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Vivir sin expectativas

Vivir sin expectativas

Solo una Malamadre sabe qué es vivir sin expectativas, sin expectativas de cuándo dormirá plácidamente algunas horas seguidas, sin expectativas de cuándo cogerá de nuevo el hábito de lectura (el libro enmudece en la mesita de noche) y sin expectativas de lo que sucederá mañana. Creo que la maternidad hace que soltemos un poco la presión de lo que esperamos que tiene que ser y lo que es en realidad, sino sería muy complicada afrontar determinados situaciones. Y de esto viene a hablarnos hoy nuestra colaboradora y coach, Leonor Cabrera, de las expectativas y de cómo funcionan. ¡Te invitamos a leer este interesante post!

* Podéis seguirla en Facebook, Twitter y en su BLOG.

Desconozco si alguna vez te has parado a pensar en el papel que tienen la expectativas en tu vida. Lo habitual es que cada vez que vamos a hacer algo le pongamos una carga a ese algo y nos imaginemos cómo será, qué pasará, lo bien que nos lo pasaremos… En cierta manera es como si tuviéramos una especie de molde de hacer tartas y esperásemos que la realidad se adaptara a ese molde. La frustración llega en el mismo momento en el que la realidad se revela como autónoma y desborda ese molde. Ahí llega el “yo esperaba que esto fuera de tal o cual manera”.

Con las vacaciones de verano a la vuelta de la esquina, lo más probable es que ya tengas un plan hecho sobre el lugar al que vas a ir, lo que vas a hacer y cómo te lo vas a pasar. Imagínate que, por ejemplo, decides ir con tu familia a uno de esos todo incluido de la Riviera Maya y que el destino manda uno de esos temibles huracanes que te tiene encerrada a ti y a los tuyos durante buena parte de las vacaciones.

Adiós a los baños de sol, adiós a los mojitos en la piscina y adiós a la foto en la playa de arena blanca y agua turquesa. ¿Cómo te sentirías? Lo más probable es que aparecieran la frustración, la tristeza y tal vez la ira, la rabia o el enfado. En cualquier caso, esas vacaciones de ensueño se han transformado en una pesadilla en vida que nada tenían que ver con lo que tú te habías imaginado.

Igual durante esas vacaciones has podido disfrutar de la buenapareja y de los buenoshijos como nunca, pasar tiempo de calidad con ellos, reírte con una partida de parchís y disfrutar de las pequeñas cosas, pero aún así lo que queda es la sensación de esas vacaciones que tenían que haber sido y que no pudieron ser por ese maldito huracán.

¿Cómo funcionan las expectativas?

Eso es lo que sucede cuando tenemos expectativas: si la realidad no es tal y como nos la habíamos imaginado, ya no sirve. Lo bueno de vivir sin ellas es que podemos estar con lo que emerge, con lo que hay en cada momento, disfrutándolo y valorándolo. Porque, créeme, la realidad es caprichosa y muy pocas veces va a ser como esperamos que sea.

Una de las grandes lecciones que extraigo a diario de mis clientes de coaching es precisamente esa: una vez que te pones en marcha para conseguir determinado objetivo, la realidad comienza a moverse, empiezan a suceder cosas, pero muchas veces lo que sucede no tiene nada que ver con lo que tú habías pensado que iba a suceder. Y lo más curioso es que aunque eso que sucede nada tiene que ver con lo que habías pensado que pasaría, al final acaba teniendo un sentido en tu vida y contribuye a que recorras ese camino que te habías marcado.

La realidad es muy autónoma: por mucho que nos empeñemos en mantener una sensación de control, esa sensación es una mera ilusión que desaparecerá en un abrir y cerrar de ojos.

