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Ellas opinan: carta a una matrona

Ellas opinan: carta a una matrona

Si hay algo que nos preocupa a las Malasmadres es el momento del parto. Dar con un equipo de profesionales que te apoye en este momento, que te ayude y que se muestre humano, es todo lo que queremos. Experiencias hay muchas, buenas, malas y regulares. Hoy Bea Pola, malamadre de Claudia, ha querido rendir un homenaje a la matrona que la asistió en el parto, Vanesa. ¡No os perdáis este bonito post!

bea pola ficha

*Podéis seguirla en @Bea_Pola

Querida Vanesa:

Tal vez ya no te acuerdes de mí a pesar de que solo hace cuatro meses que la pequeña Claudia llegó a este mundo. Quería darte las gracias, lo llevo pensando desde que atendiste mi parto y aunque quizás nunca llegues a leer esta carta, siento que debo hacerlo por la tremenda suerte que he tenido.

A lo largo de nueve meses de embarazo, nuestra mente y nuestro cuerpo pasa por miles de estados. Desde la alegría al miedo, desde la tristeza a la incertidumbre pasando por el dolor y la inseguridad. A veces estamos tan enfrascadas en los cambios de nuestro cuerpo que en lo que menos pensamos es en el momento del parto. Sabes que llegará, “es el único examen de tu vida al que irás sabiendo que vas a aprobar”, dijo una vez Julia, la otra matrona a la que quiero dedicar estas letras. De repente ahí estás, subida a una camilla, sentada en una pelota y pensando en si ponerte o no la epidural. Pasan caras delante de ti, llegan las agujas y sabes que dentro de nada tu bebé estará aquí.

Humanidad

Quiero contaros que mi parto no fue malo, aunque fue largo, y desde el primer minuto recuerdo tu cara y tu humanidad. “Hola, soy Vanesa, voy a ser tu matrona”. Confieso que con el lío del momento pensé que te llamabas Verónica, incluso al día siguiente cuando subiste a la habitación a conocer a Claudia te tuve que preguntar el nombre. No me lo tengas en cuenta, seguramente ya has atendido algún que otro parto. Entiéndeme, para mí era el primero y nosotras somos las que estamos delante del toro…

Claudia venía con vuelta de cordón y mirando hacia arriba. Tu cara luminosa, tu equipo de enfermeras, ángeles con pijamas verdes entraban y salían del paritorio. La niña no quería salir, estaba encajada a pesar de que había dilatado en tiempo récord. “En nada está fuera” pensaba yo. Pero la cosa se complicaba, encajada y unida a mí por el cordón umbilical, yo empujaba, pero Claudia se empeñaba en bajar y subir como un yoyó. Tuvieron que hacerme un PH, pinchar a Claudia en la cabecita dos veces para asegurarse de que todo iba bien. Entonces escuché decir a la ginecóloga que si no salía: “O fórceps o ventosa”. Mi marido me dijo después que debajo de la gasa verde estaban aquellos aparatos que parecían de tortura. “Eran como el gancho de la feria”, sugerías aterrado.

infografia ellas opinan

Gracias Vanesa

Por poner esa mesa a un lado, por tranquilizarme y decirme que íbamos a esperar todo lo que pudiéramos. Yo sabía que todo iba a ir bien pero creo que es porque tú confiabas en ello. Gracias por dejarme entrever que “a veces los ginecólogos se ponen nerviosos”. Llevaba ya cuatro horas esperando. Llegó el momento de empujar. Os recuerdo como hooligans en un partido de fútbol. Yo era vuestro equipo favorito. Recuerdo a mi marido animando, a aquella enfermera tan graciosa con pelo cano y una pequeña coletilla. Y por supuesto ahí estabas tú. “Intenta empujar bajando el aire, vamos vamos vamos, veo una cabecita rubia”. A veces pienso que no veías cabeza, que viste mi pelo rubio y que solo lo decías para animarme. “Tengo que cortar un poco dijiste” y asentí agotada mientras intentaba adivinar tu edad. Pasabas de los treinta, pero por poco. Y entonces la vi volando sobre mí, con los ojos muy abiertos y llorando. Yo también lloré, y sonreíste. Querida Vanesa, era sábado y el lunes llamaste a la habitación para conocer a Claudia. Te dimos las gracias por todo. “Ha sido muy fácil con vosotros”, dijiste.

