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¿Por qué no debemos comparar entre hermanos?

¿Por qué no debemos comparar entre hermanos?

He tenido la suerte de no sentir la comparación con mi hermana en casa. Mis padres siempre han cuidado mucho de no compararnos entre nosotras y apreciar las cualidades de cada una. Ese ejercicio de no comparar, aunque a veces sin darnos cuentas estemos a punto de caer en ello, lo he practicado siempre desde la llegada de la buenahija2. Nada de decir que una lo hacer mejor o peor que la otra, no creo que traiga nada bueno para la idea que desde pequeñas se van conformando de ellas mismas. Hoy Alejandra pone el acento en este interesante tema.

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*Podéis seguir a Alejandra en FacebookTwitter y en su BLOG.

Ya sabemos que las comparaciones son odiosas. De hecho, aunque evitamos a toda costa ser comparados, empleamos las comparaciones de manera involuntaria para miles de situaciones cotidianas, sin ser prácticamente conscientes.

Parece que comparándonos podamos llegar a sentirnos mejor que los demás, aunque seamos conscientes de que no somos perfectos o no alcanzamos los objetivos o las metas que nos habíamos propuesto.

Y aún siendo muy conscientes de lo poco que nos gusta que nos comparen, lo hacemos muy a menudo con los que nos rodean e incluso con aquellos que más queremos, nuestros buenoshijos y nuestras buenashijas, siendo una conducta social habitual y recurrente.

Aunque parezca increíble, a pesar de tener muy claro que no nos gusta que nos comparen a nosotros mismos, cuando hablamos de niños y niñas, la situación y la percepción suele cambiar.

En muchas ocasiones, al plantearle a un grupo de adultos si tiende a comparar a los niños de su entorno, incluidos a sus propios hijos o alumnos, la respuesta suele ser afirmativa y no incluye menor sorpresa o asombro por parte de éstos, sino que se admite como algo habitual.

Pero ¿por qué no debemos comparar entre niños o entre buenoshijos?

Hay muchos motivos que cada uno puede defender y argumentar según su manera de educar y percibir, inculcar valores o contemplar el desarrollo global y emocional de sus hijos, pero me gustaría mostraros algunos de los más importantes que deben, al menos, invitarnos a reflexionar:

