas piden excedencias en verano para poder cuidar. El 90% son mujeres”. Puedes leer este reportaje aquí.
Y una cosa más, no vamos a dejar de reivindicar con humor porque tiene la capacidad de hacernos ver la realidad de manera amable, de despertar conciencia y quizás a través de estos vídeos conseguimos que más hombres se den cuenta.




