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Aprender a ser corresponsables es cosa de dos

Aprender a ser corresponsables es cosa de dos

El 45% de mujeres que aportan la misma cantidad de ingresos al hogar que sus parejas siguen siendo las responsables principales de las tareas doméstico familiares, frente al 9% de sus parejas, según nuestro estudio Somos Equipo. Las mujeres hemos salido a trabajar fuera pero el hombre no ha entrado a trabajar en casa, la corresponsabilidad es la pieza clave del engranaje para que la conciliación ruede de manera correcta y conquistar la igualdad en este aspecto que es fundamental. Hoy nuestras colaboradoras Ana Kovacs y Leonor Cabrera abordan este tema desde la perspectiva de la culpa y de la capacidad de delegar en el otro. ¡No te pierdas este interesante post!

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Es difícil decidir en la vida, ¿no crees, Ariel?  Oh! Y además hay otro pequeño detalle (…). No se puede recibir sin dar nada a cambio. (…). No olvides que tan solo tu belleza es más que suficiente. Los hombres no te buscan si les hablas . No creo que los quieras aburrir. Allá arriba es preferido que las damas no conversen. A no ser que no te quieras divertir. Verás que no logras nada conversando. Al menos que los pienses ahuyentar. Admirada tú serás si callada siempre estás. ¡Sujeta bien tu lengua y triunfarás, Ariel!(La Sirenita, 1989)

Cada 8 de marzo surge la controversia: seguidores, detractores, distintas visiones y posicionamientos: desde quienes deciden parar y así simbolizar que si paramos, se para el mundo, a un no pararé con lo que me ha costado conseguir trabajar fuera de casa. También aún hay voces que defienden que no hay nada que defender.

Posturas diferentes, a veces contradictorias. Pero después de tres siglos desde el nacimiento del feminismo, el éxito es poder ejercer los derechos y libertades“Ninguna conquista social ha venido sola, sin cambiar el orden establecido”, decía la periodista Nuria Varela el otro día en la radio (“Radio 3- Efecto Doppler – Mujeres y Poder – 20/02/2018”). Úrsula le decía a Ariel en La Sirenita que “No se puede recibir sin dar nada a cambio”.

¿Acaso no es esto lo que vivimos en nuestras mater/paternidades?

La dificultad de poder avanzar en nuestra carrera cuando los niños demandan (y necesitan) cuidados y atenciones. El conflicto que supone elegir, la realidad que te empuja a seguir adelante a pesar del cansancio y las dificultades. Desear poder salir un rato a solas, con las manos desocupadas. Anhelar un rato de silencio pero tenerlos siempre presentes. Criar a los hijos y escuchar un ruido de fondo que te dice que no es suficientemente importante.

A veces nos enfadamos con el trabajo porque “no nos deja” ejercer la mater/paternidad como teníamos previsto. O a veces nos enfadamos con nuestros hijos porque sentimos haber perdido aquello que teníamos, porque nos pausa el ritmo que solíamos tener, porque ya nada volverá a ser como antes, porque nos enfrenta a lo desconocido…

Amar con total generosidad, volver a descubrir el mundo a través de sus ojos, sentirse pequeño e importante al mismo tiempo, maravillarse con cada nuevo paso que dan. La maternidad/paternidad está llena de contradicciones, nos mueve entre el amor y el odio. Entre entregarnos a los cuidados y cuidarnos a nosotros mismos, entre los ideales que teníamos y la realidad que vivimos, la resignación pero también la satisfacción y el entusiasmo.

En este vaivén las decisiones no son limpias. Porque en cada elección se produce inevitablemente una renuncia a todo lo que queda fuera del área de esta elección. Es cuando nos damos cuenta de esta pérdida que sentimos tristeza, incluso angustia.

Incluso cuando no elegimos estamos realizando una elección: no elegir. Es necesario vivir en esta ambivalencia. Porque como seres humanos somos también ambivalentes, contradictorios e incompletos. Así que cada vez que elegimos (y preferimos) dejamos algo por el camino, algo sin hacer, algo de lo que no nos ocupamos.

Desear nos hace culpables

Cuando pensamos en un buen líder, un buen dirigente (o en lo que intentamos inculcar a nuestros hijos) solemos hablar de la responsabilidad por las decisiones tomadas. Sin embargo, ¡qué difícil es hacerse cargo de nuestros propios sentimientos, de nuestras propias faltas! Por eso nos sentimos mal, nos avergonzamos o sentimos culpa. Porque ésta nos invita a seguir escondidos bajo el miedo, no nos permite decidir y nos deja en el lugar de víctimas.