  • Debemos saber parar y reflexionar antes de expresarnos, es decir, las comparaciones a veces afloran ante una situación de conflicto, de enfado o rabia, donde decimos lo primero que se nos viene a la cabeza, sin haberlo pensado coherentemente, por lo que pararnos, tomar aire y pensar, pueden ayudarnos a seleccionar mejor aquello que vayamos a decir.
  • Las comparaciones tienden a usarse resaltando lo bien que hace alguien algo dentro de un grupo y lo “no tan bien” que lo hace el otro, por lo que al comparar hacemos que uno de los miembros se sienta peor o inferior que el resto.
  • Este sentimiento que generamos en el niño o la niña al querer destacar lo bueno de los demás para que él lo copie o imite, puede hacer que en algunos casos le impulse a querer superarse, o en otros, por el contrario, le hunda aún más o le desmotive por completo, sintiendo que no vale o que no es valorado.
  • Muchos niños se esfuerzan a diario pero no llegan a la misma meta que otros empleando el mismo esfuerzo o incluso más, por lo que comparar el esfuerzo de cada uno y querer que alcancen las mismas metas, es injusto, ya que se debe valorar el camino que realiza cada uno y no tanto la meta o el objetivo final.
  • En la actualidad, seguimos viendo como las empresas demandan perfiles diferentes, creativos, innovadores, pero los padres y los educadores seguimos pidiendo objetivos iguales para todos los niños, según su edad o su madurez, pero sin resaltar la individualidad o las cualidades especificas de cada uno.
  • Los mejores premios y reconocimientos en todos los sectores, tanto profesionales como personales, son entregados a aquellos que se diferencian, se distinguen y son especiales, por lo que ser igual a los demás no tiene por qué ser algo positivo.
  • La diversidad nos enriquece y aporta como sociedad.
  • Hay que trabajar desde pequeños aspectos tan importantes como el autoconcepto, la autoestima, o la asertividad, enseñándole a nuestros buenoshijos que lo más importante es quererse a uno mismo, respetarse y querer y respetar a los demás.
  • Las comparaciones pueden herir emocionalmente a quien las recibe, desmotivándole, haciendo que se sienta infeliz por tener que ser igual que los demás, aún sintiéndose diferente.
  • Si erramos, y realizamos comparaciones entre hermanos, debemos saber pedir perdón y predicar con el ejemplo. Nuestros buenoshijos comprenderán que cuando herimos o nos equivocamos, somos capaces de disculparnos y aprender del error.
  • A nosotros no nos gusta que nos comparen con otros padres o adultos, o ni siquiera con nuestra pareja, sino que nos gusta que valoren nuestras virtudes y traten de ayudarnos a mejorar nuestros puntos débiles, sin cargarnos de culpa y sentimientos negativos. Por esto mismo, deberíamos saber empatizar mejor que nadie con nuestros buenoshijos.
  • Ser ejemplo y el espejo donde se miren, es la mejor enseñanza que podemos transmitirles. Los niños pueden oírnos decir muchas veces lo mismo, pero si nos lo ven hacer, lo repetirán sin duda.
  • La clave es empatizar con nuestros hijos e hijas y saber lo que nos gustaría que nos dijeran a nosotros mismos para mejorar , sin compararnos con los demás.
  • Para educar a nuestros buenoshijos debemos emplear el aliento, la capacidad de superación y el acompañamiento, dejando a un lado aspectos tan contraproducentes como la humillación o la comparación.
  • Alentar y valorar cada esfuerzo, cada momento de aprendizaje y dar menos peso a las conductas que no son tan adecuadas.
  • Ante las comparaciones entre hermanos, pueden aparecer celos, disputas entre iguales, rechazo, falta de aceptación ante la llegada de un hermano, ausencia de muestras de afecto, regresiones en hitos ya afianzados… y todo debido a que la relación creada entre ambos es de rivalidad y no de afecto, respeto, admiración y cariño.
  • Si enseñamos a nuestros buenoshijos que las virtudes de sus hermanos pueden ser sus defectos, podrán sentirse atacados e inferiores y no querer a quienes deben amar por encima de todo. Se debe alimentar y fomentar una relación sana y de afecto entre hermanos, donde los buenos valores estén por encima de todo.
  • Sus hermanos deben ser para ellos una figura esencial a la que poder recurrir el resto de sus vidas, de protección, seguridad y tranquilidad y, no un rival o alguien con quien tener que superarse cada día.

Dice el refrán que quien tiene un amigo tiene un tesoro, pero yo iría mucho más lejos, afirmando que quien tiene un hermano tiene un tesoro, por lo que tratar de no comparar entre buenoshijos, o entre niños y niñas (primos, amigos, compañeros…), es esencial para poder transmitir unos valores y una educación sin estándares cerrados y sin límites concretos, donde podamos contemplar más allá de lo que es nuestra “normalidad”, de nuestra manera de percibir o ver las cosas, contribuyendo a la diversidad, al respeto, a la libertad de opinión y expresión y empatizando cada día más con nuestros buenoshijos, mirando a través de sus ojos, y no sólo de los nuestros.

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2 Comentarios
  • Paula Masip

    28 Marzo, 2018 a 9:51 am Responder

    Me parece muy interesante este post, pero lanzo una pregunta: y qué pasa cuando la buenahija es el ejemplo????? Porque es lo que nos está pasando y yo de pequeña también lo he sido con mis hermanos y me he sentido l bicho raro….no quisiera que esos sentimientos los sintiera la buenahija con sus amigos, ella es hija única…..gracias!!!! 😘

  • Tere

    28 Marzo, 2018 a 2:52 pm Responder

    Yo comparo, pero en el sentido de “mira, si él puede hacerlo, tú también lo puedes conseguir”, cuando se bloquea en que “no puedo, no me sale, yo no sé”. Pero no le digo que los demás sean mejores o más válidos, sino que lo han conseguido porque se han esforzado, lo han trabajado, que tampoco sabían en su día… Como ejemplo de que con esfuerzo y dedicación, se puede llegar, que algunos se tienen que esforzar más que otros, pero que al final, se llega, aunque el camino sea más largo y arduo. Porque lo que me interesa es que sienta que si lo intenta y lo sigue intentando, y lo trabaja, el resultado será que sí puede.

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