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“No es que las mujeres no quieran tener hijos. Es que no están dispuestas a pagar el precio social, personal y laboral que supone. Es muy distinto”

“No es que las mujeres no quieran tener hijos. Es que no están dispuestas a pagar el precio social, personal y laboral que supone. Es muy distinto”

Justo por estas fechas, en octubre, el presidente del Gobierno hace 2 años (9 de octubre de 2024) dijo en el Congreso aquello de “muchas familias no tienen hijos porque no quieren y es una decisión que debemos respetar”. Estas declaraciones las tengo clavadas en mi alma de activista por la maternidad y la conciliación. ¿Cómo olvidarlas? 

Hoy vuelvo a ellas, tirando de hemeroteca porque ayer me llamaron de El País para comentar los primeros resultados de la encuesta de fecundidad del INE, que acaban de publicarse con este dato abriendo reportajes:

“El 15,5% de las mujeres en España no quiere tener hijos”.

Como aquí no nos quedamos solo con los grandes titulares, si sigues revisando los datos, vemos que “el dato se dispara especialmente entre las que tienen de 35 a 39 años, una edad especialmente crítica porque a mediados de la treintena la fertilidad comienza a caer: el 16,5% de las mujeres en esta franja de edad no desea tener niños, son un 127% más que en 2018. Por otro lado, se constata la importancia de los tratamientos de reproducción asistida, en un país en el que cada vez se retrasa más la edad a la que se procrea. Casi una de cada 10 mujeres de 40 a 49 años se ha sometido a un proceso de este tipo”. (Fuente: El País. 29 de octubre).

El lunes pasado formé parte de una mesa redonda super interesante en la que desde 4 miradas, 4 generaciones debatimos sobre la vida y entre los temas de preocupación salió el futuro de la sociedad. El gran Iñaki Gabilondo me preguntó “cómo veía el futuro”. “No hay futuro, no hay reemplazo poblacional”, le dije. Estamos ante una crisis global de cuidados que parece no importar a los políticos/as de este país, continúe. Mientras eso ocurre, seguimos centrándonos en un mensaje falso, pensando que las mujeres no queremos ser madres, cuando realmente NO podemos ser madres en este contexto social. Se está confundiendo la libre elección con la renuncia.


El deseo de ser madre está en 2 hijos de media por mujer en España, mientras la media está en 1,1. Pero ¿cómo ser madre así? No tenemos derecho a una vivienda digna, no tenemos derecho a un trabajo estable y por supuesto las políticas de conciliación brillan por su ausencia. Hace falta invertir económicamente en proteger la maternidad, en favorecer que podamos ser madres, pero en contra se invierte en tratamientos de fecundidad o en poder alargar la edad fértil de la mujer. Porque nunca, nunca, es el buen momento para ser madre.

“¿Vas a prohibir que una mujer con 50 quiera ser madre si la ciencia se lo permite?”, me decía el más joven de la mesa, un emprendedor al que admiro mucho, pero que no es padre. No voy a prohibir, por supuesto que no, le dije, pero eso es desviar la atención de lo realmente importante. 

Tenemos que trabajar para que las mujeres jóvenes puedan ser madres, no tengan que anular su deseo de ser madre, o puedan elegir cuándo serlo y no sientan que nunca es el momento porque este sistema capitalista voraz nos haya hecho creer que dar vida es un asunto menor, es un obstáculo para nuestras carreras profesionales y no merece la pena dedicarle el tiempo, la atención, las políticas públicas, la protección y los presupuestos que merece. 

Exijamos responsabilidad social. Pongamos el foco en las causas que hacen que las mujeres no quieran ser madres. Compartamos nuestro sentir, nuestras historias que callen esos discursos absurdos y no permitamos que decidan por nosotras que es lo que están haciendo continuamente en los asuntos que de verdad nos importan.

firma laura

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