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El miedo a que los buenoshijos y buenashijas sufran un trauma

El miedo a que los buenoshijos y buenashijas sufran un trauma

Es el primer día de clase de Juan, un pequeño de 6 años, que comienza la primaria en un colegio nuevo, con niños que aún no conoce, con profesores que tendrán que conocerle a él, entender quién es. Los padres le acompañan hasta la puerta del centro, intentando convencerle de que se lo va a pasar genial, que luego les cuenta qué cosas chulas ha hecho, que seguro que son muchas.
Es el primer día de clase de Juan, un pequeño de 6 años, que comienza la primaria en un colegio nuevo, con niños que aún no conoce, con profesores que tendrán que conocerle a él, entender quién es. Los padres le acompañan hasta la puerta del centro, intentando convencerle de que se lo va a pasar genial, que luego les cuenta qué cosas chulas ha hecho, que seguro que son muchas.
Juan no para de llorar, prefiere quedarse con sus padres que enfrentarse a una situación desconocida. Ya llega la hora de entrar en el recinto y los padres, con el corazón encogido, se marchan a sus trabajos, esperando que su hijo se adapte pronto, que encuentre compañeros con los que jugar que le hagan olvidar el malestar de esta mañana.
“¿No le provocará esto un trauma?”, se preguntan a veces las familias. “Probablemente para el resto de la vida”, le contesta, intentando quitar hierro al asunto algún familiar cercano. En el fondo es una exageración lo que a veces pensamos pero aun así puede que no nos quedemos tranquilas/os.
¿Es posible que situaciones como esta, tan inherentes a la vida de un niño, puedan provocar traumas psicológicos de difícil reversibilidad?
El miedo al trauma es una preocupación que comúnmente planea en la mente de todas las madres y padres. Una duda que sale con frecuencia en las sesiones de terapia. ¿No le dejará esta situación que ha vivido una marca psicológica indeleble? ¿Lo está pasado demasiado mal mi hijo o hija? ¿Qué nivel de malestar es el permitido, cuál es el cupo que no se debe superar para evitar provocarle trauma?

Pero a que nos referimos cuando hablamos de trauma…

Inevitablemente, para saber de lo que estamos hablando, hay que definir lo que es un trauma. Para emitir juicios en este sentido los psicólogos nos guiamos a través de dos manuales de referencia para el diagnóstico de los trastornos mentales: el DMS-V y el CIE 11. Vamos a ello. La definición de trauma psicológico es todo acontecimiento altamente estresante donde la persona se ve envuelta en hechos que representan un peligro real para su vida o cualquier amenaza para su integridad física; es testigo de situaciones de esta naturaleza, por ejemplo con muertes o heridos involucrados, o  tiene conocimiento sobre hechos así, a través de familiares o personas cercanas.
Resultado de esta situación, la persona que lo vive reacciona con una sensación de amenaza intensa. El trauma además conlleva una serie de síntomas resultantes de vivir esa situación. La persona que lo ha sufrido puede llegar a evitar situaciones, lugares, personas, emociones o pensamientos relacionados con esa experiencia. A algunos les cuesta dormir bien después de sufrirlo o sienten una ansiedad alta. Depende de lo que haya desencadenado el problema puede tener dificultades para poder confiar en los demás o, en definitiva, recuperar su  vida normal.

La frustración

Entendido el significado de trauma, se puede concluir que está bastante alejado de las consecuencias que las pequeñas frustraciones naturales del día a día, puede acarrear a los niños, y que hay que evitar confundir con situaciones generadoras de potenciales futuros traumas. Son experiencias, las pequeñas frustraciones, que ellos deben, con la ayuda de sus padres, saber gestionar poco a poco. Y aunque, evidentemente, hay que propiciar que el niño tenga muchas experiencias positivas en la vida, la mayoría de ellas deben serlo de hecho, las situaciones donde surgen emociones intensas de carácter negativo son inevitables.

El malestar es inherente a la vida

¿Acaso no vivimos pequeñas frustraciones, contratiempos o desencuentros todos los días? La vida, razonablemente bien gestionada, no provoca traumas. De eso somos conscientes los adultos y la mayoría lo llevamos con bastante entereza.
Hay que ayudar a los niños a saber que esta parte de la realidad existe, enseñarles a estar en contacto con su malestar y manejarlo de la mejor manera posible .
Los niños son puro deseo, como es lógico, y piden y quieren cosas que, a veces no pueden obtener inmediatamente o simplemente no conseguirán. Como cuando piden de mascota un cocodrilo y lloran porque sus padres se lo niegan. Y se tendrán que enfrentarse
a asuntos más serios que les provoquen miedos, incertidumbres, fracasos, dudas…
Normalizar el malestar, sin abandonar la necesidad de evitarlo en un futuro cuando es posible, sirve para protegerles de un sufrimiento psicológico inútil.
Pero, ¿por qué se piensa que las pequeñas frustraciones del día a día pueden provocar grandes perturbaciones emocionales en el aparato psíquico del niño? < No podemos olvidar la influencia ;cultural del mundo en el que vivimos, donde subyace la negación del malestar y una interpretación exagerada de lo que las incomodidades pueden desencadenar. No hay más que ver las redes sociales o la televisión, pálidos y engañosos reflejos de la vida real, pero ventanas a las que los niños, adolescentes y nosotros, los adultos, estamos expuestos constantemente. Estos medios generan una creación de expectativas poco realistas donde se muestran partes parciales de la vida de una persona, como forma de presentar una historia que solo quiere mostrar su cara feliz. La concepción del sufrimiento en la sociedad actual es que es un problema que debe eliminarse. ¿Cómo enfrentarse al sufrimiento que puedan presentar los hijos e hijas? De manera empática, acogiendo sus emociones, y operativizando soluciones a los problemas, sin miedo a causarles traumas. Al final toda decepción se puede convertir en un aprendizaje útil.
Y vosotras Malasmadres, ¿creéis que educamos en superar el malestar diario a los buenoshijos/as? Nos encantaría conocer vuestras opiniones.

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