La responsabilidad será siempre nuestra en tanto que en las decisiones y en nuestros actos estamos implicados. Para dejar a la culpa fuera de juego no queda más remedio que responder por aquello que hacemos, comprometernos y asumir que algo perderemos (no sólo cosas materiales sino también afectos). Tomar las riendas de nosotros mismos y tolerar la ambivalencia en este conflicto es parte de una vida sana: nos ayuda a seguir creciendo, a que nuestras opciones sean tomadas con mayor responsabilidad. Y sobre todo, a poder disfrutar y maravillarnos a pesar de nuestras faltas.

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El poder de delegar

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Cambia la palabra  delegar por compartir

Ay, qué duro eso de combinar trabajo, crianza de las buenos hijos y todo lo que hay que hacer en la vida. El resultado puede ser el agotamiento tanto físico y mental por la falta de tiempo para una misma y por esa sensación continua de no parar. ¿Cómo hacerlo? ¿Cómo conseguir delegar en la pareja o en la familia sin caer en la culpa de la que nos hablaba Ana Kovacs y sin entrar en pánico?

Lo primero es cambiando la palabra delegar por compartir. Delegar significa “dar un poder, una función o una responsabilidad a alguien para que los ejerza en su lugar o para obrar en representación suya”. Si una Malamadre delega en su pareja el cuidado de sus hijos es porque ella se ha apoderado en exclusiva de la responsabilidad de la crianza y, esto de tener hijos, la mayoría de las ocasiones es cosa de dos, si exceptuamos los casos de madres solteras.

Hablar de compartir la crianza en lugar de delegar es otra cuestión. Es hacer las cosas a medias, repartir las tareas, saber cada uno qué función tiene y de qué le toca ocuparse en cada momento Para compartir es necesario saber apoyarse en el otro, confiar en que aquello que haga hará estará bien aunque sea a su forma y no a la tuya.

Una de las múltiples quejas que escucho en mis sesiones de coaching de las malasmadres que acuden a consulta es que las buenasparejas no saben hacerlo tan bien como ellas. El otro día una amiga se quejaba porque el buenpadre se ocupó una mañana de vestir al buenhijo y que los colores con los que los vistió no pegaban nada.

Aquí es importante relativizar cómo lo hace el otro. Cada uno tenemos una manera de hacer las cosas, lo que no significa que estén mejor o peor hechas. Si tu buenapareja hace las cosas de otra manera, ¿quién eres tú para intentar cambiar cómo lo hace? Lo importante es el trabajo compartido y la crítica en ocasiones desemboca en la desidia de la otra persona.

Seguro que en más de una ocasión te ha pasado que cuando has hecho algo con cariño y te han criticado, a la próxima vez has intentado no hacerlo o lo has hecho con desgana. Los seres humanos para implicarnos en algo necesitamos sentir que aportamos algo y que nuestra labor sea reconocida, así que si quieres que la crianza sea compartida alaba lo que los otros hacen bien, ya sea la buenapareja o los buenosabuelos cuando se quedan con los niños.

Valorarlo te dará a ti tranquilidad y confianza y a las otras personas implicadas en la crianza de tus buenoshijos, alegría a la hora de estar con ellos y de responsabilizarse de determinadas situaciones.

¿Cómo te llevas tú con eso de compartir la crianza? ¿Confías en la buenapareja y en la familia para que se hagan cargo de los buenoshijos o sostienes tú toda la responsabilidad? ¿Cuál es el coste que para ti tiene tanta responsabilidad?

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24 Comentarios
  • Maika alvarez

    6 Marzo, 2018 a 8:29 am Responder

    El problema es que ni el resto de la familia ni el buenpadre se han criado pensando que son corresponsables sino solo “que son muy buenos porque nos ayudan”.Cada vez que oigo la palabra esa de ayudar me pongo enferma.El machismo pervive en suegras y madres no lo dudeis.

    • Alejandra

      6 Marzo, 2018 a 11:26 am Responder

      Totalmente de acuerdo con esto.

