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Seis estrategias para conseguir una comunicación asertiva con  nuestros adolescentes

Seis estrategias para conseguir una comunicación asertiva con nuestros adolescentes

La comunicación es sin duda el mayor desafío con el que nos encontramos las familias que tenemos hijos adolescentes. Una ardua tarea repleta de retos diarios que, en muchas ocasiones, nos hace sentir inseguros y vulnerables.  Tener una mala comunicación con nuestros hijos nos genera impotencia, culpabilidad y mucha frustración.

No es fácil hablar con alguien que te contesta con monosílabos, que muestra poco interés por compartir lo que le pasa o escuchar lo que le  quieres explicar. Que se muestra lejano, irreverente, irascible e impulsivo. Que modula mal sus emociones y manifiesta muchas dificultades para hacer frente a la frustración y a la crítica.

No es fácil acompañar a alguien que se muestra rebelde, provocador y egoísta. Que te trata con furia, cambia constantemente de humor y busca con torpeza su lugar en la familia y el mundo. Que te hace sentir como si de repente tu vida y la suya se hayan desconectado.

Una etapa de desarrollo vertiginoso en la que, en muy poco tiempo, se producen muchos cambios físicos, psicológicos y sociales. Un período de desarraigo, de máxima fragilidad y exploración de límites. La adolescencia marca el comienzo de la búsqueda de la propia identidad, del sentido de la vida y la reafirmación de la individualidad.

En muchas ocasiones hablamos a nuestros hijos alzando la voz sin sentido, maximizando situaciones con poca importancia, actuando sin coherencia entre lo que decimos y acabamos haciendo. A menudo nos dedicamos a evaluar en vez de escuchar con atención, a aconsejar en lugar de comprender.

Los adolescentes necesitan a su lado adultos presentes y receptivos, abiertos al diálogo, que les digan a diario que les quieren sin condición. Que les escuchen, les reconozcan y les brinden apoyo y la tranquilidad que tanto necesitan. Que les acompañen a veces sin palabras, con empatía, respeto y grandes dosis de comprensión.

Progenitores que entiendan que necesitan tiempo y espacio para aprender, alas para volar, libertad para expresar lo que sienten o necesitan sin temor a ser juzgados. Que validen emociones desde la serenidad y el cariño. Que se muestren serenos, que comprendan que muchas de sus conductas están asociadas a la fragilidad de la etapa.

Familias de buen humor y con mucho sentido común que cultiven espacios seguros, que acompañen con calma las frustraciones, los errores y enfados. Que les hagan sentir útiles y con arraigo, comprendidos y protegidos.

Conseguir una comunicación asertiva con nuestros hijos adolescentes debería ser un objetivo prioritario en nuestro acompañamiento. Una comunicación que posibilite expresar nuestras necesidades,  ideas o sentimientos de una manera empática y respetuosa sin imponer nuestras decisiones con un pensamiento de adultos.

Que logre que nuestros hijos expresen todo aquello que sienten o les inquieta sin miedo a sentirse juzgados, a que podamos compartirlo con terceras personas, reaccionemos de manera desproporcionada ante sus confidencias o les etiquetemos por los errores que cometen olvidando todo lo que hacen bien. Nuestros hijos necesitan sentirse respetados, reconocidos y escuchados.

La comunicación es fundamental para que nuestros hijos se desarrollen y crezcan en un ambiente en el que predomine la libertad de expresión, la confianza y la participación. Una buena comunicación facilita el desarrollo de una mentalidad positiva, colaborativa y resiliente.

Una adecuada comunicación familiar supondrá un mayor bienestar psicosocial de nuestros hijos y contribuirá muy positivamente en la formación de su auto concepto y autoestima. 

Seis estrategias para conseguir una comunicación asertiva con nuestros adolescentes

¿Cómo podemos conseguir una comunicación asertiva con nuestros hijos?

1. Estando presentes y disponibles, buscando espacios diarios para hablar sin prisas, para compartir todo aquello que necesitan o les preocupa. Mostrando interés por lo que les gusta y dejando que tomen sus propias decisiones.

2. Comprendiendo la adolescencia y la metamorfosis de cambios por los que transitan. Aceptándolos tal y como son, apreciando los esfuerzos y todo lo que hacen bien, estableciendo expectativas acertadas.

3. Hablando con ganas de entendernos, sin interrogatorios, ironías, tonos acusativos o comparaciones. Con un lenguaje lleno de respeto y afectividad, sin reproches ni etiquetas que coarten o ridiculicen. Aprendiendo a responder en vez de raccionar.

4. Aprendiendo a preguntar, a escuchar asertivamente, respetando que sienten, opinen o piensen diferente a nosotros. Abriendo conversaciones bidireccionales, eliminando los gritos y los juicios que tanto dañan el vínculo. Recordando que todo comunica; nuestras palabras, nuestros gestos, nuestras miradas, nuestros silencios, nuestro tono de voz.

5. Convirtiéndonos en el mejor ejemplo comunicativo que puedan tener, enseñándoles a solucionar los conflictos desde la empatía y la comprensión, siendo muy conscientes de nuestras emociones y estados de ánimos. Controlando nuestra ira, buscando tiempo para serenarnos ante las desavenencias y pidiendo disculpas cuando nos equivoquemos.

6. Repitiéndoles a diario que estamos a su lado de forma incondicional, estableciendo lazos íntimos y auténticos, compartiendo con ellos todo aquello que sentimos, nos gusta o ilusiona. Ofreciéndoles realizar actividades juntos que fortalezcan nuestra relación.

La adolescencia es sin duda la etapa educativa en la que nuestros hijos necesitan de nosotros “nuestra mejor versión”. Recordemos siempre que nuestro peor problema de comunicación es que no escuchamos para entender, escuchamos para contestar. Hagamos de la comunicación la mejor herramienta educativa para educar desde el amor y el entendimiento.

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