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“Prevenir el suicidio materno también significa crear red, favorecer la corresponsabilidad, detectar la violencia y garantizar apoyos reales”

“Prevenir el suicidio materno también significa crear red, favorecer la corresponsabilidad, detectar la violencia y garantizar apoyos reales”

La maternidad sigue estando demasiado ligada a una idea de felicidad, plenitud y agradecimiento que deja poco espacio para hablar del sufrimiento. Pero convertirse en madre supone una transformación física, hormonal, psicológica y social profunda y, para algunas mujeres, el embarazo y el posparto pueden convertirse en un periodo de especial vulnerabilidad para su salud mental.

La falta de descanso, la sobrecarga de cuidados, la ausencia de corresponsabilidad, la soledad, las dificultades económicas, una experiencia traumática del parto o la falta de una red que sostenga pueden aumentar ese malestar. Y cuando a todo ello se suman la culpa, la vergüenza o el miedo a ser juzgada como una “mala madre”, pedir ayuda puede resultar todavía más difícil.

Este 10 de septiembre queremos poner el foco en una realidad de la que necesitamos hablar: la prevención del suicidio también pasa por cuidar la salud mental de las madres y por preguntarnos qué estamos haciendo, como sociedad, para sostenerlas.

Hablamos con Silvia Nava, psicóloga perinatal y colaboradora del Club de Malasmadres, para entender por qué el periodo perinatal puede ser especialmente vulnerable, qué señales de alarma debemos conocer, cómo podemos acompañar a una madre que expresa que no quiere seguir viviendo y qué tendría que cambiar para que ninguna mujer atraviese su sufrimiento sola.

1. ¿Qué hace que el periodo desde el embarazo hasta el primer año tras el parto pueda ser especialmente vulnerable para la salud mental de algunas mujeres?

Durante todo el período perinatal, las mujeres experimentamos una transformación profunda a nivel físico, hormonal, psicológico y social. Es una etapa de especial vulnerabilidad biológica y emocional donde pueden emerger por primera vez o agravarse problemas de salud mental.

A este proceso de transformación profunda que vivimos las mujeres al convertirnos en madres, conocido como matrescencia, se le suman frecuentemente factores que aumentan la fragilidad: la deprivación continuada de sueño —con su correspondiente impacto en la regulación afectiva—, el dolor físico, las dificultades en la lactancia, los partos traumáticos, la soledad y las preocupaciones económicas o de pareja. Desde un enfoque ecosistémico, debemos entender que la madre y el bebé no están aislados, sino inmersos en un entorno que puede actuar como sostén o como un factor de riesgo agravante.

No podemos olvidar que el suicidio materno constituye una de las principales causas de mortalidad en el periodo perinatal.

2. ¿Cómo influyen la idealización de la maternidad, la culpa, la vergüenza y el miedo a ser considerada una “mala madre”?

La idealización de la maternidad puede ser un muro infranqueable para las madres a la hora de pedir ayuda. Cuando una mujer recibe de forma constante el mensaje de que esta etapa debe vivirse con plenitud, felicidad y gratitud, cualquier atisbo de sufrimiento o malestar se percibe como un fallo personal.

Aparecen pensamientos intrusivos marcados por la culpa y el miedo al juicio social: “debería ser capaz de poder con todo”, “soy una mala madre, no tenía que haberlo sido” o “no lo puedo contar porque pensarán que no quiero a mi bebé”.

La culpa y la vergüenza hacen que el dolor permanezca oculto y en silencio durante meses, aislando aún más a la madre en un momento crítico.

3. ¿Qué papel pueden tener el aislamiento, la falta de red y de corresponsabilidad, o una relación de pareja conflictiva o violenta?

La salud mental perinatal no depende únicamente de factores individuales o biológicos; la mujer y su bebé habitan una realidad social concreta que puede resultar muy perturbadora.

La falta de descanso, la sobrecarga en los cuidados, la soledad no deseada, la precariedad económica, la ausencia de corresponsabilidad y las dinámicas de pareja conflictivas o atravesadas por la violencia de género constituyen factores de riesgo para el desarrollo de depresión, ansiedad e ideación suicida en esta etapa.

Por el contrario, contar con una red de apoyo y sentirse acompañada, sostenida y escuchada, será el principal factor protector frente al malestar emocional.

4. ¿Qué señales de alarma relacionadas con la ideación o conducta suicida deberíamos saber reconocer? ¿Cuándo estaríamos ante una situación urgente?

No todas las señales tienen el mismo significado ni indican necesariamente que exista un riesgo inmediato. Sin embargo, algunas requieren una atención especialmente rápida:

  • Hablar de querer morir, suicidarse o hacerse daño, aunque lo exprese de manera indirecta: “quiero desaparecer”, “ojalá pudiera dormirme y no despertarme”, “no quiero seguir viviendo”.
  • Expresar que se siente atrapada, sin salida o incapaz de continuar, especialmente cuando aparece una sensación intensa de desesperanza: “esto no va a cambiar”, “no puedo más”, “no hay solución”.
  • Sentirse una carga o pensar que los demás, incluido su bebé, estarían mejor sin ella.
  • Tener un plan concreto para suicidarse o hacerse daño, especialmente cuando existe intención de llevarlo a cabo y acceso a los medios necesarios.
  • Haber realizado anteriormente un intento de suicidio o presentar antecedentes de autolesiones.
  • Buscar información, preparar medios o realizar acciones encaminadas a llevar a cabo el suicidio.
  • Aislarse de forma significativa, es decir, un cambio relevante respecto a cómo socializaba antes esa persona (dejar de responder a familiares o amigos o alejarse de personas que habitualmente constituían su red de apoyo)
  • Aumentar el consumo de alcohol u otras sustancias, especialmente si se utilizan para afrontar el sufrimiento.