Cuando hablamos de expectativas, yo diferencia entre tres tipos:

  • Las expectativas sobre nosotras mismas
  • Las expectativas sobre los otros
  • Las expectativas sobre la vida

1. Las expectativas sobre nosotras mismas

Las expectativas sobre nosotras mismas son una especie de espada de Damocles que nos situamos sobre la cabeza. Es como si internamente nos dijéramos “tengo que ser de tal o cual manera”, “tengo que hacer esto o lo otro” o “tengo que sentirme así”. Suponen llevar una vida prefijada, rígida, cerrada a la espontaneidad y pendiente del control.

Uno de los síntomas más claros de que nos estamos metiendo demasiada caña es que aparezcan en nuestro diálogo interno frases como “tengo que hacer tal o cual cosa” o “debo comportarme de determinada manera”. Ahí estamos poniéndonos una carga que no nos merecemos, maltratándonos y hablándonos de mala manera. ¿Qué tal a cambiar ese “tengo que hacer” y “debo” por un “me apetece” o “me gustaría”? Este pequeño truco te puede ayudar a suavizar tu diálogo interno, hacerlo más ligero, espontáneo y divertido.

2. Las expectativas sobre los otros

Las expectativas respecto a los otros suelen ser las que nos hacen más daño. Lo habitual es tener expectativas sobre las buenas parejas y los buenos hijos. “Ay, qué feliz sería si llegara a mi casa y mi buena pareja me tuviera una cena rica preparada”, podemos pensar tras uno de esos días insoportables de trabajo. Sin embargo, sabemos a ciencia cierta tras años de convivencia que para nuestra buena pareja es un suplicio acercarse a los fogones, lo que no evita que al llegar a casa nos frustremos e incluso enfademos a tener que contentarnos con esa ensalada de paquete improvisada sobre la marcha.

“Nunca deberías tener expectativas con respecto a los demás. Simplemente sé bondadoso con ellos.” Pema Chödron.

Esta frase de la monja budista Pema Chödron resume a la perfección lo que es aconsejable esperar de los otros: nada. Esta es la mejor manera evitar la frustración y de estar abiertos a lo que cada persona nos traiga, nos aporte, sin juicio y sin rencor. Esto es, por supuesto, aplicable a los buenos hijos. ¿Cuántas expectativas ponemos en ellos? A veces desde que están en nuestro vientre o al elegir determinado nombre, porque cuando le pones a un hijo el nombre de alguien que ya está en la familia, ¿no estás de alguna manera marcándole unas expectativas sobre cómo quieres que sea o sobre el testigo de qué familiar quieres que recoja?

3. Las expectativas sobre la vida

Por último están las expectativas sobre la vida, sobre lo que ésta nos debe dar o sobre cómo nos debe tratar. Cuando éstas no se cumplen es cuando invocamos al destino, sentimos que la vida nos maltrata y que nos merecemos eso que nos está sucediendo porque lo que nos sucede, y sobre lo que nosotros no podemos hacer nada, no tiene nada que ver con lo que habíamos pensado que iba a suceder. La única salida posible es estar en el momento, presente, y soltar todos esos planes que nos habíamos hecho y que por una u otra razón se han venido abajo, porque, a fin de cuentas, ¿quién te dice que eso tan malo que acaba de pasarte, como por ejemplo un despido, no es lo mejor que te ha podido pasar?

¿Cómo te llevas con las expectativas? ¿Sobre quién sueles ponerlas: sobre ti, sobre los demás o sobre la vida? ¿Qué sin sabores o qué beneficios, que nunca se sabe, te ha dado tenerlas?

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Han comentado...

  1. Me han encantado las palabras de Leonor.
    Tus expectativas cuando eres madres, sobretodo, cambian,o más bien se relajan….Ahora con dos buenoshijos procuro tener las menos posibles.

