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Desarrollo de la identidad sexual en la infancia y disforia de género

Desarrollo de la identidad sexual en la infancia y disforia de género

El otro día me enteré de que un conocido mío había decidido dejarlo todo y hacer su vida, junto a su pareja, en el mar, convirtiendo su barco en su casa. Al principio me chocó mucho su idea, pero luego pensé: “Después del encierro que vivimos durante la pandemia este muchacho no quiere volver a arriesgarse a pasar por lo mismo. Y allí que se le ha ocurrido irse”. Su decisión no puede estar más alejada de la forma en la que vivimos la mayoría. Yo, personalmente, me imagino viviendo en un barco y me da un parraque. Pero tengo que confesar que sí que me resulto excitante ponerme en su lugar, ¿cómo sería vivir así, acompañado por ese manto azul todos los días, sin vecinos, solo con el ruido del mar de fondo en contraposición a residir en el  clásico bloque de edificios? Y recordé que se puede estar y relacionarse con el mundo que nos rodea de muchas formas diferentes. La diversidad de los seres humanos es compleja, rica y maravillosa. Las preferencias, las formas de sentir, la manera de comportarse de cada uno, en definitiva, cómo vivir, es una opción personal y única, si se tiene el valor de desarrollarla.

Desarrollo de la identidad sexual en la infancia y disforia de género

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Es cierto ese refrán que dice que cada persona es un mundo. En psicología eso se ve claro. Aunque el problema por el que una persona decide venir a terapia sea algo archiconocido, como la ansiedad, la manera en que lo experimenta, piensa y siente lo hace único, lo convierte en algo “suyo”. No hay manera de ayudar a nadie si no se le comprende como un ser diferente a los demás. No hace falta ser psicólogo para percibir esas diferencias. Nuestros amigos, familiares y conocidos son distintos a nosotros y también entre ellos. Esa diversidad nos enriquece, ya que gracias a ella podemos ponernos en lugares y perspectivas que nunca experimentaríamos si no fuera porque otra persona nos lo cuenta, nos lo hace llegar, nos la hace vivir. Esa riqueza existe en todo lo que el ser humano es y, por supuesto, la sexualidad, y todo lo relacionado con ella, no iba a ser una excepción. Somos seres sexuales desde que nacemos hasta que nos morimos y cada persona la vive a su particular manera.

Pero, ¿cuál es el proceso por el que aprendemos a vivir nuestra sexualidad?

Nacemos diferentes. La genética tiene preparado para nosotros un sexo, el llamado sexo biológico que incluye cromosomas diferentes, genitales dispares y distintas hormonas. Eso es lo que la naturaleza nos da, pero es solo el comienzo de la historia de cómo será la sexualidad en cada uno de nosotros.

  • Los niños cuando van creciendo y desarrollándose empiezan a tener conciencia de que son niños o niñas a los 2 o 3 años. Y eso significa que perciben diferencias entre un sexo y otro. El momento del baño es una ocasión de oro para hacer palpables esas diferencias.
  • A los 5 o 6 saben distinguir cada sexo a través de atributos externos, como la ropa o el pelo, y creen que depende de estos atributos ser hombre o mujer. Un poco más adelante se darán cuenta de que no es así y que ser hombre o mujer, biológicamente hablando, es algo que permanece constante. Lo biológico, lo cultural y los aprendizajes se mezclan en este camino. A la par que se van dando cuenta de las diferencias físicas van desarrollando su identidad de género, su “sentir” como niño y niña, y sus diferencias. Y en la consolidación de ese sentir, que conlleva, como todo lo que implique emociones, mucho tiempo, experimentan con todo lo que pillan. Con juegos que pueden considerarse, culturalmente, más afines al otro sexo, con la ropa, con  formas de comportarse de todo tipo. Están, a través del juego viviendo lo que significa, en cada cultura, ser niño o niña. Afortunadamente esa distinción sobre lo que es propio de niños y niñas se va rompiendo. Todos los juegos valen para todos. Dejarles experimentar con lo que les apetezca hará que poco a poco vayan eligiendo aquello que les hace felices, más allá de etiquetarse como comportamientos típicos de niños o niñas.
    • Hay que alejarse de clasificaciones rígidas que no representan la realidad. A algunas personas les causa preocupación que un niño experimente con el maquillaje de su madre o que una niña sienta deseos de jugar al rugby. No hay nada de problemático en ello y no indica más que un deseo natural de ir conociéndose a sí mismo. Los “juegos de sexo cruzado”, que es así a cómo se llama a este tipo de juegos, forman parte de una infancia sana. Los padres y madres deben proporcionarles acceso a todo tipo de materiales y experiencias que les pueden enriquecer. Nada tienen que ver estos juegos y preferencias, en estas edades tempranas, con a quién elegirán en un futuro como pareja sexual, lo que se denomina la orientación sexual. No corramos tanto. Eso sí, los padres y madres pueden estar preocupados por como socialmente va a ser vista una niña que le guste el rugby o un niño que quiera llevar las uñas pintadas a clase. Lo que nos indica que aún queda mucho por hacer en la aceptación de lo que es diferente en relación a lo que se espera culturalmente.
Desarrollo de la identidad sexual en la infancia y disforia de género