      La única manera de cambiarlo es empezar a delegar a esos buenospadres que no se han criado en la corresponsabilidad, y dar ejemplo para que nuestros buenoshijos vivan en un entorno donde sea normal que los dos colaboren en las tareas de la casa. Así quizás, la próxima generación habrá tenido un ejemplo a seguir donde es normal que ambos sean corresponsables.

      Se que no es ideal, y que a nosotras en esta generación, nos toque oír eso de que “nos ayudan” (y que nos hierva la sangre, y nos den ganas de responder que nosotras “ayudamos” con el 50% de los ingresos y nadie nos lo alaba!).
      Es una solución a largo plazo, pero en mi opinión es la única manera!

    • Leonor Cabrera Torrado

      6 Marzo, 2018 a 11:30 am Responder

      Hola, Maika. Quizás las primeras a las que nos toca cambiar esa palabra es a nosotras mismas e inculcar el cambio a suegras y madres, como tú dices. Un besazo.

    • Guadalupe Tapia Navas

      6 Marzo, 2018 a 1:30 pm Responder

      Totalmente de acuerdo pq mi experiencia está siendo así.

  • Yaiza Bon

    6 Marzo, 2018 a 8:39 am Responder

    Lo que me asombra más no es la manera que tenemos de hacer las cosas mamás y papás, sino la iniciativa. Porque cuando el buenpadre se sienta a tocar la guitarra mientras yo hago tres cosas a la vez, algo está fallando. Y seguro que muchas habrán pensado, ¿qué pasa si Paro?? No hace falta seguir explicando.

    • PA

      6 Marzo, 2018 a 10:19 am Responder

      Totalmente de acuerdo, y lo que falla es la corresponsabilidad. Lo que hace el buenpadre es premiarse (aunque yo lo llamo escaquearse), porque ya ha copado su “cuota de ayuda” y ya tiene su conciencia tranquila y los ojos aprobadores de la sociedad conseguidos. Es educacional. Y nosotras tenemos el arma para cambiarlo en nuestros hijos, afeando esa conducta, educando en una verdadera corresponsabilidad y la igualdad de oportunidades.

    • Ana Kovacs

      6 Marzo, 2018 a 3:48 pm Responder

      Por qué no sentarnos nosotras de vez en cuando también “a tocar la guitarra”? Y así las tres cosas podrían recaer en dos y no en uno 😉 Gracias por tu aporte!

  • Anya

    6 Marzo, 2018 a 8:46 am Responder

    Mi pareja es cocinero y por horarios no está pero cuando está reconozco que hago más que delegar para poder estudiar, gracias por el post

  • María Encina

    6 Marzo, 2018 a 9:43 am Responder

    Me ha costado mucho empezar a “compartir” por eso se pensar que yo lo hacía mejor pero en cuanto he comprendido que son formas diferentes y que me da igual que tarde dos horas en limpiar el baño en vez de 15 minutos todo fluye mucho mejor.
    Ah! Y ha no permito que ni suegra ni nadie me diga eso de “que suerte tienes que te ayuda” no me ayuda. Tambien es su casa y tambien son sus hijos así que es igual de responsable que yo de todo.

  • laura sanchez

    6 Marzo, 2018 a 9:51 am Responder

    No quiero polemizar, pero todas hemos aplaudido en algún momento a ese pediatra tan famoso, que fomenta el colecho y el pecho hasta los 5 años, que tiene titulares como estos: “El niño que se queda con la madre es más feliz” y con el padre no? que si” somos animales y la cría siempre tiene que estar con la madre? poniendo en un pedestal a personas con esos comentarios así nos va….Nos echamos encima la crianza, el trabajo, la casa, y todo! como no vamos a llegar al limite? como no vamos a desear salir a malamadrear! Como no vamos a quejarnos! somos una generación explotada en todos los sentidos

    • PA

      6 Marzo, 2018 a 10:28 am Responder

      Totalmente de acuerdo. La presión social sobre la mujer es mayor que sobre el hombre, porque seguimos soportando sobre nuestras espaldas el tradicional rol femenimo y nos han impuesto el tradicional rol masculino (de trabajo fuera de casa) sin adaptación a nuestra realidad. Continuo con la polémica entonces. Una madre que lo que le pide el cuerpo es quedarse en casa cuidando de sus churumbeles es tan feminista como una que está deseando volver a trabajar pasada la cuarentena. El problema de la sociedad es que afea las dos situaciones, una por “Mira, que no quiere trabajar fuera de casa, con lo que ha costado que la mujer salga” y la otra “por desnaturalizada”. Igualdad de oportunidades es poder decidir, que quieres hacer en cada momento. Yo revindico que la igualdad de oportunidades tiene que tener en cuenta que, hombre y mujer, somos distintos, físicamente, hormonalmente y hasta que las cosas cambien, incluso educacionalmente y se deben establecer las ayudas técnicas y las adaptaciones necesarias para que ambos podamos decidir en total libertad (que ahora no hay) cual es nuestro proyecto vital.

