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Los festivales de fin de curso

Los festivales de fin de curso

Llego tarde. Una vez más. Dudo por un momento en dejar el coche en doble fila o encima de la acera, pero eso es delito mayor en las puertas del colegio y más un día de festival como hoy. Así que aparco a dos kilómetros y llego tarde y sudada a la puerta, temiéndome lo peor. Encima voy con tacón, pero si siempre voy en zapatillas. Lo que me hace falta es caerme y hacer llegada quiquitarabuelas, tíos y tías, primos y allegados del pueblo, aferrados al portón, dispuestos a hacer lo que sea por sentarse en primera fila para ver a sus pequeños artistas en la exhibición de gimnasia rítmica. Ayer fue la exhibición de ritmo y movimiento de la niña intensa. Antes de ayer el festival de dibujo de la mayor. Este último se merecería un capítulo aparte.

Pero bueno, he tenido suerte, antes de que suban el telón para que de comienzo el festival de gimnasia rítmica, una madre se levanta y yo que estoy ojo avizor, rápidamente, me siento en el huequito del banco que queda libre. No respiro para ocupar el mínimo espacio posible y no caerme del banco. Hace calor. “Este gimnasio tiene poca ventilación”, pienso, mientras repaso todo lo que tengo que hacer en cuanto acabe el espectáculo. ¡Esto comienza! Me llaman justo en ese momento. Y veo mientras corto la llamada que tengo solo un 5% de batería. ¡Estupendo!

festivales

*Ilustración de Belén García-Mendoza.

¿Cómo puedo venir a un festival sin batería? ¿Cómo voy a inmortalizar el momento?

Se me olvida el calor, lo apretujada que estoy cuando veo aparecer a la buenahija desfilando y saludando al personal. Ella mira nerviosa buscándome. Me ve por fin y sonríe emocionada. Es ese momento en el que todo se para, nada más importa, solo ella y yo mirándonos y sintiendo la emoción de ser madre e hija. En ese instante se me olvida el primer año que me dio con sus cólicos nocturnos, sus vómitos nocturnos, las noches de “no puedo dormir mamá”, las tardes de deberes insufribles, sus cabreos repentinos y su agenda social de cumpleaños encadenados. Solo la veo a ella, el resto me da igual. ¡Qué guapa está, madre mía! Y cuánto ha crecido. Dudo hasta que sea mi hija y respiro profundo.

Hay días que me veo desde fuera y no me creo que tenga dos hijas. A veces no sé si lo dudo o sueño con no ser madre, solo por un momentito pequeño para ducharme en soledad. Pero ahora, en este momento preciso, me invade el orgullo de Malamadre y se me llenan los ojos de lágrimas, pero intento reprimirlo, no vaya a ser que me vean. No, no puedo reprimirlo y saco el pañuelo. Y para qué queremos más. Le hago una foto y consigo mandarla a todos los grupos de whatsapp que tengo antes de que se apague el móvil.

No es la primera en bailar. Hay por lo menos 50 niñas divididas en 6 grupos. ¡Oh my God! ¿Por qué no nos convocan por turnos? ¡Qué calor hace! Se me ha pasado la emoción de golpe y ya quiero que acabe… Oye, que sí, que son todas muy monas, pero yo con ver a la mía tengo bastante. Una hora más tarde y cuando ya mi pantalón está totalmente pegado al banco de madera y nos fusionamos, se levanta su grupo. Ay ay ay… Me preparo para llorar a moco tendido hasta que veo el espectáculo y paciente espero a que hagan un paso coordinadas y a la vez. Cada una va por su lado y aquello parece de todo menos una coreografía de exhibición. Me da la risa, miro a una Malamadre cómplice y le digo: “con esto no se ganan la vida, mejor que estudien”. El año pasado probaron ballet, este año gimnasia rítmica, seguiremos probando jaLos fesja.

Mensajes para Malasmadres:

1.     Disfruten de los festivales, que luego llega lo peor: las vacaciones escolares y los juegos de la conciliación.

2.     Si tu buenahija o buenhijo te dice qué tal lo ha hecho, miente: “genial hija mía, eres una artista”. No hay que darle un disgusto innecesario. Ya le iremos haciendo entender que esto tampoco es lo suyo el curso que viene.

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Algo bueno tiene que tener que la familia esté a 600 km. No tenemos que sufrir por esto. Pero no puedo parar de reír. Esta tarde a las 6 tiene la buenahija1 la exhibición de gimnasia rítmica y llevamos en bucle desde hace dos semanas, es monotema mi niña. No sé si está más nerviosa ella o yo. Ayyyyy! El orgullo de Malamadre llega a sus cotas máximas en estos momentos a lo madre de La Pantoja. Compañeras, no estáis solas en estos momentos PRE fin de curso que son tan intensos. ¿Cómo lo estáis viviendo? Además pensad que será peor cuando lleguen las vacaciones escolares, así que disfrutemos y dejémonos llevar. 👉🏼 Mal de muchas, consuelo de Malasmadres con este súper TIP de @burgoslandia ¡Estás sembrá amiga!

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Han comentado...

  1. Efectivamente Laura. Esa mirada entre malamadre y buenhijo, en mi caso, es indescriptible. Ese orgullo q sienten cuando te ven dándolo todo. Parece q la actuación te la dedicarán en exclusiva. Un rollo los festivales pero una alegría verle feliz con los suyos. Ya vendra la guerra del verano. Eso será otro capítulo.

  2. Hola,

    Yo hoy empecé con el tema Orla… ¿en que momento se me pasó todo infantil y no me enteré? Total, que me estuvo dando la brasa como 15 veces con que “mama, tengo que llevar un pooooloooo blancoooo”. La hora de peinarla ha sido apoteósica: “Lara, ¿cómo quieres que te peine? ¿dos trenzas o dos coletas?”, “mama,las trenzas las va a llevar Fulanita y las coletas me las pusiste ayer… mejor cola alta”. Muerta me quedé. Tengo una pre-adolescente de 5 años. Oh my god! Jefa, lo que nos espera…. ánimo a todas y a por ello con la mejor cara ; )

  3. Yo odiaba hacer esos recitales, pero mi madre, aparentemente, disfrutaba mucho de verlos.
    Ahora me doy cuenta de que ella sufría casi igual que yo pero lo ocultaba mejor.

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