Éste es mi homenaje a Vanesa, mi carta abierta a Julia y a todas las Vanesas y Julias que trabajan cada día en nuestros hospitales. A todas las que han hecho de nuestro parto una experiencia humana e inolvidable. Esta carta es un gracias a todas las que a pesar de saber que algo podía ir mal supieron que todo saldría bien.

Querida Vanesa: nunca dejes de sonreír y de animar, porque gracias a ti la sanidad pública ha recuperado para mí la dignidad que le han hecho perder en los últimos tiempos. Éste es mi homenaje a las matronas, a las buenas, a las humanas, a las mujeres que atienden mujeres y no números.

Querida Vanesa: ¿nos vemos en el próximo parto?

Y vosotras Malamadres, ¿tuvísteis una experiencia similar? ¡Os esperamos en los comentarios!

Han comentado...

  1. Aunque ya se lo agradecí a ella en su momento, vuelvo a hacerlo, porque nunca podré expresar lo que significó para mí que ella fuera mi matrona: Alba, del Hospital de Cruces. Me respetó, me preguntó, me animó… Me permitió quedarme en el suelo, me permitió moverme, me permitió estar de pie… Hizo posible mi deseo de tener un parto natural, no intervenido, no medicalizado. Jamás podré agradecérselo lo suficiente. Fue la mejor matrona que podía haber deseado.

  2. Hola,

    Mi matrona en el parto se llamaba Isabel del Hospital San Agustín de Avilés, fui su primer parto del día (justo había entrado en su turno) y la última que parió ese día. Tuve un parto maravilloso, rápido incluso con la epidural, me trataron con tanto cariño que no hay palabras para expresar mi agradecimiento. Cuando me dijo: si ya has dilatado!! vas a parir ya!!! fue cuando me puse nerviosa que me temblaban las piernas, ella y la enfermera me tranquilizaron con un “nosotras te vamos a ayudar, todo va a ir bien, concéntrate en empujar lo mas fuerte que puedas cuando venga la contracción, 6 empujones y estará fuera”. Al final fueron 9, pero me trataron tan bien, con tanto cariño…. el día antes de marcharnos vinieron a vernos a la habitación para despedirse. Fueron maravillosas

  3. He leído tu carta y hace 10 años pase exactamente por esos mismos momentos, fue duro ,y sobre todo cuando te dicen que el latido del bebé no se oye. Desde las 8 de la mañana que ingrese hasta las 23:20 que nació el buenohijo conocí a mis dos ángeles de la guarda ,el matron Benito, que me daba agua a escondidas con una gasa, y Victoria que me cogía de la mano y me susurraba que era una campeona, que el bebé tenía suerte de lo insistente que era, gracias

  4. Aunque ya el buenhijo tiene 3 años, nunca es tarde, no?? Asi que muchas gracias a Celia del Hospital La Paz de Madrid.

  5. ¡Que suerte! La matrona que me tocó con el cambio de turno me soltó lindezas sin presentarse como “Mira, ¡la más sufridora de todas! No me creo que lleves tanto tiempo con contracciones, no seas exagerada”, o “Si no empujas no va a salir”, hacer tactos sin avisar… Luego en el parto, que acabó con ventosa, se desentendió totalmente y solo trabajaban los ginecólogos y la auxiliar.
    Eso si, cuando la auxiliar tan amable me puso a mi niño por fin piel con piel (se lo tuvieron que llevar nada más nacer, sin verlo, para ver si estaba bien) llegó la tiparraca (no merece otro nombre), sin mediar palabra me lo quitó y gritó “No se que manía tienen con ponerlos desnudos! ¡Estas modas estúpidas! Luego se resfrían y que…”. Lo vistió y me lo devolvió. Aún alucino…
    A mi me tocó una para la que solo era un número… Solo deseo que se jubile pronto y ninguna tenga que aguantar estos comportamientos cuando estás agotada física y mentalmente. Menos mal que las chicas jóvenes ya no son así…

    1. Vaya Elena.Hay de todo…reconozco que he tenido mucha suerte pero a aquellos que parece que no les gusta su trabajo que dejen paso a otros que aún tienen ilusión..¡Un saludo!

  6. Arancha, de Montepríncipe: gracias por darme el trato que deseaba. Profesional, decidida, respetuosa, de tú a tú, humana. GRACIAS.

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