    • Leonor Cabrera Torrado

      6 Marzo, 2018 a 11:46 am Responder

      A ver: en estoy de compartir hay un dato objetivo. Quien tiene al hijo, quien lo pare, es la madre. Eso, por ejemplo, es algo objetivo y todo lo que ello implica. Ya cada una elige cómo realizar la crianza y si está de acuerdo con esas recomendaciones o no. Formas de crianza hay tantas como mujeres. Saludos.

      Leonor

  • Rosa Rama

    6 Marzo, 2018 a 10:31 am Responder

    Todavía queda mucho por andar, pero estamos en ello. Es cierto que el machismo pervive en suegras y madres (las mias las primeras), pero no vamos a crucificarlas por eso. Ellas se han criado en una sociedad donde la mujer estaba relegada a las tareas del hogar y además poco reconocidas; donde su opinión valía menos que nada; donde incluso salir a trabajar fuera de casa estaba mal visto. Eso inculcado día a día a través de todos los estamentos hace mella en cualquiera. Ahora es nuestra responsabilidad como malasmadres intentar que eso cambie, educar a nuestros buenoshijos, y también al buenpadre de que la cosa no funciona así.
    Como malamadre de dos buenoshijos varones, esta es mi meta, que se responsabilicen de compartir su vida con quien esten, en el plano que sea: laboral, en el hogar, en pareja… Aquí no se ayuda a nadie, aquí colaboramos todos para que todos nos sintamos bien, para que podamos disfrutar de más tiempo juntos, para repartir responsabilidades.
    Para esto también es necesario que nosotras aprendamos a mirar para otro lado, que aceptemos que las cosas no se hacen sólo a nuestra manera, y que el tiempo es relativo (lo que para nosotras se hace en dos minutos a ellos les cuesta dos horas).
    Estoy segura que poco a poco entre [email protected] lo conseguiremos.
    #yonorenuncio#RompeElMuro

  • LaCestitadelBebe

    6 Marzo, 2018 a 10:38 am Responder

    Está claro que el machismo pervive, y lo seguirán manteniendo para intentar no dar palo al agua en estas tareas, a ver si con el tiempo y movilizándonos va adquiriendo conciencia la sociedad.

    Anabel

  • Sara - Fincolorado

    6 Marzo, 2018 a 10:40 am Responder

    Cualquier opción es válida, siempre que en la familia todos sientan que se está siendo corresponsable. Tanto la mamá que decide quedarse en casa a criar a sus hijos, como las que no. O la familia que hace un esfuerzo durante un tiempo, mientras los niños son muy chiquititos. Quedarse en casa a cuidar de los niños no quiere decir que tengamos que cargar con todo, los padres pueden hacer MUUUUCHAS cosas en la casa. El famoso pediatra, Carlos González está en un pedestal porque sabe de lo que habla, y al final de lo que habla es de los intereses de las crías, ellos sin duda prefieren estar con mamá los primeros meses, al menos hasta los 8 meses que finaliza la exterogestación, a partir de ahí se quedan encantados también con papá, claro con un papá que quiere estar con ellos y que conecte con ellos, y que se ha preocupado de ESTAR, no uno que tome la tarea como un engorro. Yo en todos estos discursos echo de menos que se tengan en cuenta los derechos e intereses de los bebés, ellos no pueden hablar, pero ya hablan por ellos pediatras como Carlos González, biólogos, antropólogos y psicólogos. Si te sientes explotada, no es Carlos González el que te explota, es tu pareja que no es suficientemente corresponsable, o es el Estado con bajas maternales de 16 semanas que son una auténtica verguenza, para las mamás, los bebés y las familias.

