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Cambia tu lenguaje para cambiar tu mundo #cambiemoslaconversación

Cambia tu lenguaje para cambiar tu mundo #cambiemoslaconversación

El lenguaje que utilizamos muchas veces para hablar de otras mujeres es realmente crítico y, a veces, muy agresivo. Las RRSS como altavoz ha servido para agudizar este lenguaje de crítica y de ataque. Todo es llevado a un juicio a veces demasiado malicioso. De aquí nace el proyecto #cambiemoslaconversación que me propuso Cristina Mitre, directora de Women’s Health y creadora de #mujeresquecorren, y en el que ponemos de manifiesto que hay que luchar contra ello. Hoy nuestra colaboradora y coach Leonor Cabrera pone el acento en ello y nos habla de lo importante que es el lenguaje positivo en nuestras vidad. Respetemos al otro.

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* Podéis seguirla en facebook, @Leonor_Cabrera, @centroviventi y en su BLOG.

Comienza viendo este vídeo para comprender mejor el post de nuestra colaboradora

El vestuario del gimnasio sigue siendo para mí una de las grandes fuentes de inspiración a la hora de escribir posts. Sobre todo cuando voy a eso de las nueve y media de la mañana, hora punta en la que coincidimos las que llegamos a ducharnos con mucha prisa porque deberíamos estar ya trabajando con las madres que llegan de dejar a los niños en el colegio y con las mujeres ya más mayores que van al aquagym.

Con tanta persona junta el mosaico de conversaciones es de lo más variado y puede ir desde qué voy a comer hoy hasta qué poco me gusta la profesora nueva que nos han puesto para tal o cual clase pasando por qué preocupada estoy porque me caso dentro de un año y a estas alturas ya estoy nerviosísima y no quiero que mi boda sea como la que fui el mes pasado en la que todo estaba malísimo.

Mi sensación es que voy zapeando con mi mente de una conversación a otra agazapada en mi silencio y mi anonimato (sí, seguro que piensan que soy una sosa) a la vez que extraigo conclusiones sobre algo que me apasiona: la condición humana. ¿Qué conclusión he extraído de ese bosque de frases que se repite por la mañana? Que hay dos temas que nos apasionan a las personas y, me atrevería a decir, a las mujeres: la queja y la crítica.

Si hiciera un ranking de conversaciones de vestuario de mi gimnasio, más de la mitad de las frases que se pronuncian giran en torno a una de estas dos cuestiones. Quejas hay para todos los gustos: por la temperatura del vestuario, porque la ventana está abierta o cerrada, porque la monitora de pilates nueva es mucho peor que la otra, porque el agua no sale a la presión que debería salir… Me agota sólo escribirlo.

En cuanto a la crítica, creo que incluso es peor. Hay críticas a los hijos, a los amigos de los hijos, a los profesores, a la pareja, a la nueva monitora de pilates. Y sí, hay a mujeres a las que les encanta ser crueles con otras mujeres por como visten, por lo que hacen, porque pasan demasiado tiempo con sus hijos, porque pasan demasiado poco tiempo con sus hijos. La gama es variada y si se trata de criticar siempre vamos a encontrar un tema para hacerlo, tal y como han plasmado de forma tan impactante el Club de Malas Madres en su campaña #cambiemoslaconversación

El lenguaje crea tu realidad

Creedme, en más de una ocasión me han entrado ganas de plantarme allí delante y decirle a alguna: “¿Pero qué estás haciendo? ¿No te das cuenta de que al usar ese lenguaje arruinas tu vida?” El lenguaje crea nuestra realidad y si ese lenguaje está lleno de palabras relacionadas con la queja, con la crítica o con el odio ésa es la realidad que vamos a crear a nuestro alrededor. No hace falta ser serpiente para morderse la lengua y envenenarse porque sólo con volvernos asiduas a ciertas palabras ya nos estamos envenenando cada vez que las pronunciamos.

El lenguaje se puede usar para destruir o para construir, como cuenta el filósofo e investigador en el campo de la neurociencia Luis Castellanos en su libro ‘La ciencia del lenguaje positivo’. Castellanos asegura en esta entrevista que “las palabras positivas como alegre, meta o ímpetu inciden directamente en nuestra salud creando sistemas de protección en nuestro cerebro, que es muy plástico”. Si la palabras positivas tienen este poder en nuestro cerebro, imagínate el poder que tienen las palabras negativas y expresarlas de manera tan asidua.