  2. Hola,
    Es muy difícil no tener expectativas…En nuestro día a día nos las marcamos, para todo. Desde hacer una tarta, hasta comprar ropa, pasando por las de las otras personas…
    Pero estoy de acuerdo en que, en ocasiones, hay que dejarlas a un lado. Yo lo hice con el tema de mantener la casa limpia y ordenada. “Tengo que conseguir que haya orden”. “Tengo que conseguir que el fin de semana esté todo limpio y recogido” “Tengo que lograr que no se nos acumule tanta ropa” “Tengo que prometerme que no voy a irme a dormir con la cocina patas arriba”…

    Que me gustaría? Of course. Por supuesto. Pero llegó un momento en el que me agobiaba este tema porque nunca lo conseguía. Ni siquiera me acercaba…Porque la inercia de las obligaciones diarias y cosas que van surgiendo impedían estar 100% volcada en ese objetivo. Así que decidí asumirlo. Y disfrutar de mi caos. La expectativa de casa se esfumó y con ella mi agobio.
    Suerte!

  3. Creo que tengo expectativas respecto a todo ahora mismo. Lo llevo todo tan calculado, tan milimetrado para que no se me olvide hacer nada de lo que “hay que hacer” (baños, comidas, deberes, trabajo, preparar ropas, pensar que hacer con los niños cuando lleguen las vacaciones), que en mi plano del día a día completamente milimetrado, las expectativas juegan un papel fundamental, pues si alguien falla de lo que yo “pienso” que debe ser o hacer, todo se retrasa…., y efectivamente, todo se retrasa toooodos los días, y acabamos con las voces, lo gritos y el crujir de dientes, todo por el stress y las expectativas.
    Realmente nunca lo había visto de este modo. Si el buen hijo se despista con los deberes, ya vamos tarde, si ahora el bebé no quiere comer (y con este no valen amenazas…..), nos retrasamos. Por otro lado, como siempre dejo tiempo al paseo, a ver un ratito los dibujos juntos y a jugar, al final el tiempo se lo quitas a eso, pero ya es que hasta la hora del paseo está regida por una regla y un cartabón casi!!!!
    Todas, todas las noches al acostarme, digo que esto tiene que parar, porque lo sufrimos todos en casa mi cuadriculamiento, pero, al día siguiente, es igual, es el día de la marmota. Porque, al final, hay que hacer comidas, bañar a los buenos hijos, preparar las ropas para el día siguiente, hacer los deberes (aún es pequeño para hacerlo solo, con lo que tienes que estar)….,
    Bueno, al menos hoy es viernes, y esta noche volveré a pensar, “esto tiene que parar”

  4. Hola,
    Mis expectativas han cambiado al tener dos buenoshijos, ahora quiero dedicarles mucho más tiempo y se ha hace muy cuesta arriba. Es complicado trabajar, tener la casa decente y atenderles,,,.
    Las expectativas sobre mi son las más complicadas, quiero un cambio de trabajo que me deje más tiempo para dedicarles y se me está haciendo duro no encontrar esa chispa que haga que todo funcione.. El tiempo que paso en el trabajo en estos momentos me resulta bastante frustrante y poco inspirador, así que sólo esto pensando en escapar y llegar a casa a dedicarme a lo que realmente me importa mi hijos…
    No es un comentario muy positivo, pero tu artículo me ha removido algo para escribir todo esto…
    Gracias.
    Un saludo.

  5. Me siento totalmente identificada con el post de hoy, tantas y tantas expectativas que se están rompiendo a diario…y una frustración y tristeza que me come… Creo que con la buenhija1 todo fue más tranquilo, todo iba bien pero ahora al llegar el buenhijo2, el no poder conciliar, el tener que renunciar a pesar de haber dicho, “no #yonorenuncio”. Todo está siendo muy duro así que intentaré seguir tu consejo y disminuir tantas expectativas, vivir más el día y disfrutar de lo que vaya surgiendo.

  6. De los mejores post que he leído en el blog de malasmadres. Me parece crucial el tema…Gracias por la reflexión.

  7. Marcarse expectativas, en mi caso, ha sido bastante demoledor desde el embarazo y ahora que mi enana tiene 4 meses lo sigo haciendo y comparándome con cualquiera de mi alrededor. Creo q es algo inevitable pero puede ser muy perjudicial porq, como dice Leonor, no te deja disfrutar de tu día a día.