  • laura sanchez

    6 Marzo, 2018 a 11:00 am Responder

    Entiendo lo que dices y respeto tu opinión, pero aparte de sentir ese deseo de estar con tu hijo, algunas no podemos permitirnos quedarnos en casa, . No tiene la culpa ni el marido , ni el bebe, ni por supuesto nosotras, hablo en nombre de mas de una que es la mujer que se echa la casa encima, el trabajo y la crianza. Algunas no tenemos la suerte de poder decidir quedarnos en casa, ojala , solo hay que trabajar y salir adelante como se pueda porque hay que comer, vestirse, pagar un techo, vacunas…, si encima nos metemos en la culpa “porque el niño tiene que estar con su madre hasta los 3 años” apaga y vamonos!

  • Ana Kovacs

    6 Marzo, 2018 a 3:54 pm Responder

    Hola Laura! Sin duda no es fácil equilibrar las necesidades de los bebés y las nuestras como padres (además de la necesidad de trabajar podemos pensar también en el deseo de hacerlo). Ambas cosas son necesarias y cada uno debemos encontrar la manera más adecuada en nuestra propia familia. Es decir, que podríamos contar infinitos modos de estar. Quizás, más que 3, 4 o 5 años el reto y nuestra responsabilidad es estar de la mejor manera que podamos. Si conseguimos este compromiso la culpa puede quedar perfectamente fuera de la ecuación!

  • Ligan Papon

    6 Marzo, 2018 a 4:14 pm Responder

    A mi me pasa que si bien el lenguaje que yo utilizo no es el correcto según el articulo. La intención detrás de mis palabras corresponde a la intención del articulo. Lo hable recién con mi esposa y estamos de acuerdo en muchas cosas de las que hablan aquí.

    Yo le pediría a las mujeres que si me escuchan utilizando mal el lenguaje, que me ayuden a corregirlo y luego a evaluar si las acciones detrás de las palabras concuerdan. Me ha pasado mucho que me critican pro decir algo, pero mis acciones no concuerdan con lo dicho y resulta que es un mal entendimiento del concepto detrás de la palabra, no digo que sea tonto ni nada, pero las mujeres conocen muchos mas colores que los hombres.

    Por eso les pido paciencia para los hombres que tenemos un lenguaje menos evolucionado y nos ayuden a ser mejores. O me fume algo muy bueno?

  • Nadia

    6 Marzo, 2018 a 9:22 pm Responder

    Totalmente de acuerdo en que hay que compartir y dejar hacer cada uno a su manera. Mientras se hace con amor no hay ninguna forma mala de hacerlo. Nos dejamos llevar por la presion social. Al niño bien poco le importa si va combinado o no si lleva un calcetín de pares diferentes…somos nosotros los adultos los que juzgamos eso.
    Compartir si, pero hay que ser conscientes de la realidad y cada uno es bueno en lo que es y no tiene nada de malo. Nosotras somos multitarea y es innato y no nos cuesta y ellos monotarea y es maravilloso porque pueden disfrutar el momento tal cual. Es biología. No podemos pedir a un elefante volar el tiene otras capacidades increíbles. No seamos tan exigentes no pidamos una copia de nosotras.
    Las diferencias son lo mejor que puede haber.

  • Raquel

    9 Marzo, 2018 a 7:50 am Responder

    Esto es una de las soluciones, claro que sí, la irresponsabilidad. Pero que sucede cuando solo una parte quiere esto? Cuando la otra mitad no ve esta necesidad? En este caso es muy difícil y en la lucha pruebas mil estrategias, desde la guerra abierta a las más sutiles estrategias para conseguir avanzar un paso en esta corresponsabilidad tan lejana en algunos casos. Lo que en estos casos suma una carga y tarea adicional a las ya mil cosas que asume y lleva la mujer en su saco. Pero bueno quien dijo miedo? Seguiremos luchando y tratando de educar para q en generaciones futuras este camino sea más llano.

    • Raquel

      9 Marzo, 2018 a 8:41 am Responder

      Acabo de leer una errata en mi primera frase perdonad *irresponsabilidad, quería decir corresponsabilidad. El diccionario y el poco tiempo hacen que estos errores salgan a veces. Disculpadme.

  • Gema Martínez

    9 Marzo, 2018 a 4:24 pm Responder

    Hola, en mi caso nosotros compartimos casi todas las tareas y cuidados de nuestra hija, nos solemos organizar bien e intentamos valorar lo que hace la otra persona y eso ayuda mucho en la convivencia y el día a día. Yo creo que esa es la clave, tener empatia y no juzgar.

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