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Cuando el padre es el que trabaja en casa

Cuando el padre es el que trabaja en casa

En 2017, después de 13 años de una carrera profesional exitosa en diseño y publicidad, mi vida dio un giro radical.

Cuando el padre es el que trabaja en casa

Me convertí en padre de un bonico que ahora tiene casi 5 años. Poco tiempo después, en parte por necesidad y en parte por decisión conjunta con mi mujer Susana, me convertí en amo de casa. O más concretamente, como se conoce en el mundo anglosajón, en un stay-at-home dad.

En nuestra pequeña familia de tres, los roles de género tradicionales están invertidos. O equilibrados, prefiero pensar. En casa trabajamos juntos por construir nuestro propio proyecto de vida, ayudándonos en lo que podemos. Facilitando que nuestras ideas y nuestras preferencias, las de los tres, sean tenidas en cuenta. Fomentando la autonomía, la independencia y la confianza en sí mismo de nuestro hijo. Y de paso ¡también la nuestra, qué narices!

Cuando el padre es el que trabaja en casa

En casa yo me ocupo de poner la lavadora y la secadora, recoger el lavavajillas, hacer la compra o cocinar, que es algo que además me encanta hacer. Mi mujer es la que trabaja. Por supuesto ella también me ayuda con las tareas de casa. Yo la ayudo a tener tiempo para ella, para su ocio, para sus amigos y para su trabajo. Y entre ambos, educamos a nuestro hijo en un ambiente de cooperación, responsabilidad y respeto mutuo.

Mi mujer siempre ha ganado más dinero que yo. Por eso, para nosotros, tenía más sentido que yo dejara de trabajar. Porque, pensadlo un momento: desde un punto de vista puramente económico, gran parte de mi sueldo se iría en contratar a una persona que se ocupara de nuestro hijo. De llevarle al cole, de recogerle, de jugar, de darle cuidados. En definitiva, de hacer de madre o de padre. De subcontratar mis tareas de padre. ¿Y para qué he tenido un hijo entonces? ¿Eso compensa? ¿Tiene sentido? En mi caso, sin ninguna duda, no.

Porque debemos recordar siempre esto: sin niños, no estaríamos hablando de conciliación. Si no tuviéramos que ocuparnos de ellos, no habría problema. Iríamos a trabajar, quedaríamos con nuestros amigos, haríamos nuestra vida y santas pascuas. Todos contentos. Así que os pido que no os olvidéis nunca de nuestros pequeños.

Admitámoslo, los hijos nos lo ponen muy difícil. Supone un reto enorme ocuparse de ellos. Un esfuerzo mental y físico increíble. Pero los niños nunca pueden ser las víctimas de nuestras decisiones. Recordad: ellos no han pedido nacer. Somos nosotros, sus madres y padres, los que voluntariamente decidimos darles la oportunidad de venir a este mundo. Vamos a demostrarles que no ha sido una decisión equivocada. Que vale la pena vivir y que el mundo es un lugar fantástico, por mucho que, entre todos, nos empeñemos casi siempre en que parezca lo contrario.

Un cambio de paradigma

Para lograr esto, hay que empezar por cambiar de paradigma, de modelo, de punto de vista. Y tiene que ser un cambio radical. Es mejor quitarnos la tirita de un tirón. Empezando por: ¿necesitamos ser madres y padres? ¿Es obligatorio? ¿Quién nos obliga? No deberíamos convertir la maternidad y la paternidad en algo que tachamos de una lista y ya está, a otra cosa. Si crees que ser madre va a ser un gran problema, entonces no lo hagas, no pasa nada. Porque te aseguro que no es fácil. Esa es la primera decisión libre que, como mujeres, podéis tomar. Que nadie os diga lo que podéis o no podéis hacer.

Ser madre o padre trae consigo muchas, muchas dificultades. No ha sido nada fácil para mí, por varias razones. Primero, por no desempeñar el rol tradicional de padre de familia y proporcionador de sustento económico. Segundo, por asumir un papel que, por tradición, estaba injustamente reservado en exclusiva a las mujeres: ama de casa.

Esto me llevó a una profunda crisis personal, profesional y de identidad.

No entendía para qué había dedicado tanto esfuerzo y tiempo a formarme en la universidad. Para qué habían malgastado mis padres tanto sacrificio, personal y económico, para ofrecerme una buena educación. Para qué trabajé tan duro por aprender y desarrollar una profesión.

Solo después de muchos, muchos meses de trabajo con mi psicóloga Natalia, a la que le debo la vida que ahora tengo, estoy disfrutando de mi nuevo yo. Un yo que me permite ser más independiente, más autónomo y más seguro de mí mismo. Menos obsesionado con la perfección, con los cánones establecidos.

Este es nuestro modelo de conciliación. Han sido años de esfuerzo. Años de darle forma a la familia que ahora somos. Con mucho sufrimiento, lágrimas, angustia. Pero con muchas ganas de ser mejores personas. De ser ejemplo e inspiración para otras madres, para otros padres. Y lo hemos hecho por nosotros. Pero, sobre todo, por nuestro hijo.

  • Alberto García. Padre y amo de casa.

Han comentado...

  1. Me ha gustado mucho tu reflexión, y comparto y entiendo tu angustia, me encuentro en una tesitura similar con mi pequeño de casi 4 años, malabares hacemos para conciliar trabajo, cole y vida familiar con tareas incluidas…supone, y puedo entenderte, un gran “sacrificio” dejar de lado tu profesión si te gusta y la disfrutas y a la que has dedicado como tú bien dices, años de formación, esfuerzo y dinero…pero piensa que siempre la podrás retomar cuando tu hijo esté en otra fase.
    Mucho ánimo en tu gran batalla y esperemos sirvas de ejemplo a aquellas parejas que se hallan en esta misma tesitura.
    Bravo por tu valentía Alberto

  2. Cuando entiendes lo importante y esencial que es el trabajo de los cuidados en el hogar, lo unico que echas en falta es un salario…
    Identificada contigo. Soy ama de casa, me siento totalmente realizada (también me costó lo mío) pero me falta el sueldo.

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