En pleno autoconocimiento

Durante ese viaje de autoconocimiento a veces manifiestan su desagrado con ser chicos o chicas. Hay que acoger esas molestias, preguntándoles qué es lo que le hace pensar o sentir eso. A veces es simplemente porque se sienten limitados al no permitírseles hacer ciertas cosas que no están “bien vistas” según su género; y lo que están proclamando es su deseo de querer hacerlas porque les hace felices, nada más. Hay que acompañarles como en cualquier aspecto de su desarrollo, en este caso también, evitando sobreinterpretar lo que dicen, escuchándoles muy atentamente.

Hay otros casos en los que, por el motivo que sea, no coincide el sexo biológico con su sentir de ser chicos o chicas, que se materializa en una forma de comportase (rol de género). En todas las culturas se espera que un niño se comporte de una manera y una niña de otra. Hay veces que los niños no se sienten cómodos con lo que se supone que se espera de ellos, socialmente, según su rol de género. Esto no debería convertirse en un problema si un niño o niña pudiera expresar su rol de género de la manera que le parezca oportuna, aunque los demás  puedan pensar que está teniendo comportamientos más propios del otro sexo. Como decía al principio, la riqueza del ser humano es inmensa y no podemos constreñirla en dos categorías cerradas. Si la familia y la sociedad en general acogen esa forma de expresarse del niño o la niña, que no tiene por qué ceñirse a los comportamientos esperados de uno  u otro sexo, sino a lo que a él o a ella le haga feliz, sin dañarse eso sí, a sí mismo y a los demás, el problema se acaba aquí.

Otro asunto es que en el transcurso de su desarrollo de identidad sexual el niño o la niña muestren, no un rechazo a su rol de género sino también a su cuerpo, en concreto a los rasgos físicos más característicos que nos distinguen como hombres y mujeres.

  • Puede ser especialmente doloroso para un adolescente percibir que comienza a desarrollar los caracteres sexuales secundarios, como la barba, que es la confirmación de su desarrollo físico como hombre o mujer, cuando siente intensamente que no se identifica con ese cuerpo, ni con los roles de género que se esperan de él. A eso se le llama disforia de género y hace referencia al malestar que estos niños o adolescentes pueden sentir en estos casos. Del cuerpo no se puede huir y despertarse todos los días ante el espejo con una anatomía y una identidad que siente que no les corresponde, obviamente puede causar mucho malestar, como es lógico. El malestar no tiene por qué indicar nada patológico sino que hay un asunto que prestar atención y resolver. La idea es que las personas puedan ser felices encontrando y respetando su manera de vivir y estar en el mundo. Si eliminamos sufrimiento en los demás todos ganamos. ¿Cómo? Eso daría para otro post.

Han comentado...

