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Ser madre en solitario, trabajadora y no renunciar

Ser madre en solitario, trabajadora y no renunciar

¡Hola, Malasmadres!

Quiero compartir con vosotras mi experiencia, porque durante mucho tiempo me sentí “mala madre”, en sentido peyorativo. La culpa: haberme quedado viuda con treinta y nueve años recién cumplidos y un hijo que solo tenía seis. Y pretender, por encima de todo, ser una buena madre, una trabajadora responsable y crecer como persona manteniendo un espacio vital propio y personal.

Ahora tengo cincuenta y dos años y mi hijo veinte. La vida fluye, más tranquila, por suerte. Pero no siempre ha sido así.  “Yo no renuncio”. Eso me dije a mí misma. Aunque, ciertamente, no me daba la vida. Y así ha sido. No he renunciado a nada. Aunque… ha sido duro.

  • Ser madre ha sido maravilloso (y lo sigue siendo).
  • Ser madre trabajadora, madre a solas, madre con vida propia, ya no tanto. Pero daba igual.
Ser madre en solitario, trabajadora y no renunciar

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Ser madre en solitario y trabajadora

Siempre ha sido una decisión personal, respetable como cualquier otra, el intentar seguir adelante con todas mis fuerzas cuando enviudé, compaginando el ser madre con trabajar fuera de casa y realizarme a nivel personal. Y ello, a pesar de que mi vida se hubiera convertido en un “tetris” (no se si lo conocéis… ese juego en el que tienes que encajar piezas de diversos tamaños y colores que caen con velocidad) y las empresas entonces ni siquiera sabían qué era la “conciliación familiar”.  

Podía haber dejado de trabajar y haber vivido más tranquila. Económicamente apenas lo hubiera notado, porque mi sueldo iba íntegro a los gastos de extraescolares y canguros (nunca les estaré lo suficientemente agradecida) que mañanas y tardes cuidaban de mi hijo en las horas en que yo debía trabajar, hacer la compra o asistir a alguna reunión. Pero decidí luchar, con el apoyo de mi familia y amigos.

Hubo momentos en que me sentía quemada porque pensaba que delegaba en los demás la educación de mi hijo. Momentos en que tenía remordimientos por no haber tenido tiempo para llenar la nevera, o no llegar a tiempo para preparar la cena y tener que encargarla. La verdad, que yo siempre veo el lado bueno de las cosas (como la peli), mi hijo aprendió a manejarse solo en la cocina desde muy pronto, así que al final, resulta que ha sido positivo.

Remordimientos por haber recogido alguna vez a mi hijo de casa de mis padres (vivían a 30 km) o de casa de la canguro, casi a las once de la noche entre semana, o por dejarlo solo en casa muchas tardes (bendito móvil…)

Remordimientos por llegar tarde a las reuniones del cole y que en el festival de fin de curso todos los niños de su clase salieran vestidos con una preciosa túnica azul y mi hijo con una sábana blanca a la que le hice un agujero para meter la cabeza. Y ¿qué se le va a hacer? Pues ¡reírnos a carcajadas!

Yo no era “superwoman”, aunque a veces trataba, erróneamente, de serlo (hasta me puse esa foto de perfil durante un tiempo en RRSS). ¡Qué equivocada estaba! Ojalá se hubiera inventado entonces el “Club de las Malasmadres”, para hacerme ver que no podía exigirme más de lo que hacía. Que no pasaba nada…

Ser madre en solitario, trabajadora y no renunciar

Después, con el tiempo, lo fui entendiendo. 

Yo sabía que no podía renunciar a mi vida, a mi trabajo, a mis sueños y mis metas por el hecho de ser mujer, ser madre y, además, viuda. No era justo. Porque si mi vida era plena, también lo sería la de mi hijo. Porque lo educaría desde la felicidad y el positivismo. Porque me sentía realizada, a pesar de lo complicada de mi vida, y esos valores se los intentaba transmitir a mi hijo con el ejemplo.  

Mi mayor satisfacción: que hace un tiempo mi hijo dijera que quería parecerse a mí cuando en clase preguntaron a los alumnos a quién tomarían como modelo de vida. Imaginad, todos citando personajes históricos y mi hijo nombrándome a mí, por mi tenacidad, mi esfuerzo y mi ilusión por la vida.

Pues eso… ¡Que es lo más bonito que he escuchado nunca! Que ser “malamadre” ha sido bueno para mi hijo y para mí. Y lo sigue siendo.

Malasmadres, no tenemos que ser perfectas. Tenemos que sentirnos muy orgullosas de ser mujeres y reivindicarnos como trabajadoras y madres que luchamos por una conciliación familiar real.

Salvo que se trate de una decisión personal y adoptada desde el amor y la libertad, no debemos sentirnos obligadas a renunciar a ser madres por trabajar o viceversa. Luchamos por ello. No os desaniméis. Nadie dijo que todo iba ser fácil en la vida, pero… podéis utilizar los retos y los contratiempos en vuestro favor. Mirad siempre el lado bueno de las cosas. Sed felices.

Y vosotras Malasmadres, ¿os habéis sentido u os sentís igual?

Han comentado...

  1. Felicitaciones. Es bueno poder leer lo que lograste y el ejemplo de lucha q sos para tu hijo. Què importante es saber pedir ayuda.

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