5. Si una madre expresa que quiere desaparecer, que no quiere seguir viviendo o que piensa en hacerse daño, ¿cómo debería actuar su entorno?

Ante la expresión de deseos de morir o hacerse daño, lo primero que debe hacer el entorno es escuchar con empatía y preguntar de forma directa.

Existe el mito erróneo de que hablar sobre el suicidio lo fomenta; en realidad, preguntar abre una puerta de desahogo y valida el sufrimiento de esa madre.

“Gracias por confiármelo. No voy a juzgarte, me importas y quiero ayudarte. Cuando dices que quieres desaparecer, ¿estás pensando en hacerte daño o en quitarte la vida?”.

Es importante evitar frases que, aunque se digan con buena intención, pueden hacer que la madre sienta que su dolor no es válido o que tiene la culpa de lo que está viviendo. Frases como “tienes que ser fuerte”, “mira qué bebé tan bonito tienes” o “son solo las hormonas” pueden hacer que se sienta aún más sola e incomprendida.

La familia y las personas cercanas necesitan saber cómo acompañarla, pero no podemos dejar en sus manos toda la responsabilidad de mantener a salvo a una madre. Cuidar también es responsabilidad de los profesionales y de la sociedad en su conjunto: todos podemos formar parte de esa red de apoyo.

Si existe un riesgo inmediato, es importante acudir a Urgencias o llamar al 112. En España también está disponible el 024, la línea de atención a la conducta suicida, gratuita, confidencial y disponible las 24 horas del día, los 7 días de la semana.

6. ¿Qué tendría que cambiar a nivel social, sanitario y de cuidados?

Para prevenir eficazmente el suicidio materno y dejar de depositar toda la responsabilidad sobre la mujer, se requiere una transformación sistémica. En el ámbito sanitario, es urgente incorporar la evaluación de la salud mental durante el embarazo y, especialmente, en el posparto, una etapa donde la madre suele ser la gran olvidada del sistema tras el nacimiento del bebé.

Esto exige formar de manera específica en psicología perinatal a matronas, obstetras, pediatras, personal de enfermería y atención primaria, así como garantizar el acceso universal a la salud mental perinatal en la sanidad pública y crear o ampliar unidades especializadas

A nivel social y comunitario, debemos impulsar medidas reales de corresponsabilidad, favorecer el descanso, tejer redes comunitarias de apoyo entre madres y visibilizar la violencia obstétrica para que ninguna mujer transite la maternidad desde la soledad o sintiendo que su sufrimiento es completamente invisible.

Es fundamental preguntarnos qué condiciones sociales, familiares, sanitarias y económicas están contribuyendo al sufrimiento de las madres en un período tan importante.

Prevenir el suicidio materno también significa crear red, favorecer la corresponsabilidad, detectar la violencia y garantizar apoyos reales.

Lecturas recomendadas

  • La otra cara, de Esther Ramírez Matos. Resulta especialmente interesante para acercarnos a la experiencia subjetiva de una madre con depresión posparto y a todo aquello que puede quedar oculto detrás de una maternidad aparentemente normal: la soledad, la culpa, la sensación de no estar a la altura y la falta de una red de sostén. La novela permite poner el foco en una cuestión esencial también en la prevención del suicidio: cuánto sufrimiento puede permanecer invisible cuando seguimos esperando que la maternidad sea una etapa necesariamente feliz.
  • Deberías alegrarte. Lo que no se cuenta de la depresión posparto, de Diana Oliver (2026)
    Aborda directamente la depresión posparto, la llamada “locura puerperal”, la violencia obstétrica y los factores que condicionan la experiencia materna, combinando investigación y testimonios. Tiene prólogo de Ibone Olza.
  • Palabra de madre, de Ibone Olza

Enlaces y recursos interesantes

En España, un estudio publicado en 2026 identificó 30 muertes por suicidio durante el primer año después del parto entre 2016 y 2023. La mitad ocurrieron durante los primeros cinco meses y el 83,3 % después de las primeras seis semanas. Los autores advierten de la necesidad de mejorar la vigilancia de la mortalidad materna para no invisibilizar estas muertes.

Evidencia científica específicamente sobre suicidio materno en España.

  • MAPA DEL DESIERTO. Investigación liderada por el IESMP para crear un mapa de recursos públicos especializados en la atención a la salud mental perinatal dirigido a los pacientes del sistema público de salud. Este mapa lo hemos titulado el “Mapa del desierto”, para resaltar la escasez de recursos públicos destinados a la salud mental perinatal en todo el país
  • DATO: Según el artículo publicado en 2024, Women’s experiences of attempted suicide in the perinatal period (ASPEN-study); a nivel mundial, se estima que el 20% de muertes maternas se deben al suicidio en embarazo y posparto, con una prevalencia de 680 por cada 100.00 embarazos y de 210 por cada 100.000 en el postparto. FUENTE: Instituto Europeo de Salud Mental Perinatal

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