Para los budistas, que saben un rato de estas cosas, el cese del sufrimiento está relacionado de forma directa con el uso de lo que ellos denominan el ‘recto lenguaje’. ¿Qué es eso del  ‘recto lenguaje’? Pues tiene que ver con usar sólo palabras que promuevan el amor, la amistad, la unidad y la armonía. Fomentar las palabras agradables y abandonar por lo tanto esas palabras que dan cabida al odio, la enemistad, la discusión y la discordia.

Dime qué te molesta del otro

¿Que cómo se hace esto? Pues observándote. Presta mucho atención a tu lenguaje y cada vez que te pilles criticando a alguien pregúntate: ¿Cuál es mi asunto inconcluso con eso que yo estoy criticando? Si criticas a tu profesora de pilates porque es muy vaga y no se prepara las clases, pregúntate qué te sucede a ti cuando no eres eficiente, vagueas y no haces tu trabajo como deberías hacerlo. La mayoría de las veces, al criticar a alguien, ponemos en esa persona aspectos nuestros que no nos gustan y de ahí esa mordacidad tan grande porque en realidad a quienes estamos criticando es a nosotras mismas, sólo que usamos un mecanismo de proyección y ponemos esa crítica fuera porque no soportamos ver eso en nosotras.

A mí me pasaba con la queja. Hubo una época en la que no podía aguantar que alguien se quejara delante de mí. Cuando esto sucedía me subía un bicho por el cuerpo y podía llegar a ser cruel verbalmente con esa persona. ¿Qué me pasaba a mí con la queja? Pues que no me la permitía, de modo que machacaba a quien sí se permitía quejarse.

¿Cómo es la realidad que construye tu lenguaje? ¿Está más próxima a un mundo en el que predomina la crítica, la queja y el odio o a un mundo agradable? ¿Cómo podrías cambiar tu lenguaje para cambiar tu mundo?

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Antes de irnos…

Os desvelamos que Leonor será la protagonista del  ‘Desayuno ligero #daelpaso con Kaiku sin lactosa en Escuela de Malasmadres el próximo 22 de julio. Tendréis toda la información el próximo jueves 7 de julio, pero si queréis ser las primeras en apuntaros NO PERDÁIS TIEMPO y hacedlo en hola@clubdemalasmadres.com.

 

17 Comentarios
  • Toñi

    1 Julio, 2016 a 9:34 am Responder

    Muy buen post. Solo tengo una duda con lo que dices de la queja. Entonces es bueno quejarse? A mi me pasa lo mismo, me pone de los nervios la gente que se pasa el tiempo quejándose en vez de buscando soluciones. Por eso no entiendo lo que quieres decir con el penúltimo párrafo ¿que lo que tendría que hacer yo sería quejarme más?

    • Leonor Cabrera

      1 Julio, 2016 a 9:57 am Responder

      Lo que quiero decir es que observes qué es lo que hace que tú no te quejes. Si es algo que no toleras en los otros y te niegas tú o qué sucede… Es una invitación a la observación.

  • Paula

    1 Julio, 2016 a 9:49 am Responder

    Yo me quejo de que se quejen de mí. Si la manera en la que crías a la niña, si podrías hacer esto, lo otro…. No soporto que me cuestionen sin parar o me juzguen de como hago o dejo de hacer las cosas.

  • Arancha Gómez

    1 Julio, 2016 a 10:08 am Responder

    Muy buen post, Leonor.
    A veces, con determinadas personas tengo la sensación de que, sólo se quejan, de que vacían el cubo de su basura interior sobre mí.
    Es una sensación de lo más desagradable, porque no están buscando arreglar nada, sólo descargar porquería.
    Con la crítica igual.
    A mí me ayuda mucho en esto ponerme en el lugar de la persona a la que se está criticando: ¿si te oyera ella ahora hablarías con esas palabras?
    Si no lo harías, por vergüenza, porque en realidad no es merecedora de esa crítica tan feroz, procura no hacerlo tampoco detrás suyo. Y si criticas, busca la manera de que sea positivo, constructivo, de que haga crecer a los demás, no de empequeñecerlos frente a los demás.

