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Los ecos agridulces del 8 de marzo

Los ecos agridulces del 8 de marzo

Cerramos marzo y con él parece que los gritos cesen y las calles vuelvan a yacer mudas.

Mi primer 8M crucé la puerta de mi por entonces hogar, pletórica, con el pecho irradiando euforia y afónica perdida, pero con la sensación mayor de escucha que jamás había sentido. Compartí en todas mis redes ese fuego que emanaban mis manos; me sentía tan feliz como llena de rabia. Una rabia bañada en inocencia y tinte pelirrojo. Estaba despertando y las calles me recibían preciosas. Y vosotras, el vosotras que hoy día no descansa y cada marzo aumenta, también. Salir ilesa de toda una existencia entre claroscuros es imposible, pero una vez descubres la salida de emergencia ya no hay vuelta atrás. Y los días que la luz entra sin permiso por la ventana de mi habitación, siempre fueron mi punto débil.

Después de aquel día, las sensaciones fueron evolucionando. Y yo con ellas. La euforia del primero es efímera, volátil, pero la rabia no. La rabia continúa y pesa. Por ello, ahora los ocho de marzo me saben agridulces. Parecemos ser más, pero nos siento menos. Y aún así, me sigo emocionando con la ingenuidad del primer día, aunque incapaz de olvidar la tristeza del día siguiente. Los telediarios no bajan el número de ausencias arrebatadas, la política me sigue sonando hueca, peligrosamente hueca y no sé dónde quedamos, dónde estamos, dónde somos.

Desde el Club, el pasado 8M lanzamos nuestra acción “soyfeministapor” en busca de 10.000 razones por las que ser feminista. No alcanzamos la cifra. Pero sí conseguimos más de 1000 voces alzadas valientes, fuertes y rebosantes de justicia. A veces, el desaliento nos atrapa y necesitamos manos compañeras que nos impulsen. Y nos  devuelvan la inocencia eufórica del primer brillo que fueron tus ojos entre otros tantos que pisaron contigo aquel febril invierno.

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Leyendo la diversidad de razones que logramos recoger, se me erizaba la piel al ver la solidez con la que muchas personas firmaban sus palabras. Y ver entre sílabas cómo nos dolemos y nos duelen. Y cómo la esperanza ahora viste de púrpura. 1114 comentarios. Desde motivos personificados en hijas, madres, tías, abuelas o amigas hasta los nombres propios reflejados en un espejo, pasando por el peso de la sociedad como ser sintiente e hiriente, hasta la ausencia de razones en contra.

Entre todos estos mensajes he leído al amor. Amor propio, amor maternal y bidireccional, amor empático y sororo hacía todas aquellas mujeres que no conoces ni conocerás, amor abstracto hacía la sociedad incluyente e inclusiva, amor perpetuo a la incansable búsqueda de justicia e igualdad.  Cientos de argumentos, todos hablan un mismo idioma y no hablo de la lengua materna en la que han sido escritos, sino del frasco irrompible y contente que versan comunes todos ellos. Hablo de puntos de conexión que convergen en una misma habitación propia, buscando la luz a través de sus ventanas y sabiendo que hoy no es 8 de marzo, pero que la justicia no tiene fecha ni días festivos.

Todos los días son 8M.

Y hoy, mañana y siempre,

nos sobran los motivos.

Y ahora te toca a ti…

Eres feminista por…

Si aun no has dejado la razón por la que eres feminista y luchas cada día, déjala aquí en soyfeministapor.com

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Y vosotras Malasmadres, ¿cómo sentís el feminismo ahora que ya ha pasado el 8M?, ¿con la misma intensidad? Os esperamos en los comentarios.

Han comentado...

  1. Soy feminista por mi y soy feminista por mi hija y por todas las mujeres del mundo, pero también soy feminista por todos los hombres del mundo. Soy feminista porque es lo justo.

  2. Muchos colectivos de mujeres racializadas ( ojo,no inmigrantes necesariamente)no siguieron este día por sentirse olvidadas.Ellas sufren una doble discriminación:ser mujeres y ser negras y/o inmigrantes.Como mujeres blancas deberíamos tenerlo muy en cuenta.Graciad

  3. Soy feminista, por mi hija y por mi hijo, porque quiero que tengas las mismas oportunidades de desarrollarse en todos los ámbitos y de sentir.
    Es cierto que parece que ha desaparecido después del 8 de marzo este sentimiento, pero creo, o quiero creer, que son semillas que se van sembrando, y que cada vez seremos más mujeres y hombres que nos declararemos feministas y lucharemos desde nuestros ámbitos por la igualdad.

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