  8. Enhorabuena, me ha encantado.
    Vivir sin expectativas es como vivir sin agua es decir yo creo que imposible, pero bien es verdad que somos nosotr@s quien en la mayor parte de las veces nos las imponemos. Yo no sé si ha sido el paso de los años por mi, pero desde luego yo he sustituido sin ningún tipo de trauma, el “Tengo que”, por el “Si puedo lo hago”, con respecto a los demás,no tengo, a priori ninguna expectativa y lo que venga es muy bien venido si es bueno mejor. Normalmente me sorprendo gratamente.
    Féliz fin de semana a tod@s,que espero sea sin expectativas que nos opriman
    Montaña

  9. Hola yo rompí con las expectativas caseras hace años. Cuando descubrí que éramos mas felices sino tenia la expectativa de tener la casa ordenada e impoluta, de tener tooooodas las comidas controladas y preparadas, la ropa planchada y ordenada…..al principio pensé que caeríamos en el caos mas absoluto, pero no caes jajajajaja, aprendes que puede estar con la cocina mas o menos recogida, que NO se plancha todo ( y a veces nada) y no pasa naaaaaada, que ….aprendes a disfrutar mas del momento a que hay “otras” expectativas mas importantes como ver feliz y no agobiada ( porque tu te agobias y lo reproduces) a tu familia y ellos aprenden convivir y participar en las tareas diarias.
    Mis expectativas actuales son que tengan sus estudios,que sean hombres de bien y que nosotros ( el buenpadre y yo ) lo podamos disfrutar. Mis expectativas como mujer son tan a corto tiempo que normalmente se cumplen, son mas reales y factibles. Y cuando no …hago trampas y las cambio por otras jajajajaja.

  10. A mi sólo me falta romper con mis propias expectativas, porque hace un tiempo, debido a una sucesión de situaciones personales difíciles, ya perdí las expectativas sobre los otros. Afortunadamente, no sé por qué pero logré hacerlo sin rencor y, la verdad, soy más feliz ahora.

    Las expectativas sobre los buenhijos no creo que las consiga romper nunca. Una cosa es saber lo que tienes en casa y otra es no fijarte en lo que hay fuera. Cuando ves a los tuyos sucísimos por jugar o por haberse manchado con la merienda, sólo ves niños limpios alrededor. Cuando ves a los tuyos yéndose cada uno por un lado, volviéndote loca, moviendo las sillas de un restaurante o tirándose por el suelo en una sala de espera, sólo ves niños tranquilos y sosegados alrededor.
    Por otro lado, también es una forma de ser perseverante en su educación. Si no tuvieramos la expectativa de que pueden mejorar nos rendiríamos…

  11. Hola

    Me ha encantado el post y me veo reflejada en el…

    Solo que en mi caso estoy dándome cuenta de cuales son mis expectativas basadas en los deberías y cuales son mis necesidades reales.

    Yo necesito dormir, comer, temporadas de silencio, cierto orden y limpieza en la casa… pero yo no doy abasto, no debo pretender conseguirlo todo yo sola.

    Así que delego: yo no me levanto por las noches, se levanta el buenpadre que no tiene problemas en seguir roncando después. Yo no me hago la comida, como fuera cuando puedo o le pido al buenpadre, que llega antes que yo, que me deje una nutritiva ensalada preparada . Yo no limpio o plancho, viene una persona a hacerlo por mi.

    El dinero de las vacaciones me lo gasto en asistencia doméstica y cuando llega el verano nos vamos a la piscina municipal…

    Porque debería tener un coche más grande o pasar las vacaciones visitando a la familia, pero esas expectativas no se van a cumplir y cuando llego a casa del parque y me encuentro la ropa planchada y la casa limpia, me entra una tranquilidad que me permite ocuparme de lo importante… las personas.

    Un abrazo

  12. Esta forma de empaquetar “las expectativas” de la madre sólo es aplicable a cierto tipo de madres y modelo de familia. Se trataría éste de un modelo familiar heteropatriarcal “educado” con expectativas propias de un grupo social muy concreto: “ir de vacaciones”, “mantener bonito el hogar”, “qué mi hijo no haga rabietas el sábado en Ikea”… lo cierto es que tan sólo cierto tipo de madres se manejan en ese espectro de expectativas. Y qué pasa con las madres que ejercen la prostitución?con las inmigrantes pobres y el sindrome de nulidad? qué pasa con las abandonadas o solteras?qué pasa con las que no tienen ese maravilloso trabajo, ni ese maravilloso hogar (que viven con sus buenoshijos en 20metros cuadrados y que la manía por el orden no es más que una ilusión que ven en los comerciales de limpiadores)?qué pasa con las madres que viven verdaderos dramas, los cuales, les impiden cuestionarse este tipo de manejo de EXPECTATIVAS (DE CLASE para inidividuos educados o pudientes del modelo heteropatriarcal)?

    Me acuerdo de “Mujeres Perfectas” leyendo este blog… xD

    Algunas hasta delegan la labor del hogar en el trabajo de otra mujer…se habrá preguntado si quiera por las expectativas de esa otra mujer? pues no porque como ha confesado le encanta llegar a casa y que las labores hayan sido el trabajo de otra, aun si por ello ha sacrificado vacaciones (hasta ahí el acriticismo sobre la base del trabajo y la labor, la falta de empatía, la necesidad de comodidad de esta “malamadre”…debería empezar a llamarse mejor “malaciudadana” jaja) seguramente tal asistenta se reiría de estas expectativas xD las suyas no pasan de llegar al día 15 con dinero suficiente, y eso no es una expectativa, es un DRAMA social… yo como soy de las madres “quelimpian” y “queestudian” estas expectativas me parecen debilidades egoistas, “privilegios” existencialistas de mamas de oficina (con permiso por maternidad y todo…otras si parimos al paro que vamos jajaja).

    en fin, mucha corrección política…. y heteronormatividad…y luego se dicen “malasmadres”…mas heteronormativas en su rol que nunca. Saludos.

  13. No arrancó, intento llegar a todo y al final no llegas a nada. La casa ahí está, algún día le tocará. Porqué es una casa, el hogar es otra cosa ( no me creo que diga esto, para mi era lo primero). Después de una mal etapa antes de tener a mi hijo eso cambió. Ahora lo primero son otras cosas.
    Pero en el tema laboral es un caos buscando empleo a tiempo completo, con un hijo y a largas temporadas haciendo de padre y madre por motivos laborales del buenpadre. Mis expectativas están por llegar, intento diariamente poder cumplir aunque solo sea una. Lo sigo intentando, pero sin ayuda es tan difícil.
    Gracias por todo

  14. Me parece muy interesante el tema pero qué ocurre cuándo las expectativas se convierten en necesidades? Por ejemplo, necesito dormir y descansar, necesito tener la casa medio ordenada… Esas necesidades son difíciles de cumplir y terminan haciendo mella…

    1. Hola, Inma. Como tú bien dice son necesidades, no expectativas. Una expectativa tiene que ver con esperar conseguir algo o que suceda algo. Es a futuro. La necesidad es algo inmediato y, como tal, lo necesitas ya, sí o sí. ¿Cómo cubrir tus necesidades? Pues dándole prioridad y asumiéndolas como propias: si necesitas descansar, descansa. Y ahora me dirás que tienes que hacer tal o cual cosa y que cómo vas a hacer eso. Es importante aprender a respetarte, tus tiempos y tus necesidades y para ello es necesario un entrenamiento y poner en el foco de tu atención lo que tú necesitas, porque si no poco a poco te irás desconectando de esas necesidades. Piensa que si tú eres incapaz de cuidarte, ¿cómo vas a cuidar de tus hijos? Un saludito.

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