  • María

    1 Julio, 2016 a 10:49 am Responder

    En mi caso mi problema con el lenguaje está en que observo, callo, observo, callo, me caliento…. Y para cuando lo verbalizo, lo que digo ya no es lo que debería decir.
    Por ejemplo, el otro día al llegar a casa a las 9 de la noche en lugar de decirle a mi marido con tranquilidad “¿Puedes ponerte tú a bañar a la niña que yo me pongo a hacer la comida de mañana y la cena?” le dije enfadada “¿Pero ya te has sentado en el sofá?” Y claro, se lió la marimorena 🙂

    Y luego otra cosa es que las quejas no suenan igual en nuestros oídos que en los de otros. Para el que lo dice puede ser un simple desahogo rápido y sin intención que se olvida en un segundo porque está pasando un momento de estrés. Sin embargo, el que lo oye puede estar escuchando una ferocidad, un comentario destructivo, una crítica malintencionada.

    ¡Qué importante es el lenguaje!

    • Leonor Cabrera

      1 Julio, 2016 a 12:39 pm Responder

      Hola, María. Lo bueno es que sabes como hacerlo de otra manera más amable y sostenible para ti y para tu marido. 😉

    • Laura

      1 Julio, 2016 a 12:42 pm Responder

      jajaja, con esa reacción tal cual me he visto reflejada!
      tengo dos opciones, o me callo o exploto, y claro, cuando exploto se lía, así que cada vez voy acostumbrandome más a callar y envenenarme lentamente por dentro…

    • Montse

      1 Julio, 2016 a 1:46 pm Responder

      A mi me pasa lo mismo, siempre lo digo de mala manera sin querer…
      Tengo q aprender a decirlo en la manera buena.

  • Ana

    1 Julio, 2016 a 12:03 pm Responder

    Yo me agobio con las quejas, un ejemplo es mi familia política y lo que ellos llaman “su mala suerte” no se como sería la buena…El caso es que en mi situación, madre de una niña intensisisima, parada desde hace demasiado tiempo, etc, intento mantener siempre un espíritu positivo y será por eso que cada vez me cuesta más hablar con gente tan, tan negativa.

  • Leonor Cabrera

    1 Julio, 2016 a 1:21 pm Responder

    Pues la solución es sencilla: dejar de hablar con ese tipo de gente.

  • Clara

    1 Julio, 2016 a 1:44 pm Responder

    Hola!
    Me ha gustado mucho el post.
    Yo pienso que es muy importante mantener una actitud positiva en la vida con nosotros y con los demás. Eso genera tu entorno. Y vas creando un buen ambiente a tu alrededor. Eso conlleva, por supuesto, evitar actitudes como juzgar continuanente, criticar, quejarse…la queja y la crítica se han convertido en maneras de socializarse y hay personas que no saben relacionarse si no es de esta manera. Y si no pensad, que es lo primero que dice tantísima gente cuando llega el lunes al trabajo? Siempre queja….
    Parece que lo malo une y yo pienso que hay que unirnos y relacionarnos a través de lo positivo y estaremos más felices.

  • Cristina

    1 Julio, 2016 a 3:51 pm Responder

    El discurso este de que las mujeres nos criticamos entre nosotras me cansa ya. Creo que es un caso más de machismo, el divide y vencerás. Acaso los hombres no són crueles cuando hablan o hacen chistes sobre mujeres? Parece que tengamos una doble bara de medir que es más tolerante con los hombres. El machismo es cosa de todos, no sólo de mujeres. Me fastidia que siempre se ponga el foco sobre las mujeres y seamos nosotras solas las que tengamos que combatir el machismo, cuando en realidad es cosa de todos. El machismo siempre existirá mientras los hombres no hagan nada por modernizarse, o por modernizarse en todo, no sólo en lo que les conviene.

    • Clara

      1 Julio, 2016 a 4:42 pm Responder

      Totalmente de acuerdo.

  • Marietta

    1 Julio, 2016 a 7:03 pm Responder

    A mi la queja puntual no me molesta tanto. A veces o hablas o explotas. Lo malo es cuando se convierte en un hábito y no hay quien la pare! Aunque estoy de acuerdo con que cuanto más positivismo expresas mejor ambiente creas, criticar algo no es necesariamente malo. Lo malo es cuando nos regodeamos y se convierte en un círculo vicioso.
    Animo chicas. El cambio cuesta pero los beneficios están son muchos.

  • anya

    1 Julio, 2016 a 8:03 pm Responder

    Yo me quejo de todo,s ver si con este post cambio

  • Gemma Torres

    5 Agosto, 2016 a 5:50 pm Responder

    Para que las cosas cambien, primero tenemos que cambiar nosotras…

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