  1. A mi hijo de 5 años le han gustado cosas “típicamente de niña” desde que era pequeño. Le encanta el color rosa, l@s muñec@s, ponerse mis tacones y pintarse las uñas, hasta tiene un disfraz de Elsa de Frozen! Nunca hemos tenido ningún problema con eso pero lo pasamos mal cuando vemos que es el entorno el que le coarta. Ya no quiere llevar su botella de agua favorita a clase, que le encantaba, porque sus compañeros le dicen que es de niña 😠 Me enfada mucho ver que con 5 años ya tienen tan asumidos de manera errónea unos roles que en nuestra época eran más normales pero que las nuevas generaciones deberían ir superando.

    1. Tenemos que visibilizar que la diversidad de los seres humanos es compleja, rica y maravillosa. Muchas gracias por contarnos tu experiencia Natalia.

    2. Te entiendo perfectamente, Natalia. Es una división absurda que algunos juguetes u objetos sean característicos de roles femeninos o masculinos. Por eso comentaba en el post que, a nivel social, queda mucho trabajo por hacer para evitar ceñirnos a la estrecha dicotomia que versa sobre “cosas de chicos y cosas de chicas” que no refleja una realidad individual más rica y compleja.

      Un abrazo fuerte.

  2. Un hermano mío ha tenido problemas en este sentido porque una parte de la familia no le entendió y estaba asustada pensando que tendría una vida muy problemática. Con apoyo psicológico se acabó resolviendo tranquilamente, aunque costó que asumieran que era necesario. Este artículo nos hubiera venido muy bien entonces y nos hubiera ahorrado sufrimiento.

  3. Hola, mi bh tiene 15 años y aún no ha desarrollado su identidad sexual, dice ser bisexual, pero yo creo q tira más a ser lesbiana, no tengo ningún problema con ello, lo que me preocupa esq esta tendencia sea debido a q yo soy mala madre divorciada y a q por lo general tiendo mucho a ” Meterme ” Con los hombres, a decir q son todos malas personas,( dicho finamente) y q le haya de alguna manera creado una fobia hacia los hombres y por ello se incline más hacia las mujeres, repito no hay ningún tipo de problema por mi parte si así fuera, solo q no quisiera q ella se confunda, he intentado hablar con ella y hacerle preguntas (tenemos bastante confianza, pero en cuanto saco el tema sexual) , le da mucha vergüenza y se cierra.la verdad q me preocupa bastante, nose si sería bueno o no hablar con algún sicólogo sobre ello. Gracias

    1. Siempre recomendamos que se hay que acompañarles como en cualquier aspecto de su desarrollo, si necesitamos ayuda de un profesional no lo dudes. Hay que estar atenta para resolverlo cuanto antes y evitarles más molestias. Muchas gracias por contarnos su experiencia

  4. Muchas gracias por este post. La verdad es que es un tema interesantísimo y el post tiene una información muy completa.
    Un saludo 🙂

  5. A mi siempre me han gustado las “cosas” que se puede decir que son más de chicos. Y soy una persona feliz, a mi hijo le dejo que juegue a lo que le de la gana mientras sea feliz…

    Gracias!

  6. Buenas.

    Muchas gracias por el post, me ha servido para entender muchas cosas. A mi hijo de 5 años le gusta de vez en cuando jugar con mis vestidos y me pide también mis collares. Siempre he estado atenta a como evoluciona en este sentido y me inquieta. Me da miedo que sufra, que la gente no le entienda. Pero por lo que cuentas no debe preocuarnos, ¿no?

    Gracias por tratar estos temas que son un poco tabú…

    1. Claro que no hay que preocuparse, es totalmente normal a esas edades. Lo importante es que disfruten con gran variedad de actividades.

      Un abrazo fuerte,

  7. Enhorabuena por el post, este tema me parece un “melón” difícil de abrir. Siempre me he preguntado dónde teníamos que empezar a ocuparnos cuando nuestro hije no encaja bien dentro de su rol de género, me parece muy lógica la línea del rechazo a su cuerpo o sus genitales, no lo había leído nunca, siempre se aprende algo 🙂

    1. También hay otro indicador de sufrimiento en estos pequeños y es el rechazo social. Hay que estar atento a eso para resolverlo cuanto antes y evitarles dolor.

      Un